Edificio del Museo de las Aves “retoma” el vuelo

Don Aldegundo Garza de León, presidente del patronato, aseguró que la remodelación tardó casi tres años, pues se priorizó el respetar el edificio en su construcción original.
De mil 500 a 3 mil piezas creció la colección de aves mexicanas que se exhiben en el Museo.
De mil 500 a 3 mil piezas creció la colección de aves mexicanas que se exhiben en el Museo. (Ana Ponce)

Saltillo, Coahuila

A mediados del Siglo XIX, Don Juan Nepomuceno Arizpe, ordenó la construcción de una capilla y dos estancias aledañas en un predio que le pertenecía, en el corazón de la Villa de Santiago del Saltillo, esa edificación serviría para hospicio de niños “menesterosos” atendidos por los sacerdotes Pedro Quintin de Arizpe y Rafael T. Ramos Arizpe.

Sin embargo en 1878 las instalaciones fueron cedidas a los sacerdotes Jesuitas que llegaron bajo la rectoría de Ignacio Velazco, fueron ellos quienes ampliaron la construcción de tal manera que la capilla se convirtió en el actual templo de San Juan Nepomuceno, mientras que las estancias se convirtieron en una gran edificación que albergara al Colegio de San Juan.

Este colegio adquirió reconocimiento y prestigio, convirtiéndose en uno de los centros educativos más afamados de la República Mexicana, personajes como Francisco I. Madero, los hermanos Alessio Robles y Carlos Pereyra, fueron alumnos de este colegio.

Durante la época de la Revolución, en 1915, tropas revolucionarias tomaron el colegio y destruyeron el área del internado y la nueva capilla del Sagrado Corazón, que se había construido en el ala poniente.

En 1931 el edificio pasó a ser propiedad federal, fue ocupado por el batallón militar destacamentado en la región, en los años 50´s fue sede del Congreso del Estado, luego de la Policía Federal de Caminos, después fue sede de la Secretaría de Agricultura, entre otras dependencias, mientras que el edificio continuaba deteriorándose.

Finalmente en 1992 el Gobierno de Coahuila, encabezado en ese entonces por Eliseo Mendoza Berrueto, se recuperó y reconstruyó el edificio, fue cedido a la ciudad, al Estado y al país para albergar al Museo de las Aves de México gracias a la donación de más de mil 500 aves que eran propiedad del ornitólogo Aldegundo Garza de León, Presidente del Patronato del Museo de las Aves.

El museo se convirtió en un importante centro de cultura que recibió más de un millón de visitantes nacionales y extranjeros, provenientes de 130 países del mundo, sin embargo en noviembre del 2013, cerró sus puertas para someterse a una “cirugía mayor” para mejorar y crecer en exposición de piezas.



Se buscó respetar el edificio para remodelación del Museo de las Aves

Don Aldegundo Garza de León aseguró que la remodelación tardó casi tres años pues se priorizó el respetar el edificio en su construcción original pues, buscando la manera de ampliar el espacio sin derribar muros o alguna estructura.

“Son varias las razones que hicieron que la remodelación durara tanto tiempo y en que pudiera reabrirse, uno de los motivos importantes es que por una parte tenemos la ventaja, pero por otra parte la gran responsabilidad, de que está en un edificio que es parte del centro histórico de la ciudad y no tenemos muchos edificios que tengan un valor tan especial como el que tiene el edificio del Museo de las Aves”, comentó.

“Por razones de historia y de antecedentes, fue el Colegio de San Juan por el que pasaron personalidades muy importantes, por otra parte mucho de lo que existe, incluso los jardines del museo palmas y árboles fueron plantados por los jesuitas, fue el primer colegio jesuita del noreste del país”, agregó.

En este sentido explicó que el modificar un edifico con estos antecedentes sería un “problemón”, aunado a que la colección de aves es mucho más grande que los espacios que se tienen para exhibirla, contrario a lo que ocurre con otros museos que tienen mucho espacio y pocas piezas para exhibir.

Expuso que para resolver estos problemas se pensó en crecer el espacio incrementando la altura, por lo que se debieron retirar los plafones que se colocaron en la primera restauración e instalación del museo.

Sin embargo en el proceso de remodelación hubo opiniones encontradas, largas discusiones de que sería la mejor solución y de qué manera debería hacerse la remodelación, por lo que fue difícil el consenso con los ingenieros y museógrafos, por lo que la remodelación fue alargándose.

“Tuvimos muchas discusiones, muchas averigüatas entre nosotros mismos para ponernos de acuerdo y poder estar todos en la idea de que sería lo mejor, nadie estaba en contra de lo que se hiciera para mejorarlo, pero estábamos en diferentes opiniones de cuál sería la manera de lograrlo”, expresó.

Pese a ello consideró que todo valió la pena, pues la espera para que se hicieran las modificaciones no afectaran al edificio y las discusiones que se tuvieron para resolver que era lo adecuado permitió que se tuviera el tiempo necesario para reflexionar si lo que se planeaba era lo mejor o había otras formas que no se habían considerado.

Aunque en ese lapso de tiempo se notaba la desesperación de la gente, no solo de los visitantes de otros Estados o de otros países, también de los propios saltillenses que en todo momento preguntaban a don Aldegundo cuando se reabrirían las puertas del museo, gente en el supermercado, en la panadería, la tamalería, el peluquero, cualquier lugar la pregunta era persistente.