Los cuatro entierros de Pablo Neruda

En cuarenta años, los restos del poeta chileno han sido exhumados tres ocasiones por distintos motivos, entre ellos, que las causas de su muerte aún no han sido aclaradas

Este martes, Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971, fue sepultado por cuarta ocasión en Isla Negra, localidad chilena donde el poeta vivió varios años, en el tiempo en que escribió Canto General.  Envuelto en la bandera del país sudamericano, el ataúd fue trasladado en una camioneta del Servicio Médico Legal. El lunes se organizó un homenaje en el Congreso Nacional de Chile y otro más en el puerto de San Antonio.

Si —como dice Xavier Velasco— el sepelio es el fin de la primera persona, entonces la exhumación podría representar una forma de la resucitación. Poeta de lo cotidiano, Pablo Neruda es el protagonista de una historia de resucitaciones.

El 5 de diciembre de 1972 hizo su última aparición pública. Aquella tarde, 50,000 admiradores del poeta se reunieron en el Estadio Nacional de Chile para rendirle el último homenaje que recibiría en vida. Algunos meses más tarde, en septiembre de 1973, la prensa mundial informaba que el poeta chileno había muerto.

El primero de sus funerales ocurrió en el Cementerio General de Santiago, durante los primeros días de la dictadura de Augusto Pinochet. Sus restos habían sido velados durante dos días en La Chascona —la casa en que Neruda vivió con la soprano Matilde Urrutia, su amor secreto, quien se convertiría en su tercera esposa—.  Defensor de las causas sociales, Neruda reunió a un buen número de chilenos que acompañaron la caravana fúnebre en un recorrido de casi tres kilómetros.

La escritora  Adriana Dittborn ofreció la cripta de su familia para albergar al poeta. Sin embargo, una carta fechada en abril de 1974 revela que Marta y Elena Dittborn —hermanas de Adriana— solicitaron a Matilde que retirara los restos de Neruda a la brevedad posible, porque deseaban hacer cambios en la cripta.

El segundo entierro, en mayo de 1974, fue menos glamoroso. No hubo prensa, ni discursos, ni invitados especiales.  Aquella madrugada asistieron apenas unas cuantas personas. El entorno sugería que el funeral no despedía a un Premio Nobel, sino a un desconocido. Su nuevo hogar sería un nicho llamado Módulo México.

En repetidas ocasiones Neruda había manifestado su deseo de ser enterrado “mirando al mar” en Isla Negra, junto a Matilde Urrutia, que había muerto en 1985. Por ello, en 1992 —año en que su compatriota Gonzalo Rojas ganara el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana— los restos de Neruda fueron exhumados por segunda ocasión. La ceremonia merecía una atención particular: el Congreso Nacional organizó un homenaje que presidió el entonces mandatario chileno, Patricio Aylwin. A ese acto fúnebre en Isla Negra acudieron, por lo menos, tres mil personas.

 

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Aunque el informe de su muerte exponía que el poeta padecía cáncer de próstata, no contenía precisiones que delataran que su estado de salud fuera la causa de su deceso. En 2011 Manuel Araya Osorio —asistente del poeta desde noviembre de 1972— declaró a la prensa chilena que Neruda había sido envenenado con una bacteria letal (estafilococo dorado) poco común en el Chile de los setenta. Ante la incógnita, en abril de 2013 el juez Mario Carroza —perseverante investigador del enigma de Neruda— ordenó la tercera exhumación de sus restos, que serían examinados en Chile y en el extranjero. 

Las pruebas científicas que se realizaron en Dinamarca y Canadá determinarán si la bacteria estaba presente en el organismo de Neruda antes de llegar a la Clínica Santa María o si se contagió de ella en ese lugar. 

Hace unos días, Rodolfo Reyes Muñoz —sobrino del poeta—  denunció en una entrevista el “trato despectivo” que los lectores de Neruda reciben de la Fundación Pablo Neruda. Según Reyes, los visitantes deben pagar una cuota sólo por visitar la tumba del poeta. “La figura de Neruda no debería estar ligada a una comercialización, sino a un aporte cultural. Es un derecho mínimo llegar a la tumba sin pagar. El tío se revolcaría en su tumba si supiera lo que hace la fundación”, comentó.

Es probable que este cuarto funeral sea el definitivo. Por lo menos a partir de hoy Neruda podrá ejercer su derecho a revolcarse dentro de su tumba.