Paz, un mentor para el mundo entero: Le Clézio

El autor galo también afirmó que el poeta “podía ver el mundo sin los anteojos que falsifican la vista”.
Para el literato mexicano “nada puede superar la fuerza crítica de la poesía, justo porque es libre y exigente”, dijo el escritor francés.
Para el literato mexicano “nada puede superar la fuerza crítica de la poesía, justo porque es libre y exigente”, dijo el escritor francés. (Jesús Quintanar)

México

Octavio Paz y Jean-Marie Gustave Le Clézio están emparentados por el Premio Nobel de Literatura: el mexicano lo recibió en 1990 y el francés en 2008. Pero, más allá del galardón, ambos sostuvieron conversaciones gracias al interés del francés por México y sus años de estancia en nuestro país.

Con ese pasado a cuestas, Le Clézio recuerda la primera vez que se acercó a la obra de Paz o sus encuentros siempre cálidos, pero también se dice convencido de que si nos importa tanto la aventura de Octavio Paz es porque hemos entendido que “por haber atravesado grandes dificultades y crímenes, que la poesía no es un lujo, sino una absoluta necesidad”.

“La única revolución que acepta Paz es la surrealista por estar tan cerca de la cultura mexicana; no es una escuela literaria más, sino un desafío contra todo lo razonable y contra la autocomplacencia.”

Al dictar la conferencia en la Biblioteca de México José Vasconcelos de La Ciudadela, el escritor francés recordó que, a pesar del afán de Octavio Paz por procurar el espíritu de la libertad o por ser demasiado independiente, se le acusó de contrarrevolucionario, si bien basta leer Vuelta “para darse cuenta de la verdadera audacia del poeta: su respeto a la libertad es también una desconfianza total de los sistemas radicales, cualesquiera que sean”.

“Para Octavio Paz nada puede superar la fuerza crítica de la poesía, justo porque es libre y exigente: la literatura es el más seguro contraveneno para luchar contra las tentativas, cualesquiera que sean, ya conocidas o por venir, de una solución total y masiva a los problemas inherentes a la existencia humana.”

En el llamado Patio de Escritores del recinto, ante la viuda del Premio Nobel en 1990, Marie Jo Paz, y del presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa, Jean-Marie Gustave Le Clézio se dijo convencido de que Octavio Paz no solo era un mentor para México o para él mismo, sino para el mundo entero, “por su percepción del mundo y su originalidad: él podía ver el mundo sin los anteojos que falsifican la vista; lo veía como era, con realidad y, a la vez, con pasión, interés y una emoción muy sincera.”

DE PALABRA LIGERA

El primer encuentro de Le Clézio con la obra de Octavio Paz se dio en la biblioteca privada del poeta José Luis Martínez, “el más auténtico, profuso y audaz”, cuyo lenguaje “tiene esta aristocracia natural del idioma criollo y, a la vez, el ímpetu y la rapidez de la poesía oral indígena”.

“Empezar a leer al poeta fue un encanto comparable a la lectura de los antiguos cantares de los aztecas: una palabra ligera, fluctuante, emocionante, rítmica, llena de magia y de fantasmas, que me introdujo a la versatilidad y a la imaginación del pueblo mexicano.”

El autor de La cuarentena, El africano, La música del hambre y El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido fue presentado por Alberto Ruy Sánchez, quien aseguró que, más allá del Premio Nobel, entre Le Clézio y Octavio Paz hay tres características que los une: el interés de ambos por la supervivencia del mundo antiguo; el reconocimiento de la voz del otro, y su permanente respuesta a los retos de la historia.

A partir de esa perspectiva, Jean-Marie Gustave Le Clézio destacó que la principal preocupación de Paz, a lo largo de su vida, fue la búsqueda de la modernidad, pero en especial explorar el mundo que vivía en él, “contradictorio, mezclado, indígena y español, ranchero y catrín, un mundo de revoluciones y fantasía, de fantasmas y de formas”.

“Y lo hace a cada instante, cuando ocupa puestos oficiales en la India y cuando es un peatón ordinario por las calles de la colonia Roma. No extrae ninguna lección moral, porque no existe verdad universal, y después de haber recorrido el mundo (el de afuera y el de adentro), después de la vuelta, lo único que le queda al poeta es el instante.”

Una mirada acerca de Octavio Paz en la que se conjugó la presencia del lector y, de alguna manera, del admirador; quizá por ello, al final de su charla, Le Clézio le dio las gracias a Octavio Paz, “al poeta y al osado paseante del viaje interior”.

LA RELACIÓN CON MÉXICO

Hace más de 45 años comenzó la vinculación física de Jean-Marie Gustave Le Clézio con México, porque la imaginaria se inició desde sus años infantiles, cuando llegó a sus manos un volumen con una parte de su historia prehispánica.

“México nunca ha sido un país extraño o exótico. Me dieron para una fiesta de Navidad un libro que reproducía los pasajes indígenas de México, en especial el arte de los aztecas y de los mayas; mi segundo encuentro fue durante mi servicio militar: me mandaron primero a Tailandia y luego a México, y cuando llegué tenía la impresión de estar en un lugar que ya conocía”.

Así empezó la aventura mexicana en la vida de Le Clézio, lo que lo llevó a conocer la multiplicidad de la cultura mexicana: todo un universo que “cambió mi punto de vista como ser humano e influyó
en mi manera de escribir”.