Octubre, descubrir al otro y a uno mismo: Nadia Escalante

La poetisa yucateca aseguró que su sello es "ir experimentando y explorando otras maneras de decir las cosas".
Nada Escalante, poeta mexicana.
Nada Escalante, poeta mexicana. (Leonor Chávez)

Ciudad de México

Llevar al lector a un viaje de búsqueda interior para profundizar en los vínculos que posee consigo mismo, así como la relación que tiene con el otro, es lo que la poetisa Nadia Escalante Andrade (Mérida, 1982) busca en su más recenté libro, Octubre, hay un cielo que baja y es el cielo (Textofília Ediciones, 2014).

Basados en vivencias personales y en relatos ajenos vistos desde la subjetividad, los catorce poemas del volumen enfrentan al lector con la reafirmación constante de la individualidad, la relación con lo ajeno y la transformación que se genera en su propio interior.

Escalante Andrade ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Fonca. También ha recibido los premios Regional de Poesía José Díaz Bolio (2006) y el Internacional de Poesía Ciudad de Mérida (2013) por este libro.

¿Por qué nombrar Octubre a tu poemario?

Es una larga historia y hay varias razones. La principal es que todos los poemas del libro giran en torno a ese mes, época de la cosecha y de la transformación, que en varias culturas, tanto prehispánicas como occidentales y orientales, se asocia con la formación, el cambio y el tiempo de la promesa en el que sucede, que es el otoño. Otra es porque hay dos textos en el libro titulados "Octubre", que son muy importantes dentro del cuerpo de la obra, una cuestión estructural. Y, más personal: porque nací en ese mes.

Esos poemas hablan del amor...

Pues sí, entre otras cosas. Más bien, el primero es un poema de una urgencia, mientras que el segundo es sobre una presencia, obviamente en la atmósfera de una relación amorosa, pero con un matiz en esos aspectos. También quería hacer una referencia a algunas de mis influencias: la poesía rusa, como la de Anna Barkova, Marina Tsvetaieva, Osip Mandelstam y Boris Pasternak, al igual que el expresionista Georg Trakl. Esto porque tanto los expresionistas como los rusos le han dado una mirada muy atenta a esa época del año, al otoño.

Es un libro sobre búsqueda interior.

Podríamos decirlo así, de alguna manera, porque hay una parte que si es sobre ello. Pero yo diría que este libro es un trayecto que va de la búsqueda interior hasta la relación con el otro. Hay algunas que son válidas y muy ricas en conocimiento y experiencias, pero que solo se quedan en un ensimismamiento o en un no compartirlo; es decir, como esta idea del anacoreta, del ser humano que se aísla, que no quiere establecer contacto con los demás.

Por ello no quiero que se interprete como búsqueda interior, como un lazo cerrado, unilateral; más bien, el poemario lo que hace es una búsqueda interior para transformarse, conocer, en el lenguaje y en la voz que habla, otras voces que también habitan, que puedes reconocer afuera. Es un libro sobre el descubrimiento de lo otro, ya sea otro ser humano, lo sagrado, la naturaleza e, inclusive, una idea de uno mismo que no habíamos reconocido plenamente. Pero es más bien una transformación: va de un estado precario hacia una apertura a lo que no es uno mismo.

¿Cuál es tu sello personal?

Los poemas que escribo son muy diferentes entre sí; por ejemplo, los de Octubre sí tienen una búsqueda similar, pero son diferentes al primer libro que escribí, que es más una exploración del lenguaje y cuerpo. Entonces, yo creo que mi sello personal podría ser la variedad o el siempre ir por otros territorios, no casarme con un estilo o una manera de hacer las cosas, sino siempre buscar, experimentar y abrirme a otras posibilidades. No me gustaría repetirme o utilizar maneras que ya me sé, sino siempre quiero descubrir aunque me vaya a equivocar.

"Más bien, yo creo que mi sello es siempre ir experimentando y explorando otras maneras de decir las cosas".