Octavio Paz, un poeta para jóvenes: Sheridan

El investigador presenta la segunda parte de su tetralogía dedicada a la vida del Nobel, al que presenta como autor “de la iracundia y de la jocundia”.
“El Paz que aparece en este volumen es uno que se enoja, que mienta madres, que se emputa de una manera brutal”.
“El Paz que aparece en este volumen es uno que se enoja, que mienta madres, que se emputa de una manera brutal”. (Mónica González)

México

Octavio Paz solía decir que su “verdadera vida estaba en su poesía”. Guillermo Sheridan indagó en su vida a partir de su obra, de una poesía “viva y activa”. Así surgió el segundo volumen de su recorrido vital: Habitación con retratos. Ensayos sobre la vida de Octavio Paz (Ediciones Era/DGP-Conaculta, 2015), parte de lo que espera sea una tetralogía;  lo antecedió Poeta con paisaje, y en las primeras semanas de 2016 se publicará Los idilios salvajes.

“No hay que olvidar: Paz vivió periodos cruciales de la historia del siglo XX: fue un preparatoriano en San Ildefonso que vio nacer al México moderno, estuvo en Yucatán con los proyectos cardenistas tratando de inventar la forma de crear un país en comunión social, vivió su marxismo, estudió a Engels a fondo, coqueteó con el anarquismo.

“Estuvo a punto de perderse en la selva de Campeche con los chicleros buscando el lado más oscuro y secreto de México; vivió el hambre, supo el significado de ser un estudiante perseguido, correteado; estuvo en la cárcel, se fue a la Guerra Civil española… Qué más quieren los jóvenes para tener a un personaje interesante: vivió todo lo que los jóvenes de ahora viven con excesiva certidumbre de su libertad”.

A partir de su correspondencia, de entrevistas y testimonios, pero en especial de la obra poética de Paz, Sheridan hace un recorrido cronológico por la vida del poeta, pero sin ofrecer el retrato de un autor elevado, metafísico, filosóficamente complicado, “metido en unos poemas —que también los hizo— de enorme reflexión filosófica, como la naturaleza del ser, la conciencia de la muerte.

“El Paz que aparece en este volumen es uno que se enoja, que mienta madres, que se emputa de una manera brutal, que sabe pelearse, agredir y agredirse. Es un poeta de la iracundia y de la jocundia, de la furia y de la risa, de la celebración sexual, de la fascinación con los lenguajes secretos del cuerpo, del interés en la forma en la que las drogas pueden revelar mundos y cancelarlos. Todo eso no es que lo esté descubriendo, es que ahí está”, explica el catedrático de la UNAM.

Extraño esmero

El recorrido que Sheridan hace por la vida de Paz tiene la esperanza de acompañar la lectura de su obra, llamar la atención sobre pequeños fenómenos que, quizá, habían pasado desapercibidos y pueden ayudar a que la satisfacción sea mayor, hasta alejarse de los lugares comunes.

“Hay un esmero muy extraño por hacer de Paz un personaje acartonado, con dos registros igual de baladíes, de superficiales, pero sin duda es un personaje infinitamente más complejo que eso”.

Para Sheridan, no deja de ser lamentable que aún exista quien excluya “del horizonte de su curiosidad a alguien porque le han dicho que es reaccionario”, cuando Paz fue un poeta especialmente hospitalario con la juventud, al ser él mismo parte de una generación de jóvenes que tuvieron protagonismo social: “Vivió los años cincuenta, los sesenta, los años de la rebeldía juvenil con un enorme fervor, y estaba muy asombrado de lo que los jóvenes estaban atreviéndose a hacer”.

“Alguna vez dijo, después de Tlatelolco: ‘Ojalá que el gobierno mexicano aprendiera de sus jóvenes’. Es un poeta muy para jóvenes, desde luego no solo para ellos, y es una pena que muchos de éstos hayan decidido excluirlo porque los ideólogos les han dicho que es un poeta derechista, reaccionario o no sé qué cosas. Es una pena que suceda, pero qué se puede hacer cuando alguien no puede escoger entre un alimento que lo va a nutrir y un alimento chatarra”.

Ya con los títulos de los primeros tres volúmenes: Poeta con paisaje, Habitación con retratos y Los idilios salvajes, Sheridan espera escribir un cuarto tomo en el que se aborde la última etapa de la poesía de Paz.

Vivir la amistad

Guillermo Sheridan está cierto de que cuando el Estado se apropia de personajes como Octavio Paz, los convierte en “una figura insoportable, en una especie de padre del pueblo, que es intolerable”, mientras que los libros de Enrique Krauze, Christopher Domínguez y Felipe Gálvez son “una manera de proponer no a un padre del pueblo, sino a un camarada, a un correligionario emocional, a un poeta hermano”.

“Las personas necesitamos a los poetas porque son como consejeros, amigos privados muy íntimos, aunque nos los haya uno conocido. No me importa que existan zonas u opiniones más o menos acendradas, de sectores que opinan que Paz es un escritor al que no es necesario acercarse, que no tenía mucho por decir, que lo dijo mal o que era reaccionario… Es una pena, pero no se puede hacer nada contra la estupidez de la gente”.

Al final, escribir biografías o libros sobre estos personajes es una manera de vivir vicariamente la amistad de un poeta, asegura Sheridan.