Partidas 2014 / y II

El año 2014 nos dio la puntilla, en cuanto a tristezas, con la muerte del maestro Vicente Leñero.
Fernando Moguel.
Fernando Moguel. (Especial)

México

En 2014, ya consignado en esta columna, murió el director de escena y formador Raúl Zermeño. Hombre de teatro que también tuvo a su cargo, entre otras cosas, la dirección de la Compañía de la Universidad Veracruzana y del Centro Universitario de Teatro de la UNAM. También en estas páginas hablé de la partida del historiador teatral Luis Reyes de la Maza, quien construyó muchos adobes para la comprensión de la vida de los escenarios del siglo XIX, con más de una decena de libros imprescindibles. Partió también la polémica dramaturga Maruxa Vilalta que, a pesar de haber recibido en 2010 el Premio Nacional de Ciencias y Artes, prácticamente no había vuelto a figurar con brío en los escenarios nacionales. Habrá que pasar revista de la producción de la autora de Esta noche juntos, amándonos tanto y de Nada como el piso 16. Un profesor muy querido en el Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, Lech Hellwig-Górzyinski, dejó en mayo pasado a varias generaciones de teatristas que formó con dedicación.

Fernando Moguel fue el fotógrafo escénico que por vez primera capturó imágenes de una obra mía. Historia que comparto con muchas personas porque el adorado Moguel iba a todos los teatros, desde los foros independientes más pequeños hasta los teatros comerciales, pasando por los institucionales. Podríamos decir que es heredero de Rogelio Cuéllar, quien muchos años se dedicó a consignar la escena mexicana pero Fernando —de la mano de José Jorge Carreón— logró la consolidación de la figura del “fotógrafo escénico” en los medios del teatro y la danza de México. Junto con José Zepeda, su compañero de vida, se animó generosamente a producir algunas obras y fue también editor de la sección de teatro en la revista Tiempo Libre. El archivo de Moguel es monumental y reúne miles y miles de obras de al menos tres décadas. Es una historia visual que debe reunirse y preservarse.

El año 2014 nos dio la puntilla, en cuanto a tristezas, con la muerte del maestro Vicente Leñero. Dramaturgo, guionista, novelista y periodista que formó a varias generaciones de escritores. En cuanto al teatro, fue uno de los últimos “maestros” de taller que una vez por semana reunía bajo su cobijo a escritores de distintas edades y apetitos. Vicente, con mucho, fue el gran experimentador de la segunda mitad del siglo XX en la dramaturgia nacional. Su pasión por las estructuras lo hacía siempre estar investigando. La relectura de algunos de sus textos lo coloca de manera indiscutible, me parece, junto a Harold Pinter.

Muchas ausencias en el teatro.