Partidas 2014 /I

En este 2014 que se nos va, el teatro ha vivido contrastes profundos.
Rosa María Peraza.
Rosa María Peraza. (Especial)

México

En este 2014 que se nos va, el teatro ha vivido contrastes profundos. Se puede observar, por ejemplo, un avance interesantísimo en la internacionalización de agrupaciones y creadores. Ha sido, sin duda, brutal lo que grupos como Teatro Línea de Sombra, Vaca 35 Teatro, Teatro de Ciertos Habitantes, Los Colochos, Los Guggenheim o Lagartijas Tiradas al Sol han logrado en este año en festivales internacionales. También, de manera individual, la proyección de la dramaturgia mexicana en el extranjero avanza a paso firme y se traducen, publican y estrenan cada vez con más frecuencia a autores de varias generaciones. Si bien no todo es por impulso de las instituciones culturales, sí debemos reconocer la labor de Juan Meliá, Coordinador Nacional de Teatro del INBA, en que sucedan y se abran posibilidades en el extranjero. Otras cosas, como las micro-temporadas en los teatros institucionales y el mapa desordenado de las políticas respecto a su funcionamiento es digno de analizarse más adelante. Hoy quisiera hablar de los varios “mutis” definitivos que personajes entrañables de la escena realizaron en 2014.

Hace muy poco, el miércoles 10 de diciembre, “se me ha muerto como del rayo” Rosa María Peraza en la ciudad de Culiacán, Sinaloa. Poeta y promotora cultural que durante décadas fue parte aguerrida del quehacer del estado, siempre aportando humor e inteligencia. La Peraza, como le gustaba que la llamáramos, fue miembro fundador del Taller de Teatro de la Universidad Autónoma de Sinaloa (TATUAS) que encabezó el dramaturgo Oscar Liera poniendo a esta entidad en el mapa de nuestra República del Teatro a nivel nacional e internacional en la década de los 80 del siglo XX. Fiel seguidora de Liera, siempre fue una defensora de mil y un causas sociales y culturales. Con el TATUAS participó en obras como El gordo, La prisión de la fantasía, El oro de la Revolución Mexicana, Los cuyos, Las juramentaciones y La infamia.

A finales de este septiembre o primeros días de octubre, un gigante de la escena murió en la más atronadora y lamentable soledad, sin seguridad social que lo amparara, en un cuarto de azotea: el actor Ramón Barragán. Personaje infaltable del teatro universitario, trabajó con directores como Juan José Gurrola, Hugo Hiriart, Jesús Coronado, Mauricio Jiménez y, entre otros, Otto Minera. Para hacerlo rabiar le decía yo “Ramoncito” por su baja estatura, pero era un enorme hombre del teatro, pícaro, pirujo, inteligentísimo, culto, amante del buen decir, disciplinado e intransigente con quien no se tomaba el teatro en serio. QEPD.