En voz de Townshend

Hay mucho sexo, drogas y rock & roll, pero también bastante amor, experimentación y devoción al papel social del músico. 
Una biografía entrañable.
Una biografía entrañable. (Especial)

Existen muchos Pete Townshend. Es, obvio, el guitarrista exuberante de los Who y un músico que deslumbra desde que ejerce la voz cantante como solista y reluce como letrista inteligente. En Who I Am: Memorias (Malpaso, 2012) detalla su infancia atribulada, su paso por los Who —con sus cimas y simas—, el escandaloso comportamiento del grupo, la pérdida dolorosa del baterista Keith Moon y el bajista John Entwistle, sus relaciones con otros músicos y su tormentosa vida amorosa. Pero también narra sus actividades como editor de libros, pintor, autor literario, cineasta, organizador de conciertos de beneficencia, marinero y hasta como padre de familia (cuando su hiperactividad lo permite). Asegura que su droga preferida es el trabajo y a las pruebas se remite en las más de 500 páginas de una biografía apasionante que, por momentos, parece una gigantesca sesión de terapia.

Hay mucho sexo, drogas y rock & roll, pero también bastante amor, experimentación y devoción al papel social del músico. En el libro explica que "los Who salimos a manifestar el gozo y la rabia de una generación que luchaba por la vida y la libertad. Aquella había sido nuestra tarea. Y con ella cumplimos. Primero lo hicimos con singles pop, luego con exhibiciones más dramáticas y épicas, mediante formatos musicales más amplios que vehiculaban un examen social, psicológico y espiritual para la generación del rocanrol".

Una imagen imborrable en la historia del rock es verlo moviendo la mano derecha como un aspa para luego atacar las cuerdas sin miramientos, movimiento que le provocó severos accidentes. Esa forma de tocar, escribe, la sacó de ver a Keith Richards cuando calentaba tras bambalinas, pero no usaba en escena, aunque con espíritu crítico dice que si, a principios de los sesenta, "hubiera estudiado debidamente y practicado de modo más convencional, me habría convertido en mejor guitarrista, sin tantos aspavientos".

Muy importante fue encontrar la voz personal del grupo pues, como dice Townshend, "debíamos comprometernos como músicos o seríamos incapaces de competir con gente como los Stones, los Beatles y los Kinks. Y también era esencial que consolidáramos nuestro propio sonido". La imagen también es importante y, en su caso, no se trataba de circo. "Yo quería ser serio en lo que hacía y quería que mi trabajo —incluido el destrozo de guitarras en vivo— se viera como parte de un apasionado compromiso con un estilo escénico en evolución".

Los invito a gozar, de primera fuente, la evolución un músico entrañable.