[Vibraciones] Alexis Aranda. Creer en los instrumentos

La música, dice Alexis Aranda, “surge como las ideas, como ideas sonoras. Me llegan muchas; la mayoría son desechadas y guardo las que me gustan..."
Alexis Aranda.
Alexis Aranda. (Especial)

Ciudad de México

La música, dice Alexis Aranda, “surge como las ideas, como ideas sonoras. Me llegan muchas; la mayoría son desechadas y guardo las que me gustan. Las desarrollo; les voy dando forma y vestido de acuerdo a las reglas de la armonía, del contrapunto, de la orquestación y de la forma musical. Así que la primera parte del proceso es inexplicable y la segunda es lógica y planeada”.

Alexis lo tiene claro: “la idea de componer con una computadora me parece muy fría”. Le disgusta que la música se convierta en materia. No quiere grabar sonidos y manipular las características con tecnología. Que la dinámica, el tono, el volumen o la altura sean cuestión de moldear le parece aburrido. Desconfía del compositor cuya posición estética es escultórica. Le han dicho tradicional, lo han acusado de anacrónico. Pero él cree en los instrumentos, en escribir notas a mano en un pentagrama. Y que los sonidos de su imaginación (y trabajo) necesiten de un intérprete para existir le sigue pareciendo un diálogo mágico y muy hermoso.

“Beethoven decía que la música supera a cualquier filosofía. Esto es verdad; cuando la música suena, no importan la diferencia de idiomas, edades, gustos, géneros, religiones. La música nos une. Los griegos pensaban que con las matemáticas uno podía ejercitar su mente, con el ejercicio físico su cuerpo y con la música su alma. Así que considero a la música como parte de la salud espiritual de una persona”.

Tres etapas

Atonal (1995–2000). Interés por Shostakovich y Bartók. Leer a Babbit y a Forte. Protagonismo del piano. Éxito temprano con su debutante Dos piezas (1995). Matemáticas de conjuntos. Series. Pocos instrumentos. Estructuras de alturas desordenadas. Conclusión tenebrosa en Thanatos(2000), su primera obra para orquesta; sobre las dulces maneras que utiliza el hijo de la noche para (con su siniestra tea encendida en la mano) esparcir la muerte por el mundo.

Ecléctica (2002–2004). Atonalidad y tonalidad a un mismo tiempo, como en Mnemósine (2002) para flauta y piano. Series junto a melodías, y en la mezcla una necesidad de erradicar fronteras. Guiños impresionistas. Contrastes. Ambigüedad y concreción; tempestades y sosiego. Final en el Concierto para piano y orquesta(2004), de virtuosismo expresivo, no acrobático. El ritmo es lo más importante; de espíritu incontenible. Y en la expresión un poco de juego; algo de misterio.

Contrapuntística (2006 ). Interés por la claridad y por la forma concierto. Diáfanas texturas; vigoroso ritmo. Un concierto democrático a la Bartók (para orquesta): el Da Vinci (2007), donde completa (y extiende lleno de imaginación renacentista) los apuntes musicales del legendario italiano. Luego jerarquías románticas: atrás la orquesta; adelante un instrumento. El ciclo Zodiaco de cinco conciertos. Tres ya están hechos: Fuego, para chelo (estrenado por Carlos Prieto, 2010); El signo secreto para piano (estrenado por Jorge Federico Osorio, 2013) y Acqua  para flauta (estrenado por Marisa Canales, 2013). Muchos lenguajes (modal, tonal, atonal, dodecafónico o aleatorio) en torno a una constante: el contrapunto como pilar de orden, expresión y movimiento.

Los siglos XX y XXI han dado un sinnúmero de estéticas, corrientes y modas en la composición pero creo que siguen existiendo dos tipos de artistas, dos tipos de compositores: los realistas, que reflejan el mundo en el que vivimos, y los idealistas, que muestran cómo les gustaría que fuera su mundo”, concluye Alexis Aranda.