Mujeres y violencia

El amor tiene distintos rostros. Ignacio Trejo Fuentes recuerda que la literatura de tema homosexual en México se dio casi de forma clandestina.
"Piel bandida". Josefina Estrada. Cal y Arena. México, 2014.
"Piel bandida". Josefina Estrada. Cal y Arena. México, 2014. (Especial)

México

Si existe una palabra que pudiera definir a este libro es la violencia hacia las mujeres. Las narraciones son el eco de un sistema social en descomposición, reflejan inseguridades y arrebatos que desencadenan instantes de locura y muerte.

Salvador Elizondo reconocía en Ricardo Garibay una capacidad para poder reproducir el habla coloquial de las distintas clases sociales que convergen en la ciudad de México. Josefina Estrada es una atenta lectora y antologadora de la obra de Ricardo Garibay, de quien pudiera haber asimilado esa capacidad para escuchar y reproducir el modo de hablar de las personas. Desde las lúcidas puntualizaciones poéticas y filosóficas vertidas en su Retrato hablado de Rubén Bonifaz Nuño hasta la manera cómo se expresan los jóvenes de clase baja, en Bogotá, han quedado registradas por la autora en un ejercicio de gran fidelidad y detalle en giros de la prosa coloquial.

La narradora opta por dos vertientes: en la primera, describe cautelosamente, se extravía en juegos comparativos para comunicar esa pasión que se derrama cuando dos mujeres se aman en el ejercicio pleno de su libertad. En la segunda, corta cartucho para advertirle al lector que lo que viene enseguida es una descarga dirigida a un punto medular de la conciencia, que vendrá una dosis de injusticia, dolor y desasosiego, acaso como un espejo fiel de la realidad.

El amor tiene distintos rostros. Ignacio Trejo Fuentes recuerda que la literatura de tema homosexual en México se dio casi de forma clandestina. Aunque hubo otros pasajes en donde se abordaba una relación gay; sin embargo, es hasta 1979, propiamente, con la publicación de El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata, en donde se edita una novela con esta temática. En ese mismo tenor, la literatura homosexual escrita por mujeres adquiere, en cierto sentido, carta de naturalización cuando se dio a conocer Amora, de Rosa María Roffiel, en 1989, 10 años después del libro de Luis Zapata. Acaso Amora puede tomarse como un referente dado que varios de estos cuentos tienen como eje central el lesbianismo.

Los asuntos que abordan los relatos tienen que ver con los derechos humanos y la equidad de género. Se habla de mujeres en situación de cárcel, de abuso sexual a niñas, de violencia y maltrato a mujeres, y de la discriminación que se ejerce en las mujeres de la diversidad sexual. Son vidas que se construyen y se destruyen en un instante. Aquí se tejen palabras para dibujar la desesperanza, el olvido, la injusticia, la desigualdad de trato, la misoginia y el machismo exacerbado que impera en la sociedad.