“No entiendo la violencia étnica”

Entrevista con Olga Grjasnowa.
La escritora Olga Grjasnowa.
La escritora Olga Grjasnowa. (Dieter Eikelpoth)

Ciudad de México

A los rusos les gustan los abedules aborda como temas por lo menos cuatro de las principales circunstancias que caracterizan la imagen-país de la actual República Federal Alemana (RFA: las muy diversas tensiones de una gran sociedad multicultural; el doble discurso del orden jurídico alemán respecto a sus inmigrantes; la carencia de nuevos referentes ideológicos para sus ciudadanos jóvenes y las relaciones sentimentales establecidas y desarrolladas a la distancia entre los seres humanos. Además, muestra un trabajo de composición muy preciso, calculado, complejo.

 

¿Cuánto tiempo trabajó en esta novela? ¿Escribió todo el tiempo en alemán o comenzó a escribirla primero en otra lengua? ¿Tuvo que viajar a Azerbaiyán, Israel u otros países para escribir algunos pasajes?

 En total, trabajé en mi novela cerca de tres años. La concebí en alemán. Completé la mayor parte de mi educación en la RFA y si bien el alemán no es mi “lengua materna”, sí es mi primera lengua, la lengua en la que me muevo con mayor seguridad. Habría que preguntarse si es la lengua más hermosa, pero sin duda es la única en la que puedo escribir. La novela no hubiera surgido en ninguna otra lengua.

Sin embargo, esto también es ambivalente. En realidad, pasé mucho tiempo en viajes de investigación; gracias a una beca viajé largamente por Azerbaiyán, Armenia y Georgia. Allí hablé sobre todo en ruso. En ocasiones tuve el impulso de introducir ciertos colores lingüísticos en el alemán. Por desgracia, esto es imposible la mayoría de las veces.



El personaje protagónico y narrador de la novela, Maria Kogan, es intérprete y arabista, y no por casualidad, pues a lo largo de su relato debe confrontar y traducir situaciones muy diversas. Maria (o Masha) es mucho más una antropóloga que una intérprete traductora; alguien que debe actuar y reaccionar de forma apropiada ante diversas culturas. ¿Cuáles fueron los temas que tuvo que investigar más a fondo para la composición de sus personajes y situaciones?

El trastorno de stress postraumático y los antecedentes políticos, sobre todo los del Azerbaiyán durante los tempranos años 1990, fueron los principales territorios temáticos de mi investigación. Siempre me ocupé de los pogromos a los armenios en Bakú en 1991, toda vez que yo también crecí en Bakú y no podía abstraerme de ello. 

Conocí a alguien que había estado en el momento preciso para ver cómo una mujer había sido empujada desde una ventana. Esa historia no me abandonó desde entonces. La historia me la contó, desde cuarenta mil perspectivas, un señor a cuyo hijo le había sucedido. Iba camino de la escuela a casa cuando un cadáver le cayó directamente a los pies. Entonces supe que esa historia me pertenecía. No quise contar una novela histórica. Quise que sucediera en el tiempo presente. Los archivos están cerrados y no lo hubiera conseguido mediante la investigación, por lo que tomé aquella imagen como punto inicial. Pero también sabía que un disparador seguía siendo necesario para que el trauma surgiera de nuevo. De allí la muerte de Elías. Al principio cavilé si la madre de Maria debía morir. La que era entonces mi compañera de departamento era doctora; con ella y sus colegas estuvimos pensando durante tres días. Yo dije: necesito una muerte que suene tan inofensiva como sea posible, sin sobrecargar el aspecto dramático, y así concluimos en que debía ser una muerte producida por una embolia grasa. Después, seguí investigando. Además, varios psicólogos y psicoterapeutas me ayudaron. Leí también mucha literatura médica y visité foros de autoayuda en internet y conversé con personas aquejadas por la enfermedad.   


De los temas que aparecen en su novela hay dos que me preocupan en especial: la violencia y el vacío de los valores. Al parecer algunas de sus personajes, sobre todo Masha, Tal e incluso Daniel entran en o están cerca de un estado crepuscular, como Hermann Broch describió a esa condición crítica en épocas de enorme confusión. Quiero decir: ellos viven en una situación en la que paulatinamente pierden la conciencia y se sumergen en un profundo pesimismo, un pesimismo cultural, incluso. ¿Cuáles son los temas de su novela a los que usted es más sensible?

Con toda seguridad es la violencia por motivos étnicos. No entiendo sus razones y la decisión del individuo para atacar a sus semejantes. Es cierto, todos los personajes de la novela comparten un cierto pesimismo, cuando no incluso el cinismo. No es un libro que vea hacia el futuro con alegría.


Masha se mueve entre dos grupos: los hombres Elias, Sami y Cem y las mujeres su madre, Hanna y Tal. Masha es una joven mujer emancipada pero al mismo tiempo muy dependiente. En los hechos, hasta el último momento necesita vivir acompañada, precisa siempre una cierta forma de apoyo para no sentirse perdida. ¿Está consciente de que su novela deja un mensaje desalentador sobre la soledad del individuo contemporáneo?

En A los rusos les gustan los abedules se trata sobre todo el tema de la amistad, más que el tema del amor. La amistad es lo que mantiene a los personajes juntos y acaso también con vida. En este sentido, diría que no transmite un mensaje desolador ni trata de la soledad de los contemporáneos.



Por otra parte, hay aspectos de la novela que me interesan mucho: el humor, la ironía, el cinismo. El cinismo con que expone al “multiculturalismo” académico y al “compromiso político”, por ejemplo. ¿A usted le sucede lo que a Sami, que en Alemania aún le preguntan si se siente azerí o alemana? ¿Le siguen preguntando acerca de su pasado y presente postmigratorios? ¿Le gustan los abedules?

Por desgracia, soy alérgica a los abedules: padezco una rinitis alérgica muy fuerte. Pero, efectivamente, me preguntan con demasiada frecuencia acerca de mi patria o sobre mi presunta pertenencia a tal o cual país. En ocasiones me preguntan si no planeo regresar a mi país.