El amor no existe / y II

Cuando Joe parece que ha alcanzado el amor en su relación patológica con Jerome, se da cuenta de que ha dejado de sentir.
La atención se mantiene en el cenit.
La atención se mantiene en el cenit. (Especial)

México

Para Lars von Trier resulta muy seductor odiar a su personaje principal, hacerlo polvo, aunque tiene cuidado de que no pierda sus cualidades humanas porque estas también dan la posibilidad de atrapar al espectador, sobre todo si se sabe hacer bien, ya que es lo opuesto al cine convencional.

Cuando Joe parece que ha alcanzado el amor en su relación patológica con Jerome, se da cuenta de que ha dejado de sentir; el personaje se ha transformado, ya no es una mujer abocada al sexo sino que ahora representa el desamor que se convierte en odio, lo que se manifiesta cogiendo con cualquiera y lanzando piedras a los aparadores kitsch; Joe detesta lo cursi, por eso se regodea diciéndole a cada uno de sus amantes —en una estupenda secuencia donde el autor maneja el tiempo y el espacio como si fuera una clase de realización para que los alumnos entiendan las posibilidades del montaje— que es el primer hombre que la hace sentir.

La osadía y el atrevimiento de romper con el tono y género de lo que se está contando —que se concibe desde el guión— solo es posible cuando se tiene una idea clara de lo que se quiere contar; esto le otorga al artista la posibilidad y el lujo de no estar presente en el proceso de edición.

En Ninfomanía, primera parte, la atención se mantiene en el cenit en otra secuencia que funciona como punto de inflexión: Seligman cita el delírium trémens que sufrió Édgar Allan Poe antes de morir y Joe explica que sabe lo que es la enfermedad; entonces narra la convalecencia de su padre en el hospital como si estuviésemos frente a la casa Usher. La secuencia es en blanco y negro; tiene la fuerza de la escuela expresionista y cierra con una frialdad casi inhóspita, pues Joe y su madre miran el cuerpo del padre que yace inmóvil en la cama pero no se miran entre ellas, ni siquiera dicen una palabra. La madre se acerca a la puerta y sale.

Pero el odio de Joe no es solo contra el amor, también lo es contra la muerte y sin remordimientos; cuenta sus aventuras sexuales en el hospital, cuando su padre está convaleciente. Es una metáfora en contrapunto: cuando se ama a alguien que se va a morir, lo mejor para aquietar la ansiedad del dolor es satisfacer la sexualidad.

Aquí no sabemos aún qué sucedió a Joe: ¿por qué estaba inconsciente, golpeada y tirada en un callejón? Percibimos que se debe a su actitud masculina y posiblemente delincuencial, que se plantea desde que rechaza que Seligman llame una ambulancia.

La segunda parte de esta obra maestra se exhibe en el Foro Internacional de la Cineteca.

Ninfomanía, primera parte (Dinamarca, 2013), dirigida por Lars von Trier, con Charlotte Gainsbourg y Stellan Skasgaard.