La música clásica es nuestra única esperanza: Shambadal

El director israelí dice en entrevista con MILENIO que “la música es el partido más fuerte, por lo tanto todos los políticos tienen miedo de los músicos”
El director considera que “es un desafío llegar a una orquesta para crear lentamente el sonido que quieres”.
El director considera que “es un desafío llegar a una orquesta para crear lentamente el sonido que quieres”. (Especial)

Ciudad de México

Todos los días nos topamos con malas noticias. Pero hay cosas que todavía funcionan para recuperar la fe en la humanidad, como poder escuchar una orquesta que revive las partituras de músicos de todas las épocas.

Invitado a dirigir a la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), el director israelí Lior Shambadal coincide en que “la situación en el mundo no es buena. Hay como una especie de colisión entre culturas diferentes, entre siglos distintos, entre gente diversa… Tal vez lo mejor sería si se permitiera a la gente dejar vivir a los otros como quieren, no forzarlos a vivir como ella quiere”.

Shambadal dice en entrevista con MILENIO que “cada religión tiene su música litúrgica, pero la clásica está por encima de ella: es algo que une a toda la gente, es espiritual. Y, temo decirlo, es nuestra única esperanza, porque si la destruyes o evitas que suceda será el fin de la cultura, de la esperanza en el futuro”.

El actual director de la Orquesta Sinfónica de Berlín considera que “el trabajo del director es el de un mensajero. Lleva un mensaje al público, a la orquesta, que dice: ‘Si recibes mi mensaje serás mejor’. Haendel lo dijo de la mejor manera cuando le preguntaron ‘¿por qué escribe música?’. Y respondió: ‘Porque quiero que la gente sea mejor’. Así de simple”.

El conductor nacido en Tel Aviv habla con pasión sobre la Sinfonía núm. 7, de Anton Bruckner, que presentará en la segunda parte del programa que abrirá con el Primer concierto para corno y orquesta en mi bemol opus 11, de Richard Strauss. “Bruckner era muy religioso —era católico—, pero logró algo que ningún otro compositor había logrado: escribió música religiosa, con mucha simbología cristiana, pero que no necesita la palabra. Por supuesto hizo otras piezas con textos —misas, réquiems, etcétera—, pero en esta sinfonía creó que algo que está por encima de la palabra litúrgica”.

Si el director reside tres meses en Berlín y dos en Israel, el resto del año lo pasa alrededor del mundo, tanto de gira con la orquesta que dirige, como con agrupaciones que lo invitan. Asegura que “es un desafío llegar a una orquesta para crear lentamente el sonido que quieres, porque cada director tiene su propio sonido, o debería tenerlo. Se lleva tiempo crear el sonido que uno quiere. En la obra de Bruckner, por ejemplo, lo que trataba de hacer en el ensayo de esta mañana con la OSM es que tenga un sonido no agresivo. Lo espiritual y lo agresivo no funcionan juntos”.

Si algo facilita dirigir una orquesta desconocida, agrega Shambadal, es que “los músicos en todo el mundo tienen un lenguaje común: la música, ya sea en China, en Japón o aquí, dondequiera que estés. La música es el partido más fuerte, por lo tanto todos los políticos tienen miedo de los músicos”.

Discípulo de Witold Lutoslawski cuando estudió composición, recuerda que el compositor era “un hombre muy amable, una persona muy noble. Era el típico aristócrata polaco: siempre vestido con los mejores trajes del mejor sastre de Inglaterra, pero realmente era muy honesto y sincero en sus críticas y sus observaciones. No hablaba mucho, pero te decía: ‘¡Esto no está bien, cámbialo!’. Y yo le preguntaba: ‘¿Qué es lo que no está bien?’. ‘¡Tú tienes que descubrirlo!’, era su respuesta. Pero te daba material para hacer algo”.

Shambadal dirigirá a la OSM en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario hoy y el domingo a las 20:00 y 12:00, respectivamente. Como solista participará Andrew Bain, primer corno de la Filarmónica de Los Ángeles.
 

La belleza del corno

Aunque son pocos los conciertos para corno, Andrew Bain considera que se trata “de un instrumento solista muy bello, que funciona muy bien con la orquesta. Cuando la gente escucha estos conciertos tiende a disfrutarlos porque ve el instrumento en detalle y lo escucha en un contexto diferente. Su belleza radica en que puede crear mucha emoción con las melodías, por eso los compositores de cine lo usan mucho para crear reacciones emocionales”.

Bain indica que Richard Strauss escribió el Primer concierto para corno y orquesta en mi bemol opus 11 para su padre, que tocaba este instrumento. “Strauss sabía cómo funcionaba el corno y cómo hacerlo sonar especial en distintos registros. Este concierto fue escrito en una etapa temprana de su vida, mientras que el segundo lo hizo casi al final de su existencia, por lo que existe un gran contraste entre ambos. En el primero hay mucha influencia de Mozart en cuanto a la escritura, tiene muchas melodías muy hermosas. El corno es un instrumento muy melódico que funciona muy bien en obras muy líricas”.


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