ENTREVISTA | POR ROSA ESTHER JUÁREZ

Alberto Ruy Sánchez Escritor y editor

El autor mexicano promueve Una introducción a Octavio Paz, una antología sobre el legado del Premio Nobel mexicano, con quien trabajó de cerca. De eso y más charló, en días pasados, en la Ciudad de México, con los lectores que le acompañaron en la presentación del volumen. Presentamos parte del diálogo.

 


“Paz, el genio que es análisis y creación”

Considera que Paz es un ejemplo de "encontrar la voz propia".
Considera que Paz es un ejemplo de "encontrar la voz propia". (Notimex)

Ciudad de México

Yo que vi de cerca cómo trabajaba Octavio Paz, me di cuenta que el suyo fue un esfuerzo sin medida. A nadie he visto trabajar de esa manera. Además con una curiosidad y pasión tremendas”.

Así describe Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México; 1951) al Nobel mexicano. En la presentación de su libro Una Introducción a Octavio Paz, reeditado por el Fondo de Cultura Económica con motivo del centenario del autor de Tiempo Nublado, Ruy Sánchez explicó: (Me dije) “este libro tiene que ser una antología de la obra de Octavio Paz y tiene que estar ilustrada por los momentos de sus textos, tiene que haber la historia de una búsqueda”. El acto realizado en una de las librerías Gandhi de la Ciudad de México, la mayor parte del tiempo se centró en el diálogo de los lectores con Alberto Ruy Sánchez quien además es editor de la revista Artes de México. Aquí algunas de las preguntas realizadas por sus lectores.

¿Qué es lo que más le ha influido de Octavio Paz?

“Confieso que cuando lo conocí, no lo admiraba tanto. Para mí lo más importante es el tamaño del esfuerzo del genio; que usa los recursos que tiene para hacer lo mejor posible. Y después, que era un apasionado, completamente imprevisible. Octavio tenía un método de tomar distancia. Aceptaba mucho más a quien lo cuestionaba que a la gente que le decía sí a todo. Fue un ejemplo fenomenal, no de ser mejor que los otros, o saber más que los otros, sino de encontrar tu propia voz. Es decir, tener una manera de hacer una obra que es lo mejor que tú puedes hacer, o sea, ser tú. Y ser tú es muy difícil. La mejor influencia, que él nos puede dejar, es una manera de ser tú. De lo que se trata este libro que escribí, es la historia de alguien que hizo una aventura intelectual y personal, por ser él, y lo logró”.

Dicen que cuando todos piensan igual ya nadie está pensando, ¿cuál es la intención en su libro introductorio a Paz?

“El libro no está hecho para que la gente piense igual. Un escritor, novelista o poeta no es importante porque ocupe un lugar en la literatura. Sino porque a ti personalmente te dice algo, Y si a ti, tal autor sea Shakespeare, sea Octavio Paz, no te habla personalmente; no te habla al oído, pues no lo leas. No sólo no pienses diferente, no lo leas. Pensar igual es muy difícil. Tienen que pasar fenómenos

extraños como una religión, o un partido político, subordinar lo que tú eres como persona al principio de una causa. Esta disyuntiva que había, entre ser comprometido a la manera de Sartre, es decir por la causa histórica y obedeciendo al partido; y el compromiso de Camus: yo voy a pensar lo que pienso y siento, independientemente de lo que piensen los demás, incluso en momentos tan radicales como la guerra de Argelia, es fundamental. Octavio Paz es muy cercano a la manera de ser diferente, en eso, hay un elogio a la diversidad”.

¿Qué siente que fluye más en Paz, el ensayo, la poesía, la novela, la filosofía?

“Cuando eres un escritor a fondo, el escribir es un verbo intransitivo. No escribes novela, o escribes ensayo: escribes. No creo que en Paz haya más una cosa que otra. Después viene la parte técnica. El mono gramático es rarísimo: a la vez ensayo, pero a veces uno necesita escribir cosas rarísimas. Piedra de sol es un libro poseído, el ritmo no se detiene, cada frase lleva a la siguiente y a la siguiente y a la siguiente, trescientas y tantas veces. Hay una especie de posesión. Cuando estás escribiendo no existen los géneros”.

¿Cuál fue la relación de Octavio Paz con Las enseñanzas de Don Juan?, ¿hubo trabajos posteriores?

“Carlos Castaneda era un personaje. Nunca se dejó fotografiar, sumamente misterioso, y chistosísismo. Muy inteligente. Octavio lo percibía y lo quería. Era absolutamente lúdica su relación. Lo respetaba pero al mismo tiempo se daba cuenta que había una creación. A Octavio le interesó mucho la investigación de este médico guasón sobre las drogas y el mundo iniciático; había una parte de antropólogo sesentero en Octavio y por eso hizo el prólogo. Después Castaneda siguió con su vida esotérica”.

¿Falta reflexión sobre la relación del poeta con la ciencia?

“Es muy interesante. Entre las últimas conversaciones que tuve con Paz acerca de sus lecturas estaban los libros científicos. Le interesaba mucho la neurología, y desde muy pronto, en los sesenta, en Confluencias, están esos ensayos donde compara al poeta con el científico. Octavio Paz no es nada más el poeta, es el desarrollo de un método, que a la vez es de análisis y de creación, y es lo que lo hace ser actual porque tiene un pensamiento especulativo. Cuando le dieron el Premio Nobel, en 1990, tuve la suerte de estar con él en Suecia. Estuve en la mesa con el Premio Nobel de la Física, (Richard) Taylor quien lo recibió por desarrollar los modelos matemáticos para descubrir la existencia de los quarks. En el discurso de agradecimiento, el físico contó un cuento: se trataba de un personaje que se llamaba quarks y no se dejaba atrapar. Porque el quark en la física es el primer elemento que ya no es ni medible ni pesable, es el primer elemento producto de la especulación. Siempre me interesa preguntarle a la gente que ha hecho grandes descubrimientos, cuál es el paso anterior, porque alguien que inventa algo no lo sacó de la nada, así como Paz, encontró esta manera única de estar en el mundo, de ver el mundo y de decirlo, pero hay pasos intermedios que son los que están contados en este libro. Le pregunté cual fue el paso intermedio y me dijo que era Atanasio Kircher (1601-1680), el científico barroco, jesuita, que cuando veo sus libros son como Alicia en el país de las maravillas, parecen completamente de imaginación. Es delirio puro, y el físico me dice, no, no es delirio puro: es especulación. Lo que Octavio Paz hace, y es criticado en su momento, es algo similar. Y ese mismo año, en 1990, se premió a un poeta que piensa como científico, y un científico que piensa como poeta”.