Novela negra nórdica, el crimen donde “no pasa nada”

Autores como Henning Mankell, Camilla Lackberg y Stieg Larsson están entre los autores más reconocidos del género.
Muestra que una  sociedad más justa no logra contener la miseria humana.
Muestra que una sociedad más justa no logra contener la miseria humana. (Luis Miguel Morales)

México

Según la OCDE, la tasa de homicidios en Suecia es de 0.7 y en Noruega de 0.6, cifras mucho menores que el promedio de la propia organización, que es de 4 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

Aunque en esos países los niveles de inseguridad y violencia son mínimos, Noruega, Suecia y Suiza cuentan con varios de los autores más reconocidos del la literatura negra, como Henning Mankell, Camilla Lackberg y Stieg Larsson.

Apenas hace unos días se lanzó el cuarto volumen de la saga Millennium, Lo que no te mata te hace más fuerte, convertida ya en una serie de culto con más de 80 millones de lectores en todo el mundo, aun cuando en esta ocasión la historia fue encargada a David Lagercrantz.

“Siempre he pensado que el éxito de estos autores se debe, en gran parte, a sus private eyes y, en general, a que gran parte de sus personajes consiguen establecer empatía con los lectores gracias a que no se trata ni de superhombres ni de seres infalibles; al contrario, se trata de hombres llenos de defectos, debilidades y miserias, pero inteligentes y con mucho tesón. Eso los acerca a quien los lee”, asegura Eduardo Antonio Parra, para quien una razón de su éxito radica en el hecho de una doble función aspiracional y compensatoria para los lectores latinoamericanos.

Desde su perspectiva, la literatura negra nórdica, en general europea, es aspiracional porque nos presenta un ámbito social mucho mejor que el nuestro, casi perfecto, sin problemas de hambre ni de miseria, “y compensatoria porque cuando vemos que en el fondo su sociedad está tan podrida de crímenes como la nuestra —aunque sea tan solo en la ficción—, respiramos aliviados al no sentirlos tan alejados de nuestro mundo”.

Podredumbre en la civilización

Desde la perspectiva de Martín Solares, la llegada de novelas nórdicas nos sorprende en América porque durante casi cien años la novela policiaca americana nos había acostumbrado a consumir “el mismo tipo de hamburguesa: una que incluye un detective fuerte, ingenioso e irresistible para las mujeres, que siempre consigue resolver un misterio, aunque deba saltarse todas las reglas que hacen posible una sociedad.

“En el caso de Stieg Larsson, el ingrediente principal es la creación de un personaje que atrae todas nuestras simpatías, y cuya suerte nos importa radicalmente. Aunque pocos lectores sean hackers bienintencionados, tatuados y con una triste historia de abusos a lo largo de su vida, el diseño del personaje es tan poderoso que cualquiera se identifica con las aventuras de Lisbeth Salander”, asegura el autor de Los minutos negros.

Para Ivonne Reyes Chiquete, ganadora del cuarto Premio Nacional de Novela Negra Una Vuelta de Tuerca 2009, el éxito de la novela nórdica se debe a un muy eficiente manejo del suspenso, a la creación de personajes acordes con nuestro tiempo, como la hacker Lisbeth Salander, a su prosa fluida y, sobre todo, a que con la novela negra escandinava estamos presenciando una tercera etapa en la narrativa criminal.

“Si la novela policiaca buscaba la resolución del enigma, la negra denuncia un sistema corrupto que le había fallado al ser humano. Ahora la novela nórdica nos está mostrando que una sociedad civilizada, más justa, con eficientes sistemas de salud y educación, con importantes logros en derechos humanos e igualdad de género, y con bajos índices de criminalidad, no logra contener la miseria humana. ‘La podredumbre está dentro de nosotros por muy civilizados que seamos’, parece decirnos. Sus autores ofrecen una serie de reflexiones al respecto”.

También se ha producido un fenómeno de comercialización, como sucedió con La verdad sobre el caso Harry Quebert, del suizo Jöel Dicker, cuando se hablaba de un autor que transformaría la literatura negra, aunque ya no pasó más.

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Nuestras historias

En las historias latinoamericanas, el crimen a resolver es uno más entre el caos que vivimos, y al ser resuelto, si es que se logra solucionar, el regreso no es a la normalidad, sino al caos establecido en nuestras sociedades subdesarrolladas.

Lo dice Eduardo Antonio Parra, para quien en nuestros países la realidad puede ser opresiva para un escritor de literatura negra “porque no puedes ignorarla ni escapar de ella, por lo que el esfuerzo de la imaginación debe ser mayor si lo que queremos es hacer ficción y no nomás trasladar la realidad al papel.

“La imaginación es libertad, y aquí esa libertad está por lo menos acotada por los sucesos reales, por la corrupción, por el caos social y criminal en que nos desenvolvemos los escritores”, dice el narrador. Quizá por ello la escritura en el género se asume como una suerte de denuncia, de radiografía social, de grito en contra de la situación en que se vive.