Personajes dependientes

Casa Blanca es un barrio popular en La Habana; ahí vive gente marginada que se dedica a la pesca e intenta sobrevivir por cualquier medio.
El filme crece porque se alimenta de la realidad más inmediata.
El filme crece porque se alimenta de la realidad más inmediata. (Especial)

México

Casa Blanca es un barrio popular en La Habana; ahí vive gente marginada que se dedica a la pesca e intenta sobrevivir por cualquier medio. Inmiscuida en esa comunidad hostil y paupérrima, descubrimos a una familia sui géneris compuesta por Nelsa, una anciana de 80 años, y a su hijo Vladimir, de 37 y con síndrome de Down.

Casa Blanca es un documental que revela desde la primera toma las intenciones de la autora: hacer suyos a los personajes, robárselos y secuestrarlos para exprimirlos —eso sí, con absoluto respeto—, y mostrar la quintaescencia de su carácter, de su manera de ser para transformarlos en una pareja de actores egresados de la raigambre más profunda del método del Actor’s Studio —Lee Strasberg sacudiría la cabeza—, y tocar los filamentos de la dramaturgia documental que se faja por todas partes con los preceptos de la ficción.

La autora polaca no se arredra y acomete con enjundia su narración para convertirla en un delicioso melodrama documental que no intenta denunciar la pobreza ni el barrio marginado ni al comunismo, sino mostrar, en medio de la adversidad, cómo viven dos personajes de una fragilidad que pasma.

¿Qué nos dice Nelsa, que apenas balbucea sus preocupaciones y se mueve con lentitud y parsimonia? ¿Qué nos dice Vladimir con su rostro enfermo que brilla como si fuera el sol en la oscuridad? Nos transmiten su afecto, su dependencia, la necesidad que tienen el uno del otro; no parecen madre e hijo, sino una pareja que aprendió a sustentarse como las hormigas que luchan para sobrevivir las inclemencias de la naturaleza social.

Desde los parámetros más clásicos de la ficción, la autora impele a sus personajes —perdón, a sus héroes— a no ser derrotados; arma la estructura de su documental para que ganen, triunfen y terminemos abrazándolos para darles un beso porque nos han seducido. Estos personajes dependientes uno del otro se nos meten en la sangre, la coagulan, pero después la hacen circular con rabia por el cuerpo. La película crece porque se alimenta de la realidad más inmediata.

Este filme pertenece a esa clase de documentales que hacen historia, que son cine puro, que se yerguen majestuosos, como lo hicieron On the Bowery, de Rogosin, y El desengaño, de Chavarri, que convierten la realidad en única e indivisible para después manipularla solo por quien tenga capacidad de verla, entenderla, fotografiarla y montarla. ¡Parece fácil, pero no lo es!

La película se exhibe en la Cineteca Nacional. Por favor, no se la pierda.

Casa Blanca (Polonia, México y Cuba, 2015), dirigida por Aleksandra Maciuszek. Documental.