Arte latinoamericano en el Guggenheim

Desde 1964 el célebre museo neoyorquino no exponía un conjunto de obras de nuestros países; la muestra Bajo el mismo sol indaga en la evolución plástica de los artistas del subcontinente.

Ciudad de México

El Museo Guggenheim de Nueva York acaba de adquirir 52 obras de artistas latinoamericanos. Del 13 de junio al 1 de octubre el museo muestra esta colección, curada por el mexicano Pablo León de la Barra, en la exposición Bajo el mismo sol: arte de Latinoamérica hoy.

Esta es la segunda de tres exposiciones que presenta el Guggenheim con la intención de ampliar la perspectiva de la institución más allá de lo europeo y lo estadunidense. La primera exposición estuvo dedicada a Asia y la tercera estará dedicada al arte de África y Medio Oriente.

Bajo el mismo sol incluye instalaciones, obras en técnica mixta, pinturas, fotografías, esculturas, videos y obras en papel de 43 artistas contemporáneos de 16 países. El propósito de la muestra es ofrecer una visión global de las artes plásticas contemporáneas de Latinoamérica a través de una selección estricta de las obras “más significativas” que representan tendencias existentes en la región. Pero el que se cumpla con este propósito dependerá de los juicios que se apliquen a esta propuesta.

Pero no hay duda de que el encuentro comienza a llenar un vacío. Aunque el Guggenheim a dedicado exposiciones a la obra de Rufino Tamayo, Jesús Rafael Soto, Gabriel Orozco y otros artistas latinoamericanos, la última vez que el museo ofreció una exposición dedicada a presentar un panorama general del arte latinoamericano fue en 1964 cuando mostró obras de pintores de esa época.

De la Barra organizó Bajo el mismo sol de acuerdo a cinco temas. A continuación breves descripciones de estas tendencias y las obras más sobresalientes en cada una de ellas.


1. EL CONCEPTUALISMO Y SUS LEGADOS

Los artistas conceptuales le dan prioridad a la idea detrás de una obra o al proceso de su creación. Sin embargo, a diferencia de los artistas de Estados Unidos y Europa pertenecientes a esta corriente, muchos de los nuestros artistas conceptuales han optado por infundir en su trabajo críticas sociopolíticas.

Un ejemplo es la instalación Lección de historia del arte nº 6 (2000), del uruguayo Luis Camnitzer. La obra consiste de 10 proyectores de diapositivas encendidos pero vacíos colocados en distintos lugares de un salón. Los proyectores disparan rectángulos de luz en las paredes como si estuvieran esperando a que las imágenes se materialicen.

Camnitzer explica que la intención de esta obra es señalar que la historia del arte ha sido escrita por aquellos en el poder y que estos tienden a excluir algunas narraciones del canon en torno al cual se organiza la disciplina. Las proyecciones vacías son una invitación a que los espectadores imaginen y potencialmente escriban narraciones alternas.


2. TROPICOLOGÍA

La Tropicología reconoce los efectos que el clima, la naturaleza y el lugar ejercen sobre la producción cultural pero sostiene que el “ser tropical” va más allá del clima y la geografía. Por ejemplo Hang It All (2006), del colombiano Gabriel Sierra, consiste de un icónico perchero Eames en el que las esferas de colores fueron substituidas por frutas secas. Según el curador el resultado alude a una cultura artesanal inventiva en la que es común recuperar y transformar objetos para utilizarlo de otra manera.

Algunas obras de esta sección también re-evalúan el conocimiento de las culturas nativas amerindias, reactivando su estética y sus simbolismos. Por ejemplo, Círculo de Fuego (1979), del chileno Juan Downey, consiste de una instalación de monitores en los que se proyectan videos de la vida cotidiana de los indios yanomami de la selva amazónica de Venezuela. Los videos fueron filmados por los mismos yanomami con cámaras que les dio el artista. Los proyectores están dispuestos en círculo imitando la manera en que los yanomami colocan sus viviendas. Entre los proyectores hay asientos con el fin de alentar al espectador a que forme parte del círculo, a que participe en la comunidad representada en lugar de observar las imágenes desde fuera, como una experiencia antropológica.


3. ACTIVISMO POLÍTICO

Esta tendencia se refiere a obras en las que la estética está guiada hacia la denuncia y el disenso. Se trata de obras de protesta en contra del imperialismo, de las dictaduras y de la violencia del tráfico de drogas.

Un ejemplo es A Logo for America, un letrero electrónico del chileno Alfredo Jaar que se instaló en 1987 en Times Square, en Nueva York, y que se muestra en un corto en la exposición. En el cartel aparece la silueta del territorio de Estados Unidos. Sobre ella, se contraponen las palabras “This is not America”. Entonces aparece la imagen del continente americano seguido de la palabra “America”. Obviamente, la instalación icónica critica cómo los estadunidenses se han apropiado erróneamente de un nombre para definirse, aunque la etiqueta se refiere a todo un continente. Evidentemente el letrero también alude al imperialismo de Estados Unidos en Latinoamérica.


4. EL MODERNISMO Y SUS FRACASOS

Esta corriente lidia con el sabido legado de este movimiento y el desfase entre sus ideales y la realidad imperfecta. La obra más distinguida de esta sección es la Construcción modular con tortillas (1998), del mexicano Damián Ortega. Se trata de una escultura realizada con 52 tostadas que se entrelazan formando una figura que podría pasar como típicamente modernista.

Sin embargo, a pesar de su diseño, otros elementos que caracterizan la propuesta evocan el presente. El artista ha estipulado que los componentes de la obra pueden ser reorganizados de exposición en exposición. El espectador sabe que eventualmente la obra se desintegrará. Dado que la tortilla es el alimento básico de Mesoamérica, la obra hace referencias a lo particularmente mexicano. Así, la mutabilidad, el carácter efímero y particular de la obra contrastan con la forma geométrica de la figura que evoca lo abstracto, lo inmutable, lo universal.


5. PARTICIPACIÓN/ EMANCIPACIÓN

Esta sección se refiere a obras que invitan a los visitantes a comprender el arte como experiencia participativa y no solo como objeto de contemplación. En esta sección destacó la instalación interactiva Ya veremos como todo reverbera (2012), del mexicano Carlos Amorales. Su obra es un móvil enorme realizado con cimbales que cuelgan de varillas curvadas de acero ocupando casi todo un salón. Durante su exhibición, se le ofrece baquetas a los visitantes para que toquen los cimbales y así produzcan sonidos y alteren la posición de los platillos.

EPÍLOGO

Para percibir cual es el panorama general del arte latinoamericano se requeriría una exposición más inclusiva y extensa. Sin embargo, Bajo el mismo sol permite apreciar la diversidad y las similitudes que existen en nuestro arte; similitudes que sin duda reflejan una historia compartida entre los artistas, una herencia europea e indígena, una historia de opresión colonial e imperialista, de gobiernos represivos y de modernidad y arcaísmo.

La meta de difundir nuestro arte se está logrando. Además de la iniciativa del Guggenheim, recientemente, museos tan importantes como el Metropolitan y el MoMa han aumentado marcadamente su colección de arte latinoamericano. Sin duda éstas y otras instituciones están respondiendo a la globalización y a la creciente importancia de lo latinoamericano en Estados Unidos.

Pero además, los museos de ese país han dejado de tener una visión limitada del arte latinoamericano. Antes solamente se apreciaba lo tradicional, lo figurativo. Pero ha habido una ruptura de la visión estereotipada de nuestro arte. Ahora hay una apertura a la posmodernidad latinoamericana, una apertura hacia el arte latino actual: sofisticado, complejo y dentro de la corriente globalizada.

El próximo año, Bajo el mismo sol será exhibida en el Museo de arte Moderno de Sao Paulo y en el Museo Jumex de la Ciudad de México. No se la pierda.