[Multimedia] Intriga en Miami

Basta amarrar un par de datos para adentrarse felizmente en los laberintos de una sórdida intriga política que involucra siempre a Fidel Castro.
Fidel Castro
Fidel Castro (Cortesía)

Ciudad de México

Hace unos días los bomberos de Miami recibieron el aviso de que a las puertas del consultorio de un dentista en un barrio exclusivo se encontraba un cadáver calcinado. La noticia que a nadie sorprendió en los tiempos violentos en que vivimos apareció publicada en los diarios locales sin mayores detalles. Lo que sí sorprende es que nadie hubiera tejido con ese dato mínimo una complicada historia de espionaje o de oscuro crimen político ejecutado con la participación estelar de Fidel Castro como autor intelectual. Un thriller turbio, violento y sobre todo muy rebuscado, que pusiera en evidencia la larga mano del viejo líder revolucionario.

Este tipo de historias fascinan a los exiliados cubanos en Miami. Saben que están muy jaladas de los pelos, que son prácticamente absurdas, pero su gusto por lo alambicado termina por imponerse siempre. Basta amarrar un par de datos para adentrarse felizmente en los laberintos de una sórdida intriga política que involucra siempre a Fidel.

Una de estas oscuras intrigas se paseó hace poco por la prensa de Miami con eco en los portales de la disidencia cubana en internet. Revivieron de hecho un añejo asunto tejido originalmente en 1995 a partir del asesinato a tiros de una pareja de exiliados cubanos, Liliam Rosa Morales y Manuel Ramírez, muy cerca de donde fue hallado ahora el reciente cadáver chamuscado.

El abultado expediente periodístico ha consignado que antes de emigrar Ramírez habría participado en los años ochenta en la construcción de diversos proyectos estratégicos del gobierno cubano, entre ellos unos laboratorios de investigación biotecnológica, unas oficinas para Fidel Castro, algunos proyectos militares y hasta la embajada rusa. Una fuente anónima asegura que la ejecución de la pareja fue ordenada por el gobierno cubano, tal vez por el propio Castro, en venganza porque Ramírez había robado dos millones de dólares.

El asesino, que habría recibido a cambio de su trabajo una suerte de licencia para traficar drogas desde Cuba hacia Florida, nunca fue capturado, de manera que la hipótesis no pudo ser corroborada, pero Ramírez, emigrado a Estados Unidos en 1991, estaba en posesión de bienes con valor de más de medio millón de dólares.

Pero el thriller que se echó a andar desde entonces tenía como eje el hecho de que cuando fue asesinado estaba a punto de acudir a una sesión del Congreso estadunidense en la que daría su testimonio a propósito de la capacidad del gobierno cubano para fabricar armas biológicas. Su testimonio serviría para fundamentar las sospechas del gobierno de Estados Unidos sobre la endiablada maldad de Fidel Castro.

Recalentado tal vez para alimentar las paranoias del exilio cubano en Miami, el thriller protagonizado por el difunto Ramírez podría llegar a las pantallas cinematográficas fácilmente. Ahí sus defectos serían virtudes: su aroma intenso a vintage, su evocación de la Guerra Fría, su odio puro y eterno...


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa