Pena ajena

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Spielberg se divirtió ante las cámaras.
Stephen Spielberg. (EFE)

Ciudad de México

Imagino la cara de sorpresa que habrá puesto Porfirio Díaz hace 120 años, cuando recibió en el Castillo de Chapultepec a los enviados de Louis Lumière, el padre del cine, y le mostraron las virtudes de un invento que comenzaba a sorprender al mundo. Hábil como era, tal vez pudo imaginar que esa novedad tecnológica caería pronto en manos de los gringos, que habrían de erigir para su explotación una industria descomunal. Apenas unos cuantos años después nacería Hollywood con todos sus vicios y mañas, que se mantienen hasta ahora.

Veneramos desde entonces todo lo que hacen los gringos con la cámara y no lo que emprenden con mayor energía intelectual los franceses, los daneses o los alemanes, que estuvieron presentes en el parto que dio origen a la expresión cinematográfica.

Hemos vivido más de un centenar de años cautivados por sus historias, sus actores y muchísimos directores que son en realidad unas bestias con muy escasa formación profesional. Claro, como en todo, hay excepciones y muy notables.

Todo esto viene a cuento porque el Sindicato de Directores de Estados Unidos acaba de difundir los resultados de una encuesta entre sus integrantes que pretende hallar las 80 películas mejor dirigidas desde 1936, cuando se fundó el sindicato. A la convocatoria, que celebra los 80 años de existencia del gremio organizado, solo respondieron poco más de dos mil de sus 16 mil afiliados. El resultado es una suerte de radiografía intelectual de los realizadores gringos.

Por supuesto, las listas de este tipo se encuentran siempre sujetas a críticas, pero esta, confeccionada por quienes firman las películas que vemos, resulta más que significativa. No son las cintas elegidas las que llaman la atención, sino las omisiones. Por ejemplo, no hay ninguna película de Griffith, ese loco controvertido que le puso pies y cabeza a Hollywood en los orígenes de su industria fílmica. Debiera figurar en el listado por lo menos El nacimiento de una nación. No están tampoco Bergman, ni Pasolini, ni Dreyer, ni Lang, ni Murnau, ni Lubitsch. Hay en cambio cuatro películas de Hitchcock, cinco de Kubrick y dos de Welles.

Se deja ver la noción comercial que impulsa el trabajo de los realizadores estadunidenses sobre los principios culturales. No se trata de ningún hallazgo sorprendente, solo queda de manifiesto de manera muy clara cómo las raíces históricas del cine les son ajenas a muchos cineastas. Ignoran sin duda que el berlinés Lubitsch le puso cimientos a la comedia estadunidense que dejó ingresos millonarias a la industria hollywoodense. Murnau y Lang llevaron a Estados Unidos el expresionismo alemán, herramienta indispensable para el cine negro, el gótico y el de terror. Sin embargo, ocupan los primeros lugares películas como ET, Forrest Gump, Los imperdonables y El silencio de los inocentes.

Se ve claramente poca cultura y mucha devoción por el negocio que a su vez ha educado a millones. Que pena.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa