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En algunos hospitales hay quien coloca en la puerta de ciertas habitaciones un letrero con las letras NR, que quiere decir: "No resucitar".
Según las encuestas, más de la mitad de los italianos se manifiesta por la eutanasia. Canadá y Francia comienzan a permitir el suicidio clínicamente asistido, una práctica ya común en Suiza y Holanda.
Según las encuestas, más de la mitad de los italianos se manifiesta por la eutanasia. Canadá y Francia comienzan a permitir el suicidio clínicamente asistido, una práctica ya común en Suiza y Holanda. (AFP)

Ciudad de México

Los hospitales tienen muchos rituales. Algunos son comunes, como las leyendas que piden silencio o no fumar. Pero hay también códigos desconocidos para los pacientes y sus familiares. En algunos hospitales hay quien coloca en la puerta de ciertas habitaciones un pequeño letrero que avisa al personal sanitario: NR. Quiere decir: "No resucitar". Quien se encuentra ahí dentro estaría a las puertas de la muerte y su tránsito no debería ser impedido. Dicho de otra manera, la vida de alguien estaría en manos de un galeno temerario, una enfermera malhumorada o un asistente improvisado.

Del significado de esas dos letras se enteró demasiado tarde la familia de Michael Richardson, un paciente que falleció hace poco más de un año, a los 66, en un hospital británico. Su caso se debate ahora en el curso de las investigaciones emprendidas a partir de la denuncia interpuesta por sus cercanos. Aquejado por un mal pulmonar, Richardson enfrentó una crisis respiratoria en el hospital. Mientras el personal clínico trataba de reanimarlo, alguien avisó que se encontraba bajo las siglas NR y lo dejaron morir. Su esposa se enteró de las circunstancias de su muerte cuatro días después, cuando pidió su certificado de defunción. Tiene muchas quejas sobre el funcionamiento del hospital, pero lo que más le duele es que nadie le pidió su autorización para colocar ese letrero en la puerta de la habitación de su marido. Los médicos jugaban a ser Dios, acusa con justificada rabia.

En realidad, a la que se refiere la dolida viuda es a una práctica cada vez más frecuente en las instituciones de salud. Quienes ahí laboran a menudo se creen Dios, pero son también cada vez más el Diablo en persona. En Italia se encuentra bajo investigación una enfermera acusada de deshacerse de casi un centenar de pacientes de una clínica mediante inyecciones con cloruro de potasio. Ha dicho que los envió al otro mundo porque eran muy molestos. Hace unos días, el jefe de enfermeros de un hospital en ese país confesó que cada año se deshacían de medio centenar de enfermos en condición terminal apagando los aparatos que los mantenían con vida. En Alemania, un enfermero enfrenta a la justicia por su posible relación con la muerte procurada contra su voluntad a unos 170 enfermos.

Según las encuestas, más de la mitad de los italianos se manifiesta por la eutanasia. Canadá y Francia comienzan a permitir el suicidio clínicamente asistido, una práctica ya común en Suiza y Holanda, donde la lista de espera crece día con día. En España, los médicos deben marcar con una cruz los expedientes de los pacientes en estado crítico para no invertir en ellos tiempo y dinero más allá de lo indispensable.

Por lo pronto, en este mar revuelto de vida robada y muerte consentida, lo mejor es estar al tanto de cada paso que da el personal en los hospitales y, sobre todo, preguntar siempre sobre el significado de los letreritos raros en las habitaciones.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa