ENTREVISTA | POR GUSTAVO MONROY/ MILENIO DOMINICAL

Philip F. Bragar Artista Plástico

Llegado de Nueva York a México a mediados de los años cincuenta, este artista plástico se integró a nuestro país hasta lograr que sus grabados y pinturas fueran parte del patrimonio cultural nacional, junto a las obras de Leonora Carrington, Remedios Varo, Vicente Rojo y Roger Von Gunten.

“En la política uno se llena de problemas y enemigos”

México

Cuando el joven Philip Bragar (Nueva York 1925) llegó a México en 1954 tenía 29 años y era veterano de guerra: había servido a su país en la Segunda Guerra Mundial. Venía con la certeza de quedarse; un par de años antes conoció este territorio y fue amor a primera vista. La cercanía con la gente, el trato amable, la luz de México iluminaron su afán de volver.

En ese primer viaje, a lomo de caballo llegó hasta Honduras, ahí el equino enfermó y no pudo continuar aquella aventura; regresó a Estados Unidos en barco por el Pacífico. Los enormes rascacielos de Nueva York se le venían encima atravesando la ciudad. El recuerdo de México pesaba en su mente, quería ser artista. “Un día subí a un camión en Nueva York y bajé en la Ciudad de México. En los siguientes cinco años mi único interés era mi trabajo. Dibujé y pinté horas y horas cada día. Tuve mi primera exhibición en 1960 en esta ciudad, desde entonces he exhibido casi cada año ya sea individual o colectivamente”.

A sus 88 años Philip Bragar es más mexicano que el pulque. Aquí se casó, tuvo un hijo, nietos. En 2008 murió Carlota, su esposa y compañera de vida. Una vida dedicada con pasión al arte, a la creación de una obra extraordinaria y poderosa. Aquellos enormes rascacielos de Nueva York lo han seguido siempre y están obsesivamente presentes en su trabajo. La ciudad, la gente, rostros sonrientes o asombrados, edificios como avenidas que suben y bajan sin fin han sido tema interminable en su obra.

En 1985 presentó una exposición en la Galería Pecanins, que se encontraba en la calle de Hamburgo, en la Zona Rosa. Treinta y siete pinturas todas en blanco y negro. La muestra se llamó Kafka por Bragar. Se incluía también una carpeta de 10 xilografías que ilustraban El Proceso de Franz Kafka. Fue ahí que descubrí su obra y sentí el fuego de esa pasión con la que se entrega a crear un universo personal que solo los grandes artistas son capaces de lograr.

Decidí buscarlo, conocerlo. Una tarde toqué a su puerta y fui recibido cariñosamente por Carlota y Philip. Me mostró sus xilografías, su técnica de impresión a la manera antigua, con cuchara. Yo investigaba en aquella época todo lo relacionado con técnicas de grabado en madera y visitaba con frecuencia el local del Taller de la Gráfica Popular que dirigía Jesús Álvarez Amaya. El taller de Philip se encontraba a unas cuadras de su casa, cerca de avenida Insurgentes, en el último piso de un viejo edificio de la colonia Roma. Ahora su taller está en Santa María la Ribera pero la edad le impide moverse con facilidad y no asiste con la frecuencia que quisiera a pintar.



Uno de esos poemas dice:
Gente alrededor de los edificios,
los edificios alrededor de la gente,
uno es el otro,
el otro es uno,
infinidad de gente
alrededor de los edificios.

Philip Bragar es un artista, un hombre muy querido como Roger Von Gunten, Joy Laville, Vicente Rojo, Remedios Varo.

En 1987 expuso en el Museo de Arte Moderno. Aquí algunas líneas del texto de presentación para dicha muestra escrito por el pintor Roger Von Gunten: “La primera exposición que vi de Bragar me dejó muy inquieto; volví varias veces porque cuando estaba en mi casa me decía: no, no puede ser que sea tan buena como ahora la recuerdo, volvía y ahí estaban estas pinturas salvajes y sin embargo, mesuradas hasta la última pincelada. Mi conmoción ante la obra de Philip Bragar nunca ha disminuido; es de primera importancia y, sobre todo, una gran lección para nosotros los pintores por su absoluta integridad, su vitalidad y presencia inamovible”.

En 1992 presentó su gran exposición Hombre prehispánico/ Hombre contemporáneo en la Sala Justino Fernández del Palacio de Bellas.


En octubre de 1969 inauguraste una exposición individual en la Galería Pecanins. ¿Cómo viviste el ambiente de ese momento? ¿Influyó en tu trabajo?

Sí fue importante, pero nunca entré a la cuestión política, seguí trabajando siempre. Mi interés era mi trabajo, la cosa política era otro mundo y yo no quise entrar, ni aquí ni allá. Entrando en la política uno está entrando en problemas, problemas y enemigos.


Cuando llegaste a México el Taller de la Gráfica Popular estaba muy activo. ¿Conociste a Leopoldo Méndez, a Pablo O'Higinns?

Hubo contacto pero no era miembro, no recuerdo bien pero creo que hice algo de trabajo con ellos No traté a Leopoldo Méndez. A Pablo O Higgins sí lo conocí cuando él era maestro en La Esmeralda, no fue mi maestro pero lo traté. Raúl Anguiano fue mi maestro, lo recuerdo muy bien, fue mi maestro varios años. Yo tuve maestros magníficos, como Santos Balmori. Esos años en La Esmeralda fueron muy buenos. Mi pintor favorito era José Clemente Orozco. No pertenecí a ningún grupo. Yo llegué a La Esmeralda, a la clase de Anguiano, y me quedé ahí como cinco años trabajando hasta que me dieron mis papeles para quedarme en México. Eran tiempos muy buenos, muy interesantes. Muchas cosas estaban pasando. En el resto del mundo se estaba dando a conocer lo que se hacía aquí. Recuerdo a Carlos Orozco Romero.


Antes de llegar a México ¿habías estudiado arte?

Sí, asistí a clases de dibujo.  Conocía el método para aprender a dibujar de Kimon Nicolaides.


¿Ya era conocido ese método aquí?

Sí, un poco. Mis años en La Esmeralda nunca voy a olvidarlos. Estaba en la colonia Guerrero.


Pienso en tu trabajo xilográfico y veo que es una obra muy diferente a lo que se hacía en México en ese momento, tus grabados sobre Kafka tienen una fuerza expresiva enorme y sobre todo son muy personales.

Mi obra ha sido siempre muy personal. Pienso que el trabajo de cada artista debe ser muy personal. Muchas veces no son personales, copiando a los maestros. Cuando yo daba clases enseñé a mis alumnos a hacer su trabajo muy individual. No sirve de nada si todo el mundo hace lo mismo. Muchos maestros quieren esto, que los alumnos no descubran por ellos mismos lo que puedan hacer, quieren que los copien a ellos y eso, seguro no es bueno.


Siempre has tenido en tu obra una personalidad definida, tus temas: la ciudad, el retrato. Exhibías mucho en la Galería Pecanins.

Tuve siempre confianza en lo que estaba haciendo. Hubo un tiempo cuando mucha gente no gustaba de mi obra. Roger Von Gunten fue muy amigo mío y siempre me respaldó, defendió mi obra. Creo que él vino a México antes que yo. Manuel Felguérez también me apoyó. Siempre yo era independiente, trabajando a mi manera. Eso es como yo siento que un artista debe ser. ¿De qué sirve un artista si está copiando a otro artista? La ciudad fue una inspiración para mí. Un artista tiene que descubrir sus propias maneras de trabajar, a veces toma tiempo. De acuerdo a como uno siente en su corazón. Eso es importantísimo. Muchos maestro no saben cómo manejar a sus alumnos, qué quieren. Un maestro dirigirá al alumno a encontrar su propia manera de trabajar. Me gusta mucho enseñar. Se trabaja sin ver el papel, para aprender a ver, y así van a descubrir nuevas composiciones, nuevas maneras de ser, porque siempre uno, mentalmente, en su corazón debe ser muy abierto. Eso es muy importante y no todos los maestros saben esto. O no saben o no quieren saber, no sé.


¿Veías gráfica de los expresionistas alemanes?

No. Mucha gente comparó mi obra con la gráfica alemana, pero no conocí a nadie de este grupo. La cosa fue muy natural, porque como ya dije, siempre trabajé solo. Hice ejercicios para descubrir lo que puedo hacer, es importante esto. Mucha gente no sabe cómo trabajar solos, siempre necesitan un maestro diciéndoles lo que deben hacer sin tener confianza en ellos mismos.


La xilografía era el patito feo de la gráfica, no había mucho mercado para elgrabado en madera. No se exhibía tanto Blanco y negro, eso tú lo trabajaste muy bien.

Siempre trabajé lo que sentí que tenía que hacer. Claro que vender era importante, pero eso es otro mundo. Hay quienes hacen las cosas que tienen que hacer para  vender. Son dos mundos distintos. Si tratan de hacer las dos cosas nunca van a hacer ninguna bien. No puedes hacer varias cosas al mismo tiempo, tienes que concentrarte en una cosa. Escoger una cosa y trabajarla.


Cuando nos conocimos me hablabas mucho de Paul Gauguin. ¿Crees que influyó en ti su obra, su gráfica en madera, su rebeldía, la honestidad de su trabajo?

No sé, es posible. Conscientemente no pensé en esto. Gauguin fue uno de los mejores de su época, pero en su época no lo aceptaron mucho.


¿Conocías la obra de Frans Masereel?

Poco.


¿Por qué pintaste tanta obra en blanco y negro?

¡Muy buena pregunta! A ver si encuentro una buena respuesta. Mira, blanco y negro son los dos extremos y también blanco y negro son muy fuertes, más fuertes que dos o tres colores. Pinto en blanco y negro porque me gusta mucho el blanco y negro. Uno puede mezclar muchos colores y no decir nada si no sabes bien cómo hacerlo y blanco y negro son dos extremos para juntar. Mucha gente cuando hace cosas no sabe porqué lo hace. Uno siente que debe hacerlo pero no sabe explicar porqué.


Me da la impresión de que en tu obra, aparte de mucho empaste material, hay mucho corazón.

En cualquier obra debe haber mucho corazón, es muy importante. Uno debe aprender a trabajar así y no todo el mundo sabe. No todos los maestros saben cómo enseñarlo, muy pocos. La mayoría de los maestros quieren que los alumnos copien lo que ellos hacen. ¿Para qué?, eso no tiene razón. El trabajo siempre está dirigido por nuestro pasado, las experiencias que tuvimos desde que nacimos. Cuando trabajamos no nos damos cuenta de esto pero lo hacemos. No hay otra manera de trabajar. No hay nada nuevo en el arte.


En 2012 expusiste en La Esmeralda, en el Centro de las Artes. Fuiste maestro invitado para trabajar con los jóvenes. ¿Cómo reaccionaron los estudiantes a tu obra?

Al principio fue difícil para ellos, pero con el tiempo, sintiéndola, observándola, les gustó. En general se sorprendieron ante mi manera de enseñar. Unos no pudieron aceptarlo, otros sí.


¿Por qué algunos no lo aceptaron?

Porque era diferente y ellos necesitaban mucha disciplina. La mayoría de los maestros dejan a los estudiantes hacer lo que quieran, pero hay ejercicios muy profundos para ayudar a los alumnos a encontrar lo que quieren y esos hay que practicarlos. Siempre me gustó trabajar con los jóvenes.


Es una pintura muy honesta, sin concesiones. Los jóvenes están siempre buscando la iconografía de moda.

Porque están buscando cómo trabajan otras personas, en vez de encontrar su propia manera de trabajar.


Tu pintura es como electricidad, pareciera que si te acercas demasiado te puede golpear. Hay mucha rebeldía en ella. Pienso que es importante para los jóvenes apreciar este tipo de trabajo.

Sí, es muy importante. No sirve de nada copiar lo que otros hacen.


¿Quisieras seguir pintando?

Quiero pintar pero encuentro difícil llegar a mi estudio, tengo problemas con mis piernas. D