[El Santo Oficio] Pasolini y el placer de escandalizar

Pier Paolo Pasolini fue asesinado en 1975 muy cerca de Roma; era un personaje incómodo para la derecha pero también para la izquierda de una Italia asolada por los conflictos sociales.
Aún se desconocen las razones del asesinato de Pier Paolo Pasolini.
Aún se desconocen las razones del asesinato de Pier Paolo Pasolini. (Especial)

México

En algún momento de la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini fue asesinado. Han pasado 40 años. El cartujo lo recuerda con estos versos de Las hermosas banderas, traducidos por Guillermo Fernández, también muerto de manera brutal, en 2012: "Elegí mi soledad./ Por un proceso monstruoso/ que quizá podría revelar/ solo un sueño soñado dentro de un sueño...// mientras tanto, estoy solo,/ perdido en el pasado". Es un poema desesperado, en él se habla de la pobreza, los miedos infantiles, la madre, la vejez, la muerte, los amores "de pura sensualidad", esos amores de un rato tan bendecidos por los solitarios de todos los lugares y todos los tiempos.

Lo mataron a golpes en la playa de Ostia, muy cerca de Roma. Todavía se desconocen los motivos para hacerlo y su asesino confeso, 30 años después, negó haber sido el autor del homicidio. El misterio permanece y quizá nunca se resuelva. Pasolini, poeta, narrador, filólogo, crítico literario, analista político, cineasta, era un personaje incómodo para la derecha pero también para la izquierda de una Italia asolada por los conflictos sociales, la corrupción, los escándalos políticos y la violencia mafiosa —como ocurre en el México de hoy—, por eso siempre se ha considerado la posibilidad de su muerte como un crimen político.

En cartas luteranas, reunión de textos, la mayoría artículos para Il Corriere della Sera, Pasolini realiza una aguda crítica de la sociedad italiana de los setenta, se ocupa de las drogas y las nuevas tecnología de las comunicaciones, debate con Moravia y Calvino, desmitifica el espíritu revolucionario de los jóvenes, divulga el "Gennariello", tratado pedagógico "imprescindible para comprender las raíces del conformismo contemporáneo", como se anota en la contraportada del libro, y deja absoluta constancia de su rechazo al poder y sus guardianes.

El legado de Pasolini está en sus libros, algunos de ellos irritantes, pero asimismo en películas como Accattone, El Evangelio según San Mateo, Teorema, El Decamerón, Los cuentos de Canterbury, Las mil y una noches y Saló o los 120 días de Sodoma, la última de una obra excepcional, estrenada el 10 de enero de 1976.

En una entrevista para la radio francesa, realizada 48 horas antes de su muerte y de la cual Fernando Zamora ha traducido un fragmento para el suplemento Laberinto, su interlocutor le pregunta sobre esta película: "Cuando se estrene Saló, ¿cree que volverá a escandalizar?". "Escandalizar es un derecho y ser escandalizado es un placer. Quien rechaza ser escandalizado es un moralista", responde el cineasta. El diálogo continúa de esta manera: "¿Por qué filmó Saló en el secreto?". "Se trabaja bien en el misterio. Además había peligros inmediatos". "¿A qué se refiere?". "A algún moralista que rechaza el placer de ser escandalizado".

¿Sería un moralista el autor de su muerte? Tal vez no, pero sin duda los juicios morales contra él y su obra la propiciaron.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.