Nacho López, contador de historias

A pesar del profundo deseo de ser cineasta, este creador desarrolla todas sus habilidades desde su auto-observación y la edición de su material dentro de revistas y periódicos.

Ciudad de México

Transita por las calles del Eje Central, Madero, 5 de Mayo; construye y deconstruye. Habita los rincones, los pequeños detalles, lo común, lo corriente, lo insignificante de “Un día cualquiera en la vida de la ciudad”. Todo se presenta como un buen pretexto para la creación.

Comenzamos el recorrido de la Ciudad de México desde la mirada de un “fotógrafo intelectual”, un fotógrafo que antes de disparar, piensa, interpreta, decide y acciona. Un click es apenas el inicio de un discurso, de una postura social, de un manifiesto de vida.

“Los exquisitos viven de ilusiones —los obsesos viven en su locura —los recurrentes, de la memoria desgastada —el fotógrafo vive de la cámara insolente y no escapa por el camino fácil —testigo es como conciencia perenne”. Collage Manifiesto, 1981. Esto es Ignacio López Bocanegra, conocido por todos como Nacho López.

La morgue o los burdeles son lugares efervescentes de vida, donde el dolor o el placer suceden. Y Nacho está ahí, observando antes que disparando. “Nacho López no es un fotoperiodista, es un fotodocumentalista”, dice su amigo Rodrigo Moya, con certeza y seguridad de que no era un fotógrafo de ojo fácil hacia lo inmediato.

Seguimos transitando y salimos de la ciudad para entrar al mundo rural e indígena, donde la injusticia está a flor de piel, pero que el artista se niega a darlo como primera impresión para moverse en la búsqueda de dignidad y respeto, y encuentra la compresión de esos mundos donde ‘otros’ son los alquimistas.

El universo indígena lo seduce, vive con ellos para “solo” hacer algunas fotos. Los territorios mixe, huichol, cora, tarahumara, tzotzil, tzeltal se entregan voluntariamente a su cámara porque él los respeta, porque en sus ojos no hay lástima, ni la denuncia comodina de la pobreza.

Un hombre que se relacionó con el arte no desde su oficio, sino desde las intenciones del espíritu creador, se lanza sobre lo gestual del cuerpo como huella y visita los terrenos del accidente plástico, la experimentación, la transgresión de su propia realidad y de sus paradigmas.

Pero observar el cuerpo como un paisaje no era nuevo para él. Enamorado del movimiento, le fascinaban las posibilidades del cuerpo y sus significantes al ser una vía más para la creación. Los registros hechos sobre la danza moderna de los años cincuenta, son la provocación para hacer ensayos fotográficos sobre el lenguaje del cuerpo.

A pesar del profundo deseo de ser cineasta y sus intentos por concretar discursos cinematográficos, este creador desarrolla todas sus habilidades desde su auto-observación y la edición de su material dentro de revistas y periódicos. Sus ensayos publicados no solo tienen sus fotografías, contienen sus palabras, su ideología, sus decisiones, sus reflexiones llevadas a un público más amplio.

La amplitud de su horizonte creador le permitía cuestionar con su trabajo todas las “verdades absolutas” que hasta su momento se habían dicho sobre la disciplina fotográfica. Cuestionar el “momento decisivo” y sus paradigmas, cuestionar la edición desde la toma o posterior, cuestionar el hecho fotográfico en sí.

“Toda la fotografía del mundo es manipulación”, dice José Antonio Rodríguez, uno de los principales revisores y especialista en la obra del Ignacio López Bocanegra, y el artista completo que éste lo sabía perfectamente. Y manipulaba su propio material sin veneraciones ni posturas puristas sobre la fotografía.

La retrospectiva Nacho López. Fotógrafo de México, que se presenta en Bellas Artes, es una cuenta saldada con el artista, aunque también el principio de todas las posibilidades de interpretación de su obra. El doctor en estética Miguel Ángel Esquivel, entusiasta revisor de la obra del fotógrafo y sus contextos, dice sobre la curaduría de la muestra: “José Antonio Rodríguez como curador, historiador, investigador, crítico y editor sabe escuchar. Es capaz de convocar a voces obligadas como la de Rodrigo Moya y voces jóvenes como Jessica Contreras, que anotan todo lo actual que sigue teniendo el trabajo de Nacho López, puesto que debe dejar de ser referente de un pasado fotográfico, ya que su obra se desborda en su total actualidad”.

Después de una revisión de 30 mil negativos e impresiones originales, de años de luchar porque se hiciera una muestra digna, completa y amplia de su trabajo, el artista Ignacio López Bocanegra (Tampico 1923-Ciudad de México, 1986) habita las salas del Palacio de Bellas Artes de la mano curatorial de José Antonio Rodríguez y Alberto Tovalín, que nos regalan la oportunidad de disfrutar además de imágenes poco conocidas, las impresiones realizadas por el mismo Nacho López y su capacidad como editor y contador de historias.