Octavio Paz es definido como un interlocutor del mundo

La figura de Juan Rulfo, sobre todos su silencio literario, también protagonizó la jornada de la Ciudad de México en la Filba.
Ricardo Cayuela, Francisco Segovia, Christopher Domínguez, Santiago Sylvester y José María Espinasa.
Ricardo Cayuela, Francisco Segovia, Christopher Domínguez, Santiago Sylvester y José María Espinasa. (Especial)

Buenos Aires

Los visitantes comienzan a llegar después del mediodía. La Rural abre sus puertas a partir de las 14 horas y, con ello, comienza la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Filba), en donde la industria editorial y la comunidad literaria mexicanas reciben la curiosidad de los lectores.

Cuando se le pregunta a Oche Califa, director de la Fundación El Libro, organizadora del encuentro editorial, acerca de las expectativas de la presencia de la Ciudad de México como invitada de honor, trae a colación los vínculos históricos, la solidaridad ante el exilio y el conocimiento de autores como Juan Rulfo, Octavio Paz o Carlos Fuentes y, entre esos autores consagrados, se aparece Fabio Morábito.

En el quinto día de actividades de la FILBA, las figuras de Octavio Paz y de Juan Rulfo se convirtieron en las protagonistas de la programación de la Ciudad de México: el primero con una mesa de homenaje a manera de cierre por el centenario de su natalicio, que se celebró a lo largo de 2014; en el segundo con una charla para abordar el por qué de su silencio.

Un clásico

De acuerdo con el poeta argentino Santiago Sylvester, una palabra de sintetizar la obra de Octavio Paz se encuentra en la palabra “fusión”, porque lo que hizo fue hacer una serie de fusiones muy importantes, para construir una obra abarcadora y contemporánea de todo el mundo.

“Un hombre que supo poner un embudo para juntar las aguas de muy distintas procedencias en su trabajo poético. Uno lee cualquier pedazo de Paz y sabe dónde está su estilo, un estilo trasciende el tiempo histórico y cae en el tiempo de la naturaleza.”

Ricardo Cayuela, por su parte, luego de reconocer que una parte del programa de actividades de homenaje a Octavio Paz acabó por construir un “monolito horripilante” de su figura, en especial desde el lado de los políticos, porque nadie lo había leído, “simplemente eran las campanas del poder puestas en un engranaje que ya no se detenía”.

“Paz es uno de los pocos intelectuales mexicanos en convertirse en interlocutor del mundo. México siempre ha sido para el extranjero un caso de estudio y de fascinación, o de repulsión: somos de estudio entomológico. Somos curiosos, somos folclóricos, somos raros, nos estudian con pasión o con dolor y nadie había intervenido en el debate del mundo; no solo intervino, sino también influyó y eso me parece que es su verdadera relevancia: no fue solo alguien que traía el mundo a México, sino alguien que transformaba al mundo con sus ideas”, destacó el también director de Publicaciones de Conaculta.

Mientras Francisco Segovia llamaba a detenerse en la obra poética de Octavio Paz y, en especial, a una tradición que terminaba con el Premio Nobel de Literatura: la del “poeta maestro, que ordena el panorama del mundo”, Christopher Domínguez Michael aseguró que su obra poética aún provoca mucha discusión entre los jóvenes poetas mexicanos, “en cambio la cuestión política de alguna manera quedó saldada”.

Los silencios de Rulfo

Álvaro Enrigue y Miguel Vitagliano sostuvieron una charla en torno a los silencios de Juan Rulfo, una decisión que fue tan radical, “que solo convocando a otros llegamos a imaginarnos las dudas de su silencio: en la promesa siempre postergada de un nuevo libro encontraba su lugar la potencia de la literatura, el convencimiento de que puedes decirlo todo, pero siempre más y mejor de lo que se ha dicho”, en palabras del narrador argentino.

“Borges es el único entre sus contemporáneos en no demostrar asombro porque no hubo libros después de Pedro Páramo, a la que no vacilaba en considerar una de las mejores novelas de la historia de la literatura; para Borges se trataba de una demora fundada en la resistencia a publicar, no a escribir”, enfatizó Vitagliano.

Para Enrigue, hay muchas teorías sobre por qué dejó de escribir Juan Rulfo, pero más bien es un escritor que “sentía que venía de una tradición muy clara y que, después de poner su piedra en esa tradición, dejó que siguiera por sí misma, y si estamos hablando de las fuentes no solo inglesas, sino estadounidenses, de la escritura de Juan Rulfo, pienso también que su hijo mejor terminado no sea un autor mexicano, sino un gringo: Cormac McCarthy, quien supo devolver a la tradición estadounidense lo que Rulfo sacó de allí”.