Para Octavio Paz, poesía era sinónimo de amor: Sheridan

En el tercer volumen de su serie sobre el poeta mexicano, Guillermo Sheridan analiza su correspondencia con Elena Garro y Bona Tibertelli.
Ya prepara la última parte de su obra sobre el Nobel.
Ya prepara la última parte de su obra sobre el Nobel. (Ariana Pérez )

México

En los múltiples registros de la vida y la obra de Octavio Paz hay un tema que lo acompañó desde sus primeros versos y hasta sus últimos días: el amor. Desde muy joven tuvo la certeza, que se fortaleció con los años, de que la poesía es esencialmente un acto de amor.

“Quien dice poesía dice amor, y para él son sinónimos. Desde luego, para Paz la idea del amor es una experiencia que se modifica y se altera, tiene grandes ascensos y tiene terribles caídas. Discute con otros, dialoga con otros pensadores que se interesaron en el problema del amor”, asegura Guillermo Sheridan a propósito de Los idilios salvajes (Ediciones Era, Secretaría de Cultura, 2016), el tercer volumen de la serie Ensayos sobre la vida de Octavio Paz.

Ese diálogo lo llevó a explorar la idea del amor de Sócrates, Aristóteles, san Agustín, Ovidio y Virgilio, pero también leyó desde muy joven a narradores obsesionados con la idea del amor y con entender la sutileza, los dobleces y los misterios de lo amoroso, desde los grandes maestros alemanes hasta Proust o Lawrence, así como el lado más radical de la experiencia amorosa, erótica y sexual con el Marqués de Sade.

Lo anterior, dice Sheridan a MILENIO, “lo condujo no solo a crear una poesía de una enorme tensión amorosa y erótica, en la que a veces lo amoroso, lo erótico y lo sexual se juntan de manera radiante, sino también a reflexionar sobre una experiencia del amor que puede convertirse en una especie de antropología del deseo y de la experiencia amorosa, que a Paz le interesó particularmente en el caso de México.

“Todo esto acusa la creencia profunda de Paz en el sentido

de que la actividad escritural, la de poesía sobre todo, pero también la forma de vivir, de comportarse, de discutir política, de discutir ideas… está arraigado en una noción enormemente tensa y provocativa, una especie de surtidor inacabable, que tiene su centro en la experiencia amorosa”.

Sheridan comparte la idea de que la verdadera vida de Paz está en su escritura, específicamente en su poesía: “La gran verdad son sus poemas, y en ese sentido mi libro es la biografía de esos poemas y del poeta que los está escribiendo, pero a la luz de la verdadera vida… que está en los poemas”.

Las cartas de amor

Sheridan reflexiona acerca de un par de hallazgos que le permitieron abordar la poesía y la vida de un “hombre enormemente intenso”: la correspondencia con Elena Garro y Bona Tibertelli de Pisis, con quien Octavio Paz sostuvo una relación durante 14 años.

“Las primeras cartas le aportan al libro una especie de contrapunto para la elaboración de una primera etapa de su poesía. Permiten acceder a la zona del alma de un poeta superior, en la que, por ser cartas y no poemas, hay una bitácora más personal de la forma en que el amor y sus tensiones, sus vicisitudes y placeres se están tensando, para después revelarse en los poemas.

“Lo mismo sucede con el hallazgo de las cartas a Bona, que son el equivalente al segundo periodo: 14 años en los que el estilo, la expresión, la complejidad de los poemas que giran alrededor de la naturaleza del deseo, del sexo, de la tensión amorosa, adquieren otro talante. Es una historia de amor diferente, aunque quizá las dos mujeres no sean más que dos caras de la misma emoción”, según Sheridan.

El romanticismo

Los idilios salvajes es la tercera parte de la serie Ensayos sobre la vida de Octavio Paz —la primera fue Poeta con paisaje y la segunda Habitación con retratos—, cuyo volumen final será un estudio sobre la última etapa de su poesía, “la que escribió a la luz y a la sombre de su amor vesperal”: Marie-Jose.

Sheridan se refiere a la vinculación de Paz con el amor —“desde, hacia y contra el amor”, escribe—, pero también con su importancia en la construcción de la identidad femenina.

“Paz, que es un poeta en la última versión del romanticismo, que es la poesía surrealista, es un hombre que no separa la experiencia del amor individual de la del amor colectivo, a los otros todos que nosotros somos —como dice en El laberinto de la soledad— y, desde luego, el amor a la acción política”.

Para Sheridan resultaba fundamental acercarse a los grandes poemas de decepción o de tristeza, del infierno emocional que significaron las rupturas amorosas para Paz, pero no tanto por el drama biográfico sino por la forma en que se convierte en escritura poética y “genera registros poéticos, simbologías, lenguajes, ritmos, asociaciones, imaginaciones, que no podrían haber ocurrido de no haber pasado él por esos dramas”.