Regreso a Octavio Paz

A salto de línea.
Octavio Paz.
Octavio Paz. (Especial)

Ciudad de México

Estuve perdido escribiendo un libro que me llenó de sorpresas. Nunca hubiera querido regresar al tema de Octavio Paz, pero así fue. Un año de homenajes al poeta hizo que releyera algunas de sus obras —La llama doble, Piedra de Sol, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Pasado en claro, Libertad bajo palabra—, poemas sueltos y Los privilegios de la vista, mis preferidos en medio de tanta erudición. Me llené de dudas que no podía responder solo.

Tuve la necesidad de preguntar a especialistas como Roger Bartra, Héctor Aguilar Camín, Teresa del Conde, Víctor Manuel Mendiola, Pura López Colomé, Darío Jaramillo Agudelo, Jorge Aguilar Mora y Tedi López Mills. O releer algunos textos sobre el poeta de Carlos Monsiváis, Yvon Grenier, Fernando Savater, Armando González Torres, Elena Poniatowska, el propio Aguilar Camín, el hermoso poema de José Emilio Pacheco “Cinco guijarros de Mixcoac”, que escribiera en los 80 años de Paz. El caso es que, sin querer, estaba armando un libro, un regreso al poeta en su tierra.

No crean que fue deliberado. La idea original fue de Arturo Saucedo, director de la Fundación Iberoamericana para el Arte y la Cultura, A. C. Me había invitado a realizar un libro sobre el autor de Vislumbres de la India. Estuve renuente más de dos veces —él lo sabe— porque pensé: ¿regresar a Paz después de haber escrito las entrevistas de El poeta en su tierra? Me resistí. Pero me puse a releer al poeta y me convencí de lo mucho que falta por discutir sus ideas.

Así nació el libro que aún no tiene título. La generosidad de los participantes, los permisos de textos para incluirlos en la obra, la entrevista de Ana Cecilia Terrazas que le hiciera a la pintora Marie–José Paz sobre su historia de amor…, en verdad fue increíble cómo pudimos concretar el libro en tan corto tiempo. Aunque ahora que lo pienso, los reporteros somos así: rápidos y muchas veces mal hechos. No en balde las críticas nos llegan a raudales. La ventaja es que aquí los intelectuales hablan y uno simplemente pregunta, los textos de los autores dicen más que lo que podamos decir nosotros. Y el agradecimiento con ellos es infinito porque además los convocados dijeron que sí casi inmediatamente.

La disección que Aguilar Camín hace de El ogro filantrópico es la de un historiador serio que desmantela muchos conceptos del poeta. O Jorge Aguilar Mora, incomprendido en México, que con enorme lucidez analiza la obra de Paz y las vanguardias en el mundo, como pocos lo han hecho en estos homenajes que concluyen este año. Bartra no se queda atrás con su concepción del ajolote. Y así sucesivamente.

Autores que no son incondicionales del poeta. Eso quise para el libro. Autores capaces de decir su verdad, sin restricciones, grupos o intereses. Faltaron más pero éstos fueron los convocados. Existe la necesidad de discutir a Paz. La imperiosa necesidad de hacerlo sin alabanzas gratuitas. Nadie espere complacencias y sí la necesaria guerra civil con la palabra. Para quien lo lea, la sorpresa será positiva.

¡Saldrá hasta diciembre!