[Multimedia] Los milagros de Cecilia

Cecilia sobrevivió para ver cómo su obra restaurada con la mejor de las voluntades se convertía en una suerte de flamígera espada en manos de un ángel vengador.
Cecilia
(Cortesía)

Ciudad de México

Cuando hace un par de años Cecilia Giménez tomó sus pinceles y sus pinturas y se encaminó muy decidida hasta la pequeña iglesia de Borja, un mínimo poblado de Zaragoza, en España, y se enfrentó a la imagen del Ecce Homo que hace tiempo había pintado con cierta perfección un vecino de la localidad, nunca imaginó que la vida de la comunidad de poco más de cinco mil habitantes cambiaría para siempre por su manera de enfrentar a la creación artística. Carcomida por el tiempo y las humedades, la pequeña imagen pintada al fresco estaba a punto de desaparecer sin que nadie se diera cuenta, pero Cecilia a sus 85 la salvó de la destrucción. Como se sabe, la hizo picadillo por su falta de dominio del arte pictórico.

Se le vino encima el mundo entero, se burlaron de ella, la insultaron, la amenazaron con prisión y multas. El Cristo ensangrentado que había quedado reducido a un manchón en la pared apareció en la televisión, en los diarios, en las redes sociales, en obras de teatro, en la publicidad de alimentos y bebidas. La suya fue una experiencia de muerte chiquita.

Pero los senderos del Señor, ya se sabe, son inciertos. Cecilia sobrevivió para ver cómo su obra restaurada con la mejor de las voluntades se convertía en una suerte de flamígera espada en manos de un ángel vengador. A la capilla que solo unos cuantos visitaban hasta entonces se volcaron miles de peregrinos risueños, burlones, que pagaron un acceso que antes no se cobraba. En un solo mes, 30 mil visitantes que no sabían de arte ni de religión pero dejaban su cuota en una cajita en la que se amontonan ahora 70 mil euros. Un verdadero milagro formalizado ante notario: Cecilia firmó el año pasado un acuerdo con las autoridades locales que la hace beneficiaria de la mitad de esos ingresos caídos del cielo. El 49 por ciento, para ser precisos.

Dios fue piadoso con ella. Desde que las monedas comenzaron a tintinear cada vez más fuerte en la cajita del cura y en los bolsillos de los vecinos del pueblo, la artista incomprendida comenzó a ser vista con mejores ánimos. Ya hasta la quieren y hablan bien de ella. El día que firmó el convenio hubo fiesta y sonrisas y aplausos para ella en medio de una alegre multitud que no dejó de recordar el primer aniversario de la audacia artística de Cecilia. En la misma capilla, muy cerca del borroneado Ecce Homo, se montó también una exposición de 27 cuadros de la pintora aficionada. Vendió ocho y recibió invitaciones para que su obra viajara por otros países, incluso Japón.

Quienes pidieron a gritos en el pasado que la obra fuera devuelta por expertos a su estado original guardan ahora silencio. Hoy son más las voces que claman por la creación en la localidad del primer museo mundial de artes plásticas dedicado al Ecce Homo. Nadie lo dice, pero si son más los Ecce Homo en el pueblo, mayor puede ser el milagro de las cajas registradoras repiqueteando. Todo sea en nombre del arte.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa