[Multimedia] Ojos que no ven…

La participación de Owens en la olimpiada de Berlín de 1936, con los nazis en el gobierno, y las cuatro medallas de oro que ganó en diversas pruebas de atletismo echaron por tierra de golpe las ...
Owens
(Cortesía)

Ciudad de México

El recuento de aquellos días no tiene desperdicio, pero habría que ver cómo está planteada la película sobre el atleta estadunidense Jesse Owens, que debiera estar comenzando su filmación con el título de Race, para saber de qué tamaño son sus ambiciones. Como muchas producciones de este tipo, que se emprenden desde una mirada de corto alcance, el desastre podría ser su destino más inmediato. Owens, de hecho, nunca ha encontrado en los medios un escaparate a su medida, ni siquiera cuando lo hicieron retornar a Berlín, a mediados de los sesenta, en el documental televisivo Jesse Owens regresa a Berlín para evocar sus dorados días de gloria olímpica.

La participación de Owens en la olimpiada de Berlín de 1936, con los nazis en el gobierno, y las cuatro medallas de oro que ganó en diversas pruebas de atletismo echaron por tierra de golpe las teorías hitlerianas a propósito de la raza superior. El atleta negro, flacucho y enfermizo, hijo de un esclavo, venía del duro trabajo en los campos de algodón, en una gasolinera y en un hotel como muchacho del servicio cuando se convirtió con sus triunfos en la figura central de una leyenda empeñada en abollar el ideario nazi.

Se ha dicho con frecuencia que Hitler se negó a estrechar su mano en el momento de su premiación y que prefirió abandonar el estadio para evidenciar su enojo. Leni Riefenstahl, la cineasta de Hitler, recogió en su documental Olympia sobre aquellos juegos imágenes del atleta compitiendo, pero no hay registro de las furias de Hitler. Riefenstahl de hecho insiste en sus Memorias en que tal cosa nunca ocurrió. Owens, sin embargo, relataría después cómo a su regreso a Estados Unidos con sus medallas de oro tuvo que volver a viajar en la parte trasera de los autobuses, debió regresar al gueto y nunca fue invitado a la Casa Blanca para recibir las felicitaciones del presidente. Fallecido en 1980 a causa de un cáncer pulmonar, fue siempre una bandera en la lucha contra el racismo mientras lo vivía en carne propia en su país.

Es muy probable que Race nunca cuente la historia de Owens desde su miseria y su segregación. Sin duda el proyecto fílmico que la empresa Disney está preparando también sobre la vida de Owens, aún sin título, le sacará igualmente el bulto a su atribulada existencia para hacer énfasis en cambio en un incierto capítulo de la historia. Walt Disney, el fundador del próspero negocio de los dibujos animados, figuraba por cierto entre los muchos admiradores estadunidenses de Hitler y de Riefenstahl, mientras veía con disgusto cómo crecía el poder económico de los judíos en la industria del cine.

Cuando Hollywood hizo de Glenn Morris uno de sus tarzanes, dejó de lado los candentes amoríos que el atleta vivió en Berlín con la Riefenstahl y sobre todo su modo de celebrar su medalla oro, cuando medio desnudó a la cineasta de Hitler en pleno estadio ante unos 100 mil espectadores atónitos. Y nadie dijo ni pío.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa