Orson Welles: el siglo de un genio

Su talento y temperamento fueron severamente castigados por los magnates del cine, lo que no le impidió legarnos grandes obras cinematográficas, amén de su trabajo en el teatro y la radio.
El director de cintas como 'Ciudadano Kane' y 'El proceso' en París, 1952.
El director de cintas como 'Ciudadano Kane' y 'El proceso' en París, 1952. (Fred Brommet/Collection of the Maria Austria Institute, Ámsterdam)

México

En buena parte de las listas de las mejores películas de la historia del cine aparece Ciudadano Kane, cinta dirigida en 1941 por Orson Welles, cuyo centenario de nacimiento se celebra hoy. "Mi gran aportación a Ciudadano Kane fue la ignorancia; no sabía que hubiera cosas que no se podían hacer", diría sobre una de sus obras maestras.

Tan visionario como pesimista, y poseedor de un gran sentido del humor, Welles dijo en alguna ocasión que pensaba que el cine acabaría por morir. "Miren la energía que se ha ejercido para revivirlo: ayer fue el color, hoy es la tercera dimensión. No le doy más de 40 años. Sean testigos del decaimiento de la conversación. Solo los irlandeses han permanecido conversadores incomparables, tal vez porque el progreso técnico les ha pasado de largo".

Considerado l'enfant terrible de Hollywood, a los 26 años dirigió, escribió, produjo y estelarizó Ciudadano Kane. Olviden, escribe Joel Wicklund, "que esa cinta innovadora y todavía técnicamente asombrosa fue su primer largometraje. Welles ya había apostado su afirmación de genio antes de eso, en el escenario teatral y en las ondas de radio".

Al respecto, Wicklund cita el haber conseguido un papel principal en el Gate Theatre de Dublín cuando tenía 16 años, su imaginativo montaje de Macbeth a los 20 y sus programas radiofónicos innovadores, si bien el que más se recuerda es su adaptación de La guerra de los mundos, de H. G. Wells en 1938 (causó gran consternación porque la gente pensaba que en serio el mundo estaba siendo invadido por marcianos). "Sí, es un Genio, con G mayúscula", asevera el crítico.

Welles, quien aseguraba que "es tan vulgar trabajar para la posteridad como por el dinero", fue tan alabado como criticado durante su vida creativa. Si los críticos y la taquilla no reconocieron la importancia de Ciudadano Kane, sí la historia. Por ejemplo, durante medio siglo ha ocupado el primer lugar como la mejor película de la historia en la respetada revista Sight and Sound.

El genio y el temperamento del cineasta fueron severamente castigados por los magnates del cine, como en el caso de Los magníficos Ambersons, cinta cuyo final fue alterado por los ejecutivos de la compañía RKO. Algo similar sucedió con Sombras del mal, donde el propio Welles encarna a un oficial de policía con métodos poco éticos. El montaje fue alterado y se añadieron algunas escenas. Hace algunos años, en un acto de justicia, la cinta volvió a montarse con las indicaciones del propio director encontradas entre sus papeles.

Además de cintas como La dama de Shanghái, Mr. Arkadin y El proceso —muy personal visión de la novela de Franz Kafka—, Welles llevó al cine el mundo de Shakespeare en Macbeth, Otelo y Campanadas a medianoche. En una entrevista realizada el día que murió, el 10 de octubre de 1985, había dicho: "No soy necesariamente un hombre feliz, pero tengo mis alegrías".

Homenaje en Cataluña

Entre los homenajes que se rendirán al cineasta en el centenario de su nacimiento destaca el que le prodigará la Filmoteca de Cataluña, pues además de una retrospectiva de sus cintas, se presentarán una obra teatral, tres libros, una muestra fotográfica y un simposio internacional. Como invitados de honor se espera a Chris Welles Feder, la hija del cineasta y autora del libro In my Father's Shadow (A la sombra de mi padre), y el actor de Campanadas a medianoche, Keith Baxter.

En entrevista para la agencia EFE, Esteve Riambau, director de la filmoteca, dijo que "Orson Welles era mucho más que un cineasta, por eso se merecía mucho más que una retrospectiva". Además de sus cintas, se proyectarán documentales y películas que recurren al cineasta como figura de ficción, en tanto que la exposición reunirá imágenes que la fotógrafa Colita tomó para la revista Fotogramas durante el rodaje de Campanadas a medianoche, que tuvo lugar en Cardona, en Cataluña.

Autor y director de la obra de teatro Feliç centenari Mr. Welles, Riambau también escribió Las cosas que hemos visto. Welles y Falstaff, que reconstruye el proceso de rodaje de Campanadas a medianoche. Los otros dos libros son reediciones de Mr. Arkadin, controvertida novela del propio cineasta —él mismo decía que no sabía de su existencia hasta que se publicó—, y Conversaciones con Orson Welles, del actor, director de cine y dramaturgo Henry Jaglom, editadas por Peter Biskind.

Un hombre del Renacimiento*

Desde el Renacimiento no había un artista como Orson Welles, de quien se pudiera decir con justicia que era, precisamente, un hombre del Renacimiento. Welles era actor de teatro, director de escena, mago de salón, escritor, adaptador, productor, director de cine, actor de cine y una personalidad única de quien hay que decir que le echaremos de menos hasta el día en que nos reunamos de nuevo en el cielo de celuloide. De otros artistas similares siempre podemos decir "Pero queda su obra". Esto no es cierto en el caso de Orson. (Esa es otra característica wellesiana: siempre, a pesar de su rareza, lo trataremos familiarmente. John Ford o Ford, Howard Hawks, Hitchcock, pero por siempre Orson.) No es cierto que Orson Welles haya dejado una filmografía completa detrás. Con excepción de Ciudadano Kane, siempre tuvimos de él no la obra entera sino fragmentos, pedazos de películas, retazos y en el caso de The Magnificent Ambersons hasta un final que nunca filmó. Con todo, como muchas veces con Orson, los fragmentos componen una obra maestra, mientras las obras de sus muchos contemporáneos se ven a trozos, trizas, atroces. No estaban hechas, evidentemente, para durar.

*Fragmento de Cine o sardina (Alfaguara, 1997), de Guillermo Cabrera Infante.