El fin de la obra

Es casi como un silencio detenido en el tiempo, donde la intimidad entre ese lienzo, ese trozo de metal, o lo que venga de ocasión para crear, ya se ha transformado y cobra vida propia.
El fin de la obra, la reflexión de Sabina Coco.
El fin de la obra, la reflexión de Sabina Coco. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

Hay un momento de satisfacción único, cuando luego de varias horas de concentración que te han llevado a otro sitio, sin escuchar al tiempo, uno da por terminado la obra que está pintando o esculpiendo.

Es casi como un silencio detenido en el tiempo, donde la intimidad entre ese lienzo, ese trozo de metal, o lo que venga de ocasión para crear, ya se ha transformado y cobra vida propia, autonomía.

Los artistas vivimos de la creación, llámese compositor, bailarín o artista visual, y muchas veces eso nos hizo locos, muertos de hambres o hippies.

Es el punto final de libro, el aplauso de la gente cuando cae el telón, es el fin pero también el principio.

Momentos antes y hasta días antes, los artistas visuales, habíamos pasado por un proceso creativo y productivo que muchas veces, como esas cosas que dan intensidad a la vida, resultan entre excitantes y agotadoras, pero ahora mirando la pieza terminada con nuestro sello estético, con nuestra firma al pie, somos libres, es libre.

A nuestro alrededor, como una toma de cine del final de una batalla nos rodea un taller, que en algún momento entro en absoluto caos, hay herramientas, pinceles, cinceles, botes, trapos, decenas de bocetos y pruebas, polvo, olor a solventes y pinturas abiertas… pero en medio de la escena, como símbolo de triunfo, está la obra de arte, a la que entregamos la pasión, concluida.

De a poco recobro la conciencia, escucho los sonidos de la calle, siento el frío del invierno, entro en contacto con el exterior, me visualizo sentada en mi banco alto de trabajo sin poder despegar la mirada de la creatura que acaba de nacer, reconociéndome cansada, libre y feliz.

¿Cuántas oportunidades tienen las personas de crear? realmente de hacer algo completamente propio, único, irrepetible, conectado con el interior y parecido a nosotros.

Las madres son creadoras, para los creyentes Dios es creador, algunos podrán tener experiencias similares con proyectos a los que han dedicado tiempo y energía, pero los artistas vivimos de la creación, llámese compositor, bailarín o artista visual, y muchas veces eso nos hizo locos, muertos de hambres o hippies pero bien adentro nosotros sabemos que no podemos dejar de hacerlo, que somos adictos a las ideas y la materialización de las mismas y eso nos hace profesionales creativos.

Artistas.