París retoma su agenda cultural tras los ataques

A la reapertura de la Torre Eiffel siguieron los museos de Louvre, el Gran Palais, el Centro Pompidou y el Nacional de Arte Moderno.
Pasaje de la obra 'La Bayadère', de Rudolf Nureyev.
Pasaje de la obra 'La Bayadère', de Rudolf Nureyev. (Elena Bauer/EFE)

París

La vida cultural parisina retoma su actividad con aprobación del gobierno, con precaución, dificultades y cierta valentía, tras los atentados que el pasado viernes causaron 129 muertos y más de 350 heridos.

Frases como "esperamos que usted y sus allegados estén bien", empatía "con el dolor de familiares y amigos de las víctimas", y recordatorios de que "más que nunca, la cultura debe retomar su curso", preceden invitaciones o aparecen al abrir las páginas web de los centros culturales.

En algunos establecimientos, la información del programa y las suspensiones que siguieron al estado de emergencia decretado el pasado fin de semana aparecen detalladas las nuevas medidas de seguridad que refuerzan el plan Vigipirata, instaurado tras los atentados de enero.

Mientras se recupera el Bataclan, donde el 13 de noviembre fueron asesinadas al menos 89 personas, la sala Zénith, en el distrito 19 de París, vecino y de características similares a los ensangrentados 10 y 11, retomó ayer el rock, soul, jazz y blues con el grupo británico Simply Red. En su web pide paciencia, colaboración y puntualidad a sus más de seis mil espectadores potenciales, que deberán facilitar la ya habitual apertura de pequeños bolsos —los grandes "serán rechazados"—, y ahora también "la palpación". Además, se tiene que llegar cuando se abran las puertas, "no antes".

Varias decenas de vigilantes de seguridad y guías caninos suplementarios añadirán garantías al público, explicaba ayer en el canal BFM TV el director del Zénith, Daniel Colling, porque, decía, "hay que resistir. El tren tiene que seguir circulando".

Parisinos y turistas tendrán que acostumbrarse al nuevo blindaje en materia de seguridad y no solo en las salas de concierto.

La Comédie Française, que ayer abrió al público, por primera vez, la cúpula de su sede histórica, pide llegar 15 minutos antes del espectáculo, y avisa que solo se aceptarán un bolso de mano por persona.

Richelieu, su primer escenario, seguirá rebosando de piezas en alternancia: en estos momentos La casa de Bernarda Alba, de García Lorca, y El misántropo, de Molière —ambas suspendidas el sábado—, La doble inconstancia, de Marivaux, y El padre, de August Strindberg.

En el terreno museístico, del Louvre al Gran Palais, del Centro Pompidou al Museo Nacional de Arte Moderno, pinacotecas y monumentos públicos y privados de París abrieron sus puertas.

También reabrió la Torre Eiffel, que pudo visitarse de nuevo este lunes, iluminada desde ese día con los colores azul, blanco y rojo de la bandera francesa, aunque ayer tuvo que volver a cerrar unas horas sus puertas para afinar sus sistemas de seguridad y vigilancia.

Así, entre espectáculo, exposición y museo, los parisinos, que desde el sábado volvían a llenar las terrazas de la ciudad, incluidas las colindantes a las atacadas por los terroristas, ofrecieron el lunes un momento particularmente emotivo en la Ópera de París.

Fue en su gigantesco escenario de la Bastilla, uno de los primeros en abrir al público después de la tragedia, cuando los asistentes, de pie, cantaron La Marsellesa, antes del ensayo general de La Bayadère, de Rudolf Nureyev.

En el Teatro de Europa el Odeón, el neón rojo de Claude Lévêque, que brillaba sobre el tejado de su sede con la frase The World Is Yours (El mundo es tuyo), seguiría apagado hasta hoy en memoria de las víctimas, por expreso deseo del artista. En la sala principal de este teatro, donde Angélica Liddell suspendió sus representaciones el pasado fin de semana, reanudó ayer la actividad.