Alexievich cuenta historias reales que son como películas de terror

En sus libros, la ganadora del Nobel de Literatura da voz a cientos de habitantes de las repúblicas ex soviéticas. El resultado es una obra fuerte, pesimista y compasiva, según expertos.

Ciudad de México

"¡No puede ser! ¿Cómo alguien pudo sobrevivir a eso?". Esa sensación de horror y al mismo tiempo compasión deja en los lectores la obra de Svetlana Alexievich, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015.

Provoca eso, según expertos en literatura y periodistas, porque en sus libros da voz a los protagonistas de las dramáticas historias de la realidad soviética y post soviética.

Un libro de Alexievich "es como película de terror", dijo Tatsiana Syman, especialista en literatura inglesa de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

"Todos los libros son muy fuertes, muy muy fuertes, básicamente porque están basados en los hechos reales que pasó la gente, que destruyeron familias, que mataron gente", dijo en entrevista con Milenio.

Syman es de Bielorrusia, pero tiene 10 años en México. Todavía estaba en su país cuando leyó por primera vez un libro de Alexievich, "La guerra no tiene rostro de mujer". Lo primero que hizo tras leer los relatos de cientos de mujeres que estuvieron en la Segunda Guerra Mundial fue preguntarse "¿cómo puede ser que una persona haya sobrevivido esto".

Señaló que la obra de Alexievich sirvió para romper la burbuja en la que estaban muchos, porque habló de las verdades que vivió la gente en una época en la que las cosas importantes y peligrosas no se revelaban.

Alaksandr Papko, periodista bielorruso de la Radio Polaca, dijo a Milenio que además de sus libros, Alexievich es famosa por su postura cívica. "No es una figura política, pero critica abiertamente el régimen autoritario en Bielorrusia".

"Sus temas son los problemas sociales y políticos de las sociedades post soviéticas, y sus libros una colección de cientos de entrevistas con gente ordinaria que atestiguó la historia".

Papko recomendó leer "Los chicos del zinc", "Voces de Chernóbil" y "Tiempo de segunda mano", no sin antes advertir que no son historias optimistas.

Lazar Fleishman, profesor de Literatura y Lenguas Eslavas de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, destacó que el reconocimiento a la obra de Alexievich recae en la politización y culturización de lo que representó la Unión Soviética y las secuelas que dejó en la población.

Dijo que en sus libros lo más importante "es la representación de las voces silenciadas con un valor humano que genera compasión en el lector".


El primer Nobel de Literatura para una periodista

Julio Patán, periodista y colaborado de MILENIO, dijo que este premio representa "una decisión políticamente correcta de la Academia", que reconoce una narrativa que sólo se conocía a partir de documentales y que "la literatura siempre ha respondido con mucho más vigor al horror del contexto".

"No dudo que la autora bielorrusa retrata desde el periodismo y sobre todo desde la narrativa la debacle soviética y post soviética", dijo Patán. Señaló que el Nobel premió este año una obra que retrata un universo que no conocemos, como el fracaso de la utopía y lo que vino después como Chernóbil.

Tatsiana Syman, de la Facultad de Filosofía de la UNAM, destacó que dar el Nobel de Literatura a una periodista "es un paso muy importante en el enfoque con el que ven los libros que reciben los premios, hablar más de lo que de veras está pasando".

Dijo que la Academia Sueca reconoció una obra que dice "miren, esto es lo que pasó", una obra con un mensaje " más directo, más rápido, a lo mejor la gente puede recibir, aceptar esta información más rápido".

José Alaniz, profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Washington, dijo que el trabajo de Alexievich no es periodismo clásico, sino uno testimonial.

"Cuando habla con las personas de Chernóbil respeta sus voces, no hay realmente una pregunta", señaló. Dijo que la escritora bielorrusa no busca una verdad objetiva sino subjetiva, una visión más espiritual y trascendental de los hechos.

Serguei Oushakine, director del programa en Estudios de Rusia, Europa del Este y Eurasia de la Universidad de Princeton, describe a Alexievich no solo como una voz importante dentro de la literatura de no ficción, sino como una versión textual del cinéma vérité.

"Ella creó un género relativamente nuevo. Sus textos son montajes que pueden ser comparados con la cinemática hecha por directores como Dziga Vertov, cuya composiciones narrativas están dispersas en fragmentos", explicó.

El profesor recomendó leer "The Last Witnesses", un libro donde se recolectan imágenes de los niños de la Segunda Guerra Mundial. "Algunas de las imágenes simplemente no las puedo olvidar", expresó.