Nuevo León en los días de sangre y metralla

Del 18 al 24 de abril de 1914, fuerzas carrancistas y constitucionalistas pelearon por el control de la entidad.
Los constitucionalistas eran comandados por el general Pablo González. La mortandad por las batallas fue grande.
Los constitucionalistas eran comandados por el general Pablo González. La mortandad por las batallas fue grande. (Especial)

Monterrey

Tras intentarlo un año antes, las tropas carrancistas y constitucionalistas logran controlar Monterrey en abril de 1914, decretando cambios radicales para la vida diaria de la ciudad y sus habitantes.

Se trata de uno de los episodios más complicados que vivió Nuevo León durante el periodo de la Revolución Mexicana, con enfrentamientos desde la zona del Topo Chico hasta el corazón de Monterrey.

Lo que parecería una estampa de años recientes, con balaceras en las calles y víctimas colgadas a plena luz del día, se vivió también del 18 al 24 de abril de 1914.

Pero estos combates no fueron en cuestión de días, sino que se vivían desde octubre del año anterior, explica el historiador Óscar Flores Torres, sólo que en ese intento por tomar la ciudad ganaron las tropas federales.

“La ciudad se llenó de barricadas, se levantaron torretas de madera con presencia de tiradores y empresas como la Cervecería se dotó de elementos armados para su defensa”, explica el historiador y catedrático de la Universidad de Monterrey sobre el primer intento de tomar la ciudad en 1913.

Las tropas que iban por la toma de Monterrey estaban conformadas por los Constitucionalistas, bajo el mando de Pablo González Garza, y los Carrancistas comandados por Jesús Carranza.

Ambos intentaban tomar la ciudad en octubre de 1913, y casi lo logran, quedándose a unas cuantas calles del Palacio de Gobierno.

Pero es en abril de 1914 cuando las fuerzas revolucionarias se arman de nuevo e intentan tomar Monterrey. Los combates se dan desde la zona del Topo Chico, donde las crónicas indican que hasta Monterrey se oían los cañonazos.

El 23 de abril se da el ataque más fuerte a la capital del estado, con enfrentamientos registrados en la actual zona de Céntrika, por la Cervecería, en la Fundidora, la antigua estación Del Golfo y en el sector del Obispado.

“Los combates se dan por distintas zonas de la ciudad, no sólo por el norte, y es al 24 cuando las tropas federales se retiran de la ciudad. A partir de entonces Monterrey es carrancista”, expone el historiador.

Como resultado hay diversos edificios que son destrozados por el embate de la metralla y los cañonazos. Los prisioneros huertistas son colgados de los postes del servicio telegráfico, mientras que las pilas de muertos fueron incinerados. Una parte de la población huye de la ciudad por temor al nuevo gobierno.

En materia económica, este periodo fue perjudicial para el estado y sus habitantes. Además se decretó que la educación debería ser completamente laica, cerrando así las escuelas religiosas de la ciudad.

Esta situación se extendería hasta enero del año siguiente, con la llegada de los villistas a Monterrey y la posterior expulsión del ejército de Carranza.

Pero en opinión del historiador, son varias las lecciones que deja el paso de la Revolución, enseñanza que toman los obreros de la ciudad, donde había un aproximado de 20 mil.

En especial por el gobierno de Antonio I. Villarreal de 1914 a 1915, cuyo gabinete se compuso por generales socialistas, comunistas y anarquistas. La ideología socialista sería atraída por los obreros, de mejor educación comparados a los del resto del país.

“Me atrevería a decir que la Revolución dejó una gran lección a los obreros. Toman muy en serio la Constitución de 1917, la Junta de Conciliación nace de manera muy temprana aquí tras una exigencia de los trabajadores”, indica.

Y un reflejo de esta influencia socialista en los obreros se traduce en la aparición de los llamados “sindicatos rojos” en las décadas del 30 en empresas como Vidriera y Fundidora.