Pienso que hacer teatro es una obligación: José Ramón Enríquez

Mi obra poética tiene un “compromiso político y religioso”, acepta.
El escritor, actor y director.
El escritor, actor y director. (Archivo)

México

Como reconocimiento a su trayectoria en el teatro, hoy le será entregada a José Ramón Enríquez la Medalla Bellas Artes. Con 71 años de edad y 50 años de vida profesional, durante la cual ha sido maestro, escritor, actor y director, recibe esta distinción con profundo agradecimiento pero con un poco de agobio porque, dice, implica también mucha responsabilidad.

“Uno piensa que hacer esto es la obligación de uno, no que va a ser reconocido por ello. Siento un enorme agradecimiento porque el teatro es un arte comunitario y a mucha gente le debo seguir en él. Pero también y, quizá más, una enorme responsabilidad de seguir haciendo y de seguir luchando, tanto en el arte como en la vida social, por la transformación de una realidad lamentable en México y en el mundo”.

Esta reacción del dramaturgo, poeta y ensayista, quien también ha incursionado en el periodismo, le es tan natural como haberse dedicado a la poesía y al teatro siendo, afirma, “hijo de una madre católica y padre rojo”.

Añade Enríquez: “Soy hijo de maestros y desde chiquito estaba rodeado de libros. Mi papá, que llegó del exilio republicano español, tenía 45 años cuando yo nací; de alguna manera era padre-abuelo, y mientras los niños jugaban futbol con sus papás yo me divertía con el mío con la poesía. Mis regalos eran, por ejemplo La flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal, mientras mis compañeros leían Superman.

“También fui el típico niño que hacía teatro con sus hermanos en la sala de la casa, así que para mí el tránsito por la poesía y el teatro fue un paso completamente natural. Después de un año de estudiar con los jesuitas y darme cuenta de que ese no era mi camino, entré a la Facultad de Filosofía y Letras y a la Escuela de Arte Teatral del INBA en 1966”.

Enríquez ha escrito, actuado y dirigido más de una veintena de obras de teatro, como Ritual de estío, Héctor y Aquiles, El fuego, Nuestro viaje y Madre Juana. Estéticamente se define como autor de un teatro más poético, “pero desde luego con un compromiso político y religioso”, dice.

Ex militante del Partido Comunista Mexicano, es firme en su convicción de la necesidad de una revolución o, como sostiene el cristianismo, de un hombre nuevo. Sigue creando en su casa en Mérida, y hoy, a las 19:00 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, recibirá la presea.