Norteado

¿Qué podemos esperar de unos personajes que se la pasan viajando de un lugar a otro, explicando lo que vivieron en el pasado?.
Insegura y banal.
Insegura y banal. (Especial)

México

Mabel, el personaje principal de Carmín tropical, es interesante en cuanto a su facha y comportamiento: no se trata de un travesti sino de un transexual que regresa del norte a Juchitán, a la zona muxe, en Oaxaca, tras la noticia del asesinato de su amiga Daniela. Mabel se reencuentra con amigos y amigas, prácticamente una comunidad homosexual que está en shock por lo sucedido.

El arranque es prometedor: da la sensación de que vamos a ser testigos de revelaciones que van a dejarnos atónitos, sobre todo porque Mabel se vuelve una detective. Pensamos que se trata de un policíaco cuya heroína va a desenredar los hilos de una madeja y entonces nos ponemos alerta, en suspenso.

Sin embargo, nos llevamos una sorpresa: la historia se vuelve reiterativa, el ritmo lento, no avanza y no sucede nada. Empezamos a ver con marcada desilusión que las secuencias se suceden una a otra sin ir a ningún lado; es evidente que lo importante son los paisajes y la plática, la narración está norteada —es decir, extraviada: no sabe a dónde va— pues las expectativas de emoción se deshacen como castillo de naipes al primer soplido. La historia se hace endeble, apenas un brochazo que pinta a personajes y situaciones que van desdibujándose en la medida que añoramos el final de la película, pues la trama se desclocha quedándose en puro planteamiento.

¿Qué podemos esperar de unos personajes que se la pasan viajando de un lugar a otro, explicando lo que vivieron en el pasado? Carmín tropical está más cerca de la radionovela —con todo respeto a la radio— porque incluso se aleja de manera grosera de la televisión, y eso ya es mucho decir.

El autor se pierde desde temprano, no sabe hacia dónde conducir su cuentito; es evidente que solamente encontró un tema para llamar la atención —me parece indignante que el transexualismo indígena en la comunidad oaxaqueña sea visto como una curiosidad, como un espectáculo que se queda en el simple amaneramiento del personaje—, para quedarse en lo superficial, por lo cual  la narrativa se vuelve cansada, aburrida, norteada.

Así como está la película no aporta nada con el hecho de estar contada desde los rincones de Oaxaca; eso implica una vez más —la reiteración se pega, sobre todo cuando vemos una película que borda sobre el encaje— lo norteado del autor, pues la homofobia existe y está latente a la vuelta de cualquier esquina.

Carmín tropical no toma posición seria respecto al tema; es insegura y banal, lo que la convierte en un simple ejercicio de realización de tercer año.


“Carmín tropical” (México, 2014), dirigida por Rigoberto Perezcano, con José Pecina y Luis Alberti.