“Hay una mala impresión de las grandes editoriales”: Nubia Macías

Luego de haber dirigido y consolidado la Feria Internacional del Libro de Guadalajara durante nueve años, la periodista encabeza desde 2013 el Grupo Editorial Planeta.
Nubia Macías
Nubia Macías (Especial)

Ciudad de México

Del 2003 al 2012 Nubia Macías fue directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), y en esos nueve años la feria se afianzó como el mayor mercado editorial del mundo en español. Considerada uno de los 300 líderes más influyentes de México por parte de la revista Líderes Mexicanos, Macías representó a México en el foro Ágora América Latina, organizado por La Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas, FIAAP, que reunió a los líderes más influyentes del continente en el año 2012. Actualmente es la directora del Grupo Planeta para México, Centroamérica y Estados Unidos.

Nubia Macías nació en San José de Gracia, en Jalisco. Fueron 14 hermanos, 10 mujeres y cuatro hombres. Su padre era migrante temporero en Estados Unidos. “Mis padres planearon nuestra principal herencia, la universidad. Enviaron a mis hermanas mayores de internas a Guadalajara. Ellas fueron la punta de lanza para que los más pequeños también migráramos. Estudié la prepa en la Universidad de Guadalajara. Siempre quise ser periodista. Pero para estudiar Ciencias de la Comunicación había que pagar. En mi casa no había dinero. Ya trabajaba en la FIL. El dinero no me daba para pagar otra Universidad. Me decidí por sociología y me topé con Hegel. Luego descubrí a Durkheim, a Weber. Se me abrió un universo”.

 

Seguiste con la idea de estudiar periodismo, pero ¿cómo llegas a España?

Di brinquitos previos. Estudié inglés en Seattle, Washington. Luego fui a Frankfurt a un entrenamiento como gerente de ferias de libros. Estaba muy inquieta. Me sentía analfabeta funcional. Un día le dije a Margarita Sierra, mi jefa, que quería estudiar periodismo. Ella me respondió: “Si quiere estudiar periodismo vaya a El País, que es la verdadera escuela de periodismo y además en español”. Me tocó el coletazo de la “movida” española. Tenía una beca para vivir. En la maestría me seleccionaron para trabajar en El País. Me regresaron a México unos meses. Pero me había enamorado de un gachupín y me regresé con él a España. Estuve casi ocho años. Fui corresponsal del Instituto Mexicano de la Radio y del Grupo Radiocentro México. Era la época en la que casi todos los delincuentes mexicanos de cuello blanco se refugiaban en España. ¿Te acuerdas de El Divino? Hugo Sánchez se estaba retirando del futbol, pero Luís García ya estaba allá. Cubríamos los lanzamientos de libros; transmitía desde la Bolsa de Valores, del Vaticano en los ungimientos de los cardenales mexicanos. Entrevisté a Madonna, a Felipe González, cuando era presidente del gobierno, fascinante. Viví en la época de los ataques contra concejales. La ETA ponía bombas, “coches trampa” en diferentes puntos de la ciudad. Fue muy intenso.

 

¿Por qué decides

regresar a México?

Estaba en la tesitura de regresar o establecerme definitivamente en España. Decidí que lo mío era México. Muchas cosas habían cambiado en mi vida. Mi madre acababa de morir, y una muerte tan tremenda siempre te marca. Vine a reencontrarme con mi familia. Me ofrecieron varios trabajos en la Ciudad de México y Guadalajara. Me di cuenta que no necesitaba los asideros familiares y amorosos para volver a comenzar. Opté por Guadalajara, entré de reportera al periódico Público. Cubrí cultura y sociedad. Venía de Europa, me movía en Roma, Bruselas, Madrid o Paris. Me pareció pan comido. Formamos una pandilla de amigos, parrandeamos, golfeamos e hicimos un periodismo riquísimo.

 

No te imagino de parranda.

Soy muy trabajadora, pero una cosa no está reñida con la otra. Lo tengo de mi padre. Las primeras parrandas me las puse con él. “Mijillas”, decía, “no se duerman, vamos a llevarle serenata a su madre”. Además, Margarita Sierra, mi jefa durante muchos años, era también muy parrandera. Si te rodeas de gente gozosa pues te lanzas.

 

En 2003 te ofrecen la dirección general de la FIL. ¿Cuál fue tu reacción?

Llevaba ya dos años en Guadalajara cuando me invitaron a regresar a la FIL como subdirectora de 2001 a 2002. La tentación mató al gato, volví. En 2003, el presidente del Consejo de Administración me ofreció la dirección. Le dije que no. Habíamos tenido dos años muy duros, de mucho caos, a mí no me gusta el caos. Soy planificada, sistemática. Finalmente, con mucha reticencia, acepté. Sabía lo que quería, desde España había aprendido a ser latinoamericana. No me gustaba que la FIL fuera la segundona del mundo. Siempre la comparaban con Frankfurt y yo decía “quiero ser la primera en nuestro estilo”. Con un equipo maravilloso, nos inventamos ser la Feria más latinoamericana del mundo. La número uno en español, punto.

 

¿Cuáles fueron tus aciertos

y errores?

El trabajo de la FIL fue colectivo. Si me preguntas, ¿qué extraño de Guadalajara?, diría que a los que fueron mis compañeros. Éramos muy ambiciosos, fuimos creciendo de manera colectiva con la FIL. Teníamos dignidad y nuestra palabra. La gente creyó en nosotros. Empezamos a lanzar proyectos estratégicos, que le dieron una fortaleza a la Feria como referente en nuestro idioma para la compra y venta de Derechos de Autor. Esto ha sido clave, el desarrollo puntero. La FIL Guadalajara se ha convertido en el referente del libro para América Latina. España estuvo obligada a venir, porque no le quedaba de otra. Alemania quería venir, Japón, China. Conseguimos que los diferentes niveles en el ámbito del libro, la cultura y sociedad, se la apropiaran. Me gusta crear círculos virtuosos, no me interesan los proyectos sueltos. Armamos talleres para formar a nuestros editores latinoamericanos, para que aprendieran a comprar y vender. Montamos un salón, buscamos a los mejores asesores. Sembramos la semillita, le echamos agua. Invitamos a agentes literarios, que llamábamos los becarios, para que vinieran a reunirse con los editores, y publicar a sus autores en otros idiomas.

 

¿Y los errores?

Muchos..., por novata. El primer año tuvimos una crisis horrorosa. No sé si fue ayudada por externos, siempre me quedaré con esa duda. Había sido muy conflictiva la salida de mi antecesora. Licitamos y contratamos a una empresa de montaje para los stands. La empresa nunca llegó. El tipo se emborrachó, ¿qué pasó? Nunca lo sabré. Fue muy duro el aprendizaje, pero entendí que lo más importante es el trabajo en equipo.

 

¿Por qué te saliste de la FIL?

Nunca le he dado una respuesta a nadie y no estoy lista para darla. Me tenía que ir y ya.

 

En los días de tu renuncia, por marzo de 2013, te ofrecieron la dirección del Grupo Planeta.

¿Cómo te llegó esta oferta?

Tuve una larga conversación con José Calafell, el director para América Latina. Después de tres horas pensé: “Con este señor quiero trabajar”. Agarré mis tiliches, y del aeropuerto me fui a la oficina.

 

¿Qué metas tienes en Planeta?

Ya abrí la oficina de venta de Derechos de Autor para promocionar a todos mis autores en el extranjero. Tengo una gran directora de Comunicación, mi amiga Miriam Vidales. Ella les arma agendas particulares. Es un trabajo amplio, complejo. La dimensión de Planeta abarca Tusquets, Seix Barral, Joaquín Mortiz, Diana, Paidós... En lugar de sentirme limitada o juzgada, porque la gente me ha dicho: “te vendiste”. Una librera en Cartagena de Indias, una señora que conozco me dijo: “Bueno, ahora que te vendiste, ¿qué?”. Me quedé atónica. La gente tiene una mala impresión de las grandes editoriales, como si trabajar ahí fuera malo. Bueno, yo estoy construyendo adentro.

 

¿Cuáles son tus sueños?

Uno tiene amarres emocionales y te limitan. Hay que diferenciar los cariños de las emociones para que no te signifiquen ataduras. Quiero ser una mujer libre, con esa libertad gozosa, sentirla en su totalidad. Sueño con trabajar a favor de la comunidad. Pasar tardes con mis amistades hablando de libros, de cine. Sueño muchas cosas. Cada día hay que ir buscando conseguir tus sueños. ¡Ah!, ya sé que sueño: tener dinero y tiempo suficientes para irme a vivir una temporada completa de ópera a Nueva York.