[Multimedia] Teléfonos ensangrentados

Se trata de minerales imprescindibles para la fabricación de los teléfonos celulares, pero también de las computadoras, las consolas de videojuegos, las armas más sofisticadas, implantes ...
Celu
(AP)

Ciudad de México

Cuando uno encuentra a una señora obesa conversando despreocupadamente a través de su celular y parada justo en una puerta, en el acceso a unas escaleras o en medio de una calle estrecha no piensa ni por un segundo en la estela de miseria y muerte que deja cada minuto de su banalidad. Claro, la culpa no es de la estorbosa mujer, sino del coltán, del niobio, y sobre todo de quienes pelean a muerte por su explotación.

Se entiende que cualquiera pregunte qué diablos es eso. Se trata de minerales imprescindibles para la fabricación de los teléfonos celulares, pero también de las computadoras, las consolas de videojuegos, las armas más sofisticadas, implantes quirúrgicos, aviones inteligentes, satélites y vehículos espaciales entre otras lindezas de uso frecuente en nuestro agitado tiempo.

Estas tierras prodigiosas se pueden encontrar en Australia, Brasil y Canadá. También en países africanos como el Congo, Ruanda y Etiopía, donde cuestan más o menos la misma sangre que los diamantes y el oro que también se pelean a muerte por allá. Por esas tierras hay en África guerras, golpes de Estado, asesinatos, secuestros, hambre, esclavitud y graves enfermedades derivadas de su manipulación directa sin protección contra las radiaciones que emanan. Y todo para que una señora gorda le pregunte a otra mediante un celular y a media calle: “¿Qué haces?”.

 No por nada casi todos los ricachones de África han hecho su fortuna con negocios relacionados con la minería y los energéticos. Aliko Dangote, el hombre más rico de África según Forbes, vive en Nigeria, tiene 54 años y un capital de más de 10 mil millones de dólares. Muchos lo conocen como El Chico de oro. Entre sus negocios figuran el gas y el petróleo. Está en el paraíso: en buena parte del continente africano basta rascar un poco en el suelo y aparecen oro, diamantes, petróleo, coltán.

En el Congo, una nación con enormes yacimientos de diamantes, 75 por ciento de la población vive por debajo de la línea de la miseria, sin agua, alimentos ni atención médica, según informes de la ONU.

Los observadores parecen optimistas sobre el futuro de un continente cuyo destino ha quedado enganchado a los grandes hallazgos de nuestro tiempo en ciencia y tecnología. Solo que le ha tocado el último vagón de un tren que avanza a toda velocidad contra los intereses y las necesidades de millones de desposeídos.

Si el paraíso fuera de todos no sería paraíso. El año pasado la cantante estadunidense Mariah Carey se tomó la molestia de viajar hasta Angola para presentar su espectáculo ante el dictador José Eduardo dos Santos. Cobró un millón de dólares. El concierto fue organizado por su hija Isabel, la séptima persona más rica de África según Forbes, a la cabeza de una compañía de telefonía celular de su propiedad. Isabel está pendiente de todo y de todos: también es la presidenta de la Cruz Roja angoleña. Claro, eso da mucha tranquilidad…


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa