Niños con VIH/sida aprenden a vivir en un mundo con prejuicios

En la casa-hogar Ser Humano hay 36 menores, quienes se instruyen para ser independientes; crianza y desarrollo de habilidades para ser líderes, los retos.
Las 40 personas que trabajan ahí fungen como figuras paternas.
Las 40 personas que trabajan ahí fungen como figuras paternas. (Héctor Téllez)

México

Atrás quedó la imagen de la vida triste y agonizante de un enfermo de sida, estos 36 niños tienen más energía que cualquier otro y muestran más disciplina en sus cuidados que muchos adultos.  

Entre los menores, no hay una historia que empiece más triste que otra, todos vienen de sufrir pérdidas familiares y de salud; la casa hogar Ser Humano atiende a 36 niños con VIH/Sida. No los cuidan mientras mueren, los preparan para vivir e incorporarse a una sociedad todavía llena de ignorancia y prejuicios.

“En otros tiempos, nosotros pensábamos que lo que requeríamos era tan solo mantenerlos con vida; hoy no es eso, porque sabemos que su vida no corre riesgo, que esa parte ya la tenemos solventada, los niños no se nos van a morir porque están siendo atendidos para ello. Los nuevos retos son de crianza, desarrollar sus habilidades para la vida y hacerlos líderes de su entorno. La infección de VIH ya no está matando a la gente, pero sigue poniéndolos en lugares de desventaja”, comenta Fernando Rergis, subdirector de Ser Humano.

En algunos casos y a iniciativa de los niños, las 40 personas que trabajan ahí fungen como figuras paternas y maternas, responsabilidad nada menor. “Nuestro trabajo es darles valores, enseñarlos a que tengan una vida independiente, ése es el reto: convertirlos en personas que ya no van a depender de la enfermera o de la cuidadora, sino que requieren hacerse cargo de ellos mismos”, cuenta Graciela Hernández, una de las psicólogas.

Más de 120 niños han pasado por Ser Humano, tan solo 12 de ellos han sido adoptados, aunque varios han logrado ser reincorporados a algún núcleo familiar consanguíneo.

Los primeros interesados en adoptar han sido voluntarios, aunque también hay personas que se han enterado de esta posibilidad y aunque la casa hogar no tiene la última palabra, son el primer contacto.

Una vez que se confirma el interés de los padres, la asociación propone un acercamiento con el niño, aunque hay algo importante: éste no debe saber nada sobre la posibilidad de ser adoptado, ya que puede generar expectativas sobre algo que no es un hecho.

Los procesos más cortos llevan un año aproximadamente, y en ese tiempo pueden pasar muchas cosas. Graciela cuenta que han tenido experiencias donde la pareja desiste de su intento.

“Hemos tenido casos de gente que ha llegado convencida de que quiere hacerse cargo de un niño y justo en esa etapa se da cuenta de que no, ya sea por cuestiones personales o porque se dieron cuenta de que no están preparados para recibirlos en casa. Esos casos nos hicieron revalorar el darle chispazos a los niños”, explicó Graciela desde su consultorio.

Aunque promover la adopción no es el motor principal de Ser Humano, están seguros de que se trata “de una oportunidad que no debemos dejar pasar, no solo porque sean nuestros niños o tengan un padecimiento, en general me parece que pudiera ser una opción para todos los infantes, que pudieran ser candidatos de integrarse a una familia”, dijo Paola Blas, coordinadora de la casa hogar.  

En este lugar no hay silencio, 36 niños, que en promedio van desde los cuatro hasta los 18 años, mantienen vivo cada rincón de ella.

 Al llegar de la escuela y después de comer, algunos empiezan con la tarea, otros —como es temporada mundialista— aprovechan para ver algún partido de futbol, los mayores prefieren la computadora o dormir un rato, nada que cualquier niño no haría. La única diferencia es la disciplina para tomar los medicamentos, pues aunque sepan mal, no repelan tanto.

Michelle Martínez, psicóloga y una de las principales educadoras, de alguna forma se ha convertido en la madre principal de los 36 niños, su experiencia le ha permitido saber que no hay impedimento para adoptarlos.

“A lo mejor implica un gasto mayor, de ahí en fuera el ser portador de VIH no implica nada más, ellos generan otro tipo de conciencia de su salud y alimentación. Mucha gente cree que están en la última fase, que son enfermos terminales, con llagas en la piel o postrados en una cama con aparatos para ayudarlos a respirar.

“Es como una gripe, está latente pero no pasa nada”, cuenta Michelle mientras carga a la más chiquita de la casa, quien apenas tiene dos meses con ellos.

Las condiciones en las que llegan están muy lejos de ser las óptimas, sumado a tener VIH, algunos presentan cuadros severos de desnutrición; es más, hay quienes no sabían de su condición hasta que llegaron a Ser Humano, por lo que nunca tomaron medicamentos. Poco tiempo después, todos saben los cuidados que deben tener en la vida diaria o si se llega a presentar un accidente como una caída en la escuela.

Una parte fundamental para lograr ese cambio radical en ellos, tanto en su salud física como emocional, es el arte; las paredes de Ser Humano están llenas de algunas obras, pero más de 100 están guardadas.