El Oficio de las Tinieblas, rito que desaparece lentamente

Aún se realiza en algunas iglesias y representa, a través de cirios y matracas, cuando Jesús fue sepultado tras la crucifixón.

México

El Oficio de las Tinieblas es una celebración que se acostumbraba hacer en Semana Santa, pero en los últimos años se ha perdido esta práctica y solo se sigue haciendo en pocos los templos. Este rito se realizaba al caer la tarde y el templo se iluminaba con la luz de las velas colocadas en el tenebrario.

El sacerdote Omar Sotelo expusó que este oficio  era de preparación a la memoria de la muerte de Cristo y se llegó a celebrar hasta el Concilio Vaticano II. El rito se iniciaba a las 15:00 horas, por ser la hora de la muerte de Jesús.

La historia del Oficio de Tinieblas, dijo, data del  siglo V, y estaba vinculado al canto del Miserere, el cual se realizaba por parte de los fieles y que cesaba cuando el sacerdote encendía una lámpara detrás del altar.

El portal católico Yo Influyo describe cómo se realizaba este rito: se disponía de un candelabro especial (tenebrario), que tenía 15 velas o cirios amarillos que representaban a los 11 apóstoles que permanecieron tras la traición del Iscariote, las tres Marías (Salomé, de Cleofás y Magdalena) y a la virgen María, en la persona de un cirio más destacado que los otros”.

Mientras “las luces del templo, como los cirios, se iban apagando tras el canto de los salmos para que al final quede encendido solo el cirio que más destaca. Al acercarse la muerte del redentor representa como los apóstoles lo fueron abandonando y el templo va quedando en tinieblas, por eso el nombre del oficio”.

Al llegar “al último cirio se canta el Miserere y éste, que se situaba en la parte posterior al altar se oculta simbolizando la entrada de Jesús en la sepultura y la permanencia de la Iglesia en espera de la Luz que surgirá en la Vigilia Pascual”.

Terminado el canto, el clero y los fieles sonaban unas matracas, y su ruido cesaba dramáticamente al aparecer la luz del cirio oculto detrás del altar para simular las convulsiones y trastornos naturales.

“El ruido ensordecedor de las matracas representaba el terremoto y demás signos de la naturaleza que siguieron a la crucifixión según los relatos evangélicos”, se señala en el portal.

 Este oficio presentaba todas las características de las exequias: salmos, antífonas y responsorios fúnebres y de lamentación, sin acompañamientos musicales y con el altar desnudo, las imágenes cubiertas y con una la oscuridad cada vez mayor.

Al finalizar no se impartía la bendición ni había rito de despedida. La oscuridad que poco a poco se iba apoderando del espacio, era símbolo del triunfo de las tinieblas.