Nanotecnología para niños indígenas

En mixteco, náhuatl, mixe, ñañú, zapoteco y maya.

Ciudad de México

Dicta la primera ley de la física que un objeto en movimiento permanece en movimiento hasta que una fuerza contraria actúe sobre él. En el proyecto y libro de divulgación científica Hablemos de nanotecnología, ese objeto es el autor Noburu Takeuchi, y su movimiento lo ha llevado hasta la Sierra Mixe para presentar Tatanunio Kixiva’a ndachuun, el primer libro de nanotecnología en lengua mixteca.

El texto ya fue editado en náhuatl, mixe alto, ñañú, zapoteco y maya de Yucatán; ahora prepara versiones en las lenguas nativas de Tabasco, el maya de Chiapas y el purépecha. “Cuando algo no es conocido en la realidad, tampoco puede ser nombrado. En la región Mixteca dimos charlas a los niños para presentar el texto y explicarles qué era la nanotecnología, concepto que se tradujo con dos ideas: ‘enano’ y ‘el que hace las cosas pequeñas’. Y cuando el niño entiende el concepto se le ilumina la cara”.

La fuerza inicial que puso en movimiento a este físico de ascendencia japonesa, y que lo ha llevado también a Baja California para divulgar la nanotecnología en cinco lenguas indígenas en peligro de extinción, tiene su origen en Kamakura, antigua ciudad japonesa llena de templos budistas. Ahí vivía su abuelo, físico teórico de la Universidad de Tokio, que cada año recibía la visita de uno de sus mejores ex estudiantes. Su papá estudió la misma ciencia por inercia. O por imposición, según el registro familiar. “Estudió física en la Universidad de Tokio, según él porque mi abuelo lo obligó, aunque a él también le interesaban las matemáticas”. Le interesaban tanto que al mudarse a Colombia para un intercambio cultural de dos años decidió quedarse a vivir ahí para hacer divulgación de matemáticas en la Universidad Nacional.

De Kamakura, Japón, a la región Mixteca de Oaxaca, hay 11 mil 395 kilómetros, según el cálculo en Google Earth. Se puede decir que con el impulso de haber visto a su abuelo compartir su conocimiento con aquel ex estudiante, ese recorrido le tomó a Noburu 40 años (hoy tiene 52, acaba de nacionalizarse mexicano y hace investigación en el Centro de Ciencias y Nanotecnología de la UNAM).

Al final de ese camino ha encontrado rostros iluminados no solo de niños, sino también de maestros. “En la sierra Mixe conocimos a una profesora a la que criticaban mucho porque acostumbra estudiar en mixe. Le preguntaban por qué estudiaba en una lengua que estaba condenada a desaparecer. Cuando llegamos con el libro, ella tuvo argumentos para decir: ‘Claro que el mixe tiene futuro, porque ya hasta hay libros de nanotecnología’. Yo creo que al incorporar términos científicos al habla de esas lenguas, se ayuda también a preservarlas”, dice el científico.

El texto tiene el nombre genérico de Hablemos de nanotecnología. Con dos mil ejemplares en cada una de las seis lenguas, fue editado por la UNAM y financiado parcialmente por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Es en este punto donde el proyecto ha encontrado la fricción que, como dicta la física, se opone a su movimiento: hasta hace dos años, en México no existía un presupuesto gubernamental para la divulgación científica.

Detrás de este vacío hay un prejuicio académico: “Se cree que si haces divulgación es porque no eres un buen científico”, expone el físico. En su opinión, es al contrario, la realidad es que no se puede hacer una verdadera divulgación de la ciencia sin científicos.

Apenas en 2013, Conacyt destinó por primera vez una partida para la divulgación científica. El programa Hablemos de nanotecnología fue de los ganadores, lo que le permitió la traducción del texto al mixteco.

Dicta la segunda ley de la física que cuando se aplica una fuerza a un objeto, éste se acelera y cambia su dirección. Eso ha pasado con Hablemos de nanotecnología; ha significado un cambio de dirección en la educación bilingüe, pues antes la publicación de libros en español y alguna lengua indígena eran casi siempre de literatura o difusión cultural. En ese contexto fue que Takeuchi comenzó a recorrer regiones indígenas para impartir una charla que se llamó “El increíble nanomundo”.

Así aceleró la comprensión de la ciencia en hablantes de lenguas autóctonas. “En algunas traducciones se eligió adoptar los términos científicos en español, pero en otras, como en la del mixe, se hizo una elaboración idiomática. ¿Cómo explicarles a los niños qué es la nanociencia si a veces ni nosotros lo entendemos del todo?”. La solución fue nombrarla “Tatanunio ndyichi”, que quiere decir “sabiduría de lo enano”.

El resultado ha sido establecer un convenio con el Consejo de Ciencia de Tecnología de Tabasco para publicar el libro en las lenguas que se hablan en ese estado, y con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas para publicarlo en el maya de Chiapas, así como para preparar la próxima aparición de un texto diferente sobre energías renovables y no renovables.

Dicta la tercera ley de la física que a toda acción corresponde otra en igual medida, pero en sentido contrario. Aplicada a la educación, eso explica por qué algunos niños sienten aversión por la ciencia. “El interés de los niños es innato, desde muy pequeños quieren explorar y experimentar; es la familia y el entorno los que ejercen una presión para que se alejen de la ciencia y estudien otra cosa con el argumento de que no se puede vivir de la ciencia”, opina Takeuchi.

“Es importante que los muchachos exploren, experimenten y encuentren su camino académico”. Esa premisa rige a estos libros, en los que se estimula la imaginación y la curiosidad.