De Paz se debe aprender a ser revolucionario: Soyinka

El escritor nigeriano forma parte del amplio contingente de creadores de diferentes partes del mundo que vino a México para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de 'La estación violenta'.
 “Fue una expresión integral de la vida mexicana: un poeta que no era de libro de texto, sino para la gente”.
“Fue una expresión integral de la vida mexicana: un poeta que no era de libro de texto, sino para la gente”. (Mónica González)

México

Cuenta Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura 1986, que para poder soportar el tráfico de Lagos, la capital de Nigeria, se acompaña de una pequeña biblioteca en la que está alguna obra de un escritor nigeriano contemporáneo, un volumen de Dereck Walcott y otro de Octavio Paz, "ya armado con esos artículos esenciales, no me importa el tráfico ni me sube la presión sanguínea siempre y cuando tenga a estos acompañantes".

El escritor nigeriano forma parte del amplio contingente de creadores de diferentes partes del mundo que vino a México para conmemorar el centenario del nacimiento del poeta mexicano, a quien conoció en algún encuentro literario en Italia, sin recordar a ciencia cierta el año.

"Paz hizo resonancia en mí, más allá de su calidad poética, porque había una afinidad de temperamento: no sólo era un poeta, sino un hombre de acción y también un servidor público, lo que es bastante inusual en un poeta. Él fue una expresión integral de la vida mexicana: un poeta que no era de libro de texto, sino un poeta para la gente", destacó.

Previo a su participación en el recital de poesía "Poetas del mundo y Octavio Paz", que se desarrolló la tarde y noche del domingo en el Palacio de Bellas Artes, Soyinka reconoció en Octavio Paz a un revolucionario: "Creo que si debemos aprender algo de Paz es a ser revolucionario; él lo era, a pesar de que sus ideas políticas en especial eran controvertidas.

"Sin embargo, el placer de la poesía no está en analizarla ni en convertirla en un instrumento de cambio, de enseñanza, ni en una transformación mental consciente de sí misma: hay que leerlo por el placer de leerlo, no como una intención consciente de enseñanza".

A Wole Soyinka (Abekouta, Nigeria, 1936) no deja de causarle cierta sorpresa que la comunidad cultural de un país le rinda homenaje a un escritor, aunque le pareció positivo, porque en la actualidad hay otra imagen de México. "La gente lee sobre la violencia criminal, acerca de los capos de la droga, de las guerras violentas que, a veces, se difunden hacia las comunidades pacíficas.

"Lo que sí sé es que Paz es un poeta de crucial importancia para México y para América Latina. Nada más al ver la cantidad de traducciones que se han hecho de su obra se demuestra que es un poeta reconocido en la mayor parte del mundo: hacia finales de su vida, él estaba siendo transmitido hacia una sala desde su casa, y a juzgar por el éxtasis con que el público lo estaba escuchando, me pareció que era un poeta universal".

Su relación con la poesía

Dramaturgo, poeta y catedrático universitario, Wole Soyinka es una mezcla de influencias, desde la literatura irlandesa hasta el teatro tradicional africano, teniendo como centro la mitología de su tribu, los yoruba.

Además de su extensa obra dramática, en su bibliografía se encuentran títulos como las memorias de Partirás al amanecer, las novelas Los intérpretes y La estación del caos, y el poemario La madre y el caballero.

"La poesía es la memoria de los pueblos, pero también una manera de enriquecerse de manera creativa. También es un repositorio de la cultura, de lo que la cultura ha enfrentado y una manera con la que la comunidad puede mostrar su identidad y, al mismo tiempo, es la esencia de los pueblos. Al mismo tiempo es una manera de distanciarse de las contradicciones de lo insoportable".

Pese a ello, Soyinka está convencido de que la poesía no tiene que ser una carga sobre el lector ni para el autor, sino una manera de recuperar otras cosas y otras voces, de ahí que al momento de pensar en las múltiples facetas que definieron a Octavio Paz, el nigeriano se quede con el poeta.

Un astronauta frustrado dice que cuando haya alguna oportunidad tratará de vagar por el espacio; Wole Soyinka se muestra preocupado por los ataques contra la educación que se dan en diferentes territorios africanos, donde el libro está visto como un peligro, "pero el mundo estaría inimaginablemente empobrecido si faltaran los libros".

Fiesta de la palabra en honor a un Nobel

La poesía alzó su voz para festejar a uno de sus grandes transformadores: Octavio Paz, a través de un recital que se llevó a cabo en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Luego de un minuto de silencio en memoria de Helena Paz Garro, fallecida la mañana de ayer en la ciudad de Cuernavaca, la poesía de Wole Soyinka, Dereck Walcott, Valerio Magrelli, Lasse Söderberg, Charles Simic, Ida Vitale, Homero Aridjis y Eduardo Lizalde se conjugó con los versos del propio Octavio Paz, porque la idea de la fiesta fue que cada uno de los invitados leyera su propia obra y la de Paz, explicando antes las razones de su elección.

Un verdadero espectáculo, "Poetas del mundo y Octavio Paz", para el cual el escenario de Bellas Artes se armó con una escenografía que apostaba por dotar de cierto aire de intimidad al recital poético: los sonidos y las imágenes de la palabra de un nigeriano abrieron el programa, mientras el mar rugía en la de Walcott.

Ante la viuda del premio Nobel de Literatura 1990, Marie Jo Paz, nos enteramos de todos los matices y tonos de la poesía de Paz y de las múltiples maneras de acercarse a su obra, en una noche que terminó, luego de cerca de dos horas ya respetadas por la lluvia, con la voz del propio Octavio Paz y la lectura de un fragmento de "Piedra de sol".