El Museo Nacional de Antropología conmemora sus 50 años

Como parte de un amplio programa de celebraciones, entre las primeras actividades se encuentra realizar un gran homenaje al arquitecto que le dio forma.
El presidente Adolfo López Mateos y Jaime Torres Bodet durante el recorrido inaugural.
El presidente Adolfo López Mateos y Jaime Torres Bodet durante el recorrido inaugural. (Especial)

México

El Museo Nacional de Antropología (MNA), recinto fundamental de la cultura mexicana, fue inaugurado el 17 de septiembre de 1964. Debido a ello es que durante todo el año realizará una vasta serie de festejos y conmemoraciones por su medio siglo de existencia.

Entre las primeras actividades estará la de recordar y reconocer al desaparecido arquitecto, urbanista, escultor, funcionario público y educador Pedro Ramírez Vázquez, el creador de este emblemático recinto.

El museo nació de un anhelo de Ramírez Vázquez, quien, cuando era estudiante de la Academia de San Carlos, regularmente acudía al Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, localizado en la calle de Moneda, y se lamentaba de que México no exhibiera dignamente su legado cultural.

Javier Ramírez Campuzano, hijo del afamado arquitecto que concibió, entre otras grandes obras, el estadio Azteca y la Basílica de Guadalupe, cuenta cómo todos los fines de semana su padre, acompañado en ocasiones del presidente Adolfo López Mateos, acudía a inspeccionar los trabajos de construcción del museo.

Desde su perspectiva, una anécdota sintetiza el espíritu de este recinto cultural como una gran obra multidisciplinaria: “Diversas discusiones entre los etnólogos se generaron alrededor de la forma de reproducir el hábitat de los huicholes; analizando esa situación, mi padre determinó: ‘Que los propios huicholes lo hagan’”.

Fue así como parte de la etnografía del espacio fue diseñada por las diferentes etnias representadas. Asimismo, los grandes artistas de la época, como Rufino Tamayo, fueron convocados para que diseñaran alguna obra; el único que no trabajó fue David Alfaro Siqueiros, debido a que estaba en la cárcel.

La mente creativa

Hace justamente una década, cuando el recinto celebraba sus 40 años, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez concedió una entrevista a MILENIO (24/09/2004), en la que dijo sentirse “satisfecho y tranquilo de ver vigente al MNA pero, sobre todo, perfectamente conservado, a pesar de haber registrado un paso burocrático de tantos años”.

Relataba que el espacio se creó a raíz de una pregunta que le hizo Adolfo López Mateos cuando era titular de la Secretaría del Trabajo: “En la antigüedad la aspiración de un arquitecto era construir una catedral. ¿Para usted cuál sería?”.

En las oficinas que tenía en su casa, el arquitecto recordó, sin darle vueltas al asunto, que su respuesta fue que esa gran obra sería el MNA.

“No volvimos a hablar del tema”, evocó Ramírez Vázquez, quien añadió: “Después vino su candidatura, su campaña, y el día que fui a su casa a felicitarlo porque había resultado electo, me dio un abrazo y me dijo: ‘¡Ya se nos hizo el museíto!’”.

Hace una década aprovechó esa ocasión para aclarar la idea de que, si bien el MNA se hizo en 19 meses, se concibió tras dos años de un previo y arduo trabajo de investigación.

En este magno proyecto, sostenía Ramírez Vázquez, intervinieron 70 técnicos, ingenieros, arqueólogos, antropólogos e historiadores.

Recientemente, en el homenaje póstumo que se le rindió al arquitecto en el MNA el pasado 17 de mayo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) proyectó un video que recupera las palabras del arquitecto.

“En el MNA, quisimos siempre tener presente que estaba en el bosque de Chapultepec, por eso es que es tan abierto, todas las salas se abren al exterior, y la gente siempre se siente dentro del bosque, libre, sin estar encerrada. El paraguas mismo, por su altura y su inclinación, su cubierta, permite siempre seguir viendo el cielo, y nunca se siente el visitante capturado en un espacio”.

En realidad, lo que quería, reconoció, fue actuar como lo haría un arquitecto prehispánico si hubiera tenido el mármol, el aluminio, el acero, el concreto, el plástico y los materiales actuales.

MOMENTO CRUCIAL

-Fue el 16 de abril de 1964 cuando la imponente figura de Tláloc, dios de la lluvia, llegó a la Ciudad de México para ser colocada a la entrada del nuevo Museo Nacional de Antropología, en Paseo de la Reforma.

Su traslado desde el pueblo de Coatlinchán, en el Estado de México, no estuvo exento de tropiezos. Aun así, la hazaña histórica y técnica se cumplió en una sola jornada, y a las ocho de la noche, ya frente a la plancha del Zócalo, la deidad atrajo una tormenta que inundó varias colonias de la ciudad.

El propio arquitecto Pedro Ramírez Vázquez relató a MILENIO que el traslado de Tláloc se dio por iniciativa del presidente Adolfo López Mateos.

“Él nos dijo: ‘recuerdo que hay un monolito muy grande cerca de Chapingo, en Coatlinchán y creo que es de la escala que ustedes quieren’”.

En ese entonces aquel poblado no era habitado por más de 70 familias, a las cuales se les explicó cuál era el objeto de llevar el monolito al nuevo museo. Hubo oposición y llegó a ser un problema mediático, por lo que, incluso, el Presidente dio instrucciones de no insistir si representaba un problema social.

Finalmente el pueblo accedió.