[Multimedia] La agonía del cine

Pase lo que pase, lo que habrá de persistir sin duda es el espíritu mercantil del entretenimiento y la diversión que nos gusta desde que Lumière puso a moverse a las imágenes en 1895.
Tarantino
(Agencias)

Ciudad de México

Muchos palidecen, les tiemblan las piernas cuando escuchan que la exhibición cinematográfica está agonizando, que el cine que conocemos desde la infancia va a ser otro muy pronto. Al paso endemoniado que llevan las tecnológicas audiovisuales es posible que no solo el cine se convierta en otra cosa en un rato. También la música, la televisión, la fotografía, las plataformas digitales. Pase lo que pase, lo que habrá de persistir sin duda es el espíritu mercantil del entretenimiento y la diversión que nos gusta desde que Lumière puso a moverse a las imágenes en 1895.

Siempre me han parecido muy cortos los avances de la cinematografía desde entonces hasta la fecha, comparándola con la pintura, la música, las letras. Tal vez el escaso progreso expresivo del cine tiene que ver justo con el hecho de que nació atado a la tecnología. Para bien o para mal, son los avances tecnológicos los que han marcado su desarrollo. No por nada Tomás Alva Edison peleó a muerte desde Estados Unidos la propiedad del invento de la cámara fílmica en una batalla que le ganó Georges Méliès. Gracias a este hombre sombrío y juguetón el cine se atrevió a contar historias hace más de un siglo, y gracias a David Wark Griffith las emprende como las vemos en los cines desde aquellos días más o menos.

En fin, como quiera que se le vea, su aliento es corto y tiene que esperar a que los técnicos se las ingenien para dar otro paso en sus posibilidades expresivas. En algunos aspectos los cambios se dejan ver ya desde hace rato. Los sistemas electrónicos de proyección mandaron a los museos los viejos proyectores que alternaban bobinas de 10 minutos. El sonido es otro ahora y las comodidades que ofrecen algunos cines van más allá de las que se necesitan: poltronas en lugar de asientos, comidas y bebidas alcohólicas, meseros y edecanes. La exhibición parece seguir el ejemplo de las librerías, convertidas en garnacherías de lujo. Así entienden algunos la cultura, el arte, el entretenimiento. Ni modo.

Ya lo dijo Peter Greenaway hace un par de años: “El cine está muerto, terminado, pero también creo que ahora tenemos la imaginación, las herramientas y el optimismo para pasar a algo nuevo porque existe la necesidad de reinventar el cine”.

Quienes sienten que se acerca el fin del mundo fílmico se habrán estremecido hace poco con las palabras de Quentin Tarantino: “Hasta donde yo sé, la proyección digital y los paquetes de cine digital son la muerte del cine como lo conozco; el hecho de que la mayor parte de las películas de hoy no se presenten en 35 milímetros significa que la guerra está perdida. Las proyecciones digitales son solo televisión en público. Y al parecer todo el mundo está bien con la televisión en público. Pero lo que yo conocí como cine ha muerto”.

Coppola y Spielberg lo han dicho también hace poco. El cine está muriendo, pero habrá de renacer con un nuevo rostro. Y sobre todo, mucho más caro.