Pacto con el Diablo

Algunos de los cuentos de Fonseca presentan remembranzas de sus novelas policíacas y, en cierto sentido, son el eco de un sistema social en descomposición.
"Amalgama". Rubem Fonseca. Ediciones Cal y Arena. México, 2014.
"Amalgama". Rubem Fonseca. Ediciones Cal y Arena. México, 2014. (Especial)

México

Un autor esencial en los 25 años de Cal y Arena es Rubem Fonseca (Minas Gerais, Brasil. 1925), cuya obra se ha ido publicando de manera constante. Esta selección de cuentos ocupa el lugar 21 de los títulos de Fonseca en la editorial mexicana y celebra los 50 años que lleva dedicado a la escritura.

¿Qué tiene de fascinante leer a Fonseca? La frescura y sencillez narrativa que utiliza para describir relatos inquietantes, seductores. Los temas que aborda tienen distintos matices, similar a un caleidoscopio multicolor y, a la vez, homogéneo.

Algunos de los cuentos de Fonseca presentan remembranzas de sus novelas policíacas y, en cierto sentido, son el eco de un sistema social en descomposición: asaltos, crímenes, violencia, miedo, destrucción. Las narraciones reflejan inseguridades y arrebatos que desencadenan en ráfagas de locura y mala suerte. Es un autor que no le interesa excederse en descripciones, mostrar sutilezas o extraviarse en juegos narrativos, sino que recurre al lenguaje directo, corta cartucho para advertirle al lector que lo que viene luego es una descarga dirigida a un punto medular de la conciencia, ese resorte que se estira y se afloja.

Hay quienes han dicho que su obra es resultado de sus obsesiones por los bajos fondos y la lujuria, cuando en realidad lo que hace es ocuparse de una manera sana de concebir la sexualidad. 

Una de las cuestiones significativas del escritor brasileño resulta ser el papel deliberado que en ella desempeña la materia: las emociones se resuelven en apariencias, la psicología es el arte de interpretar gestos.

En este compendio de 34 narraciones habitan personajes hechos de anécdota y detalle físico que, condenados a vivir en el perímetro escueto y primitivo de sus propias emociones, parecen estar destinados a desenmascararse continuamente, a delatar toda la debilidad y torpeza que los vuelve realmente humanos.

El libro, traducido por Delia Juárez G., muestra anécdotas unidas por el dolor, la ira, el fracaso y el amor, con el propósito de exhibir una amalgama de vidas que se construyen y destruyen en un instante. Fonseca publicó su primer libro Los prisioneros en 1963 y, posteriormente, con pocas obras en su haber, se consagró como uno de los más importantes escritores brasileños contemporáneos.

Para Fonseca, como refiere en uno de sus relatos, escribir es “urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume el cuerpo y el alma. La poesía también podría incluirse aquí si los poetas no tuvieran pacto con el diablo”.