Mujeres haciendo el amor

Todo el mundo tiene a alguien menos yo es una película bajo la dirección de Raúl Fuentes.

Ciudad de México

Me gusta el cine de Julián Hernández. Me gustan las simples historias de amor. Tal vez por eso me ha gustado tanto [i]Todo mundo tiene a alguien menos yo[/i] del novel Raúl Fuentes, un cineasta más en este país que por fin sale del clóset.

Y sale con tacón alto para contar toda clase de historias: las hay taquilleras, las hay fantásticas, las hay de denuncia; importantes y banales. Hace mucho que el cine mexicano no contaba con tanta variedad. Ha llegado la hora de contar la historia de dos mujeres haciendo el amor.

La comparación de Todo mundo tiene a alguien menos yo con el cine de Julián Hernández no es gratuita; tanto Hernández como Fuentes ponen en escena características particulares de la relación homoerótica. Acostumbrados como estamos (al menos en las grandes ciudades) a creer que las parejas gay son solo un tipo de pareja “distinto” (“normal”, pero “distinto”), solemos pasar por alto particularidades que el arte tiene que reflejar. Aquí Fuentes explora los distintivos de un amor romántico por clandestino. Es hermosa la escena en que Alejandra se hace pasar por mamá de su amante. Alejandra enseña a María a ser mujer, a maquillarse y, sobre todo, a volverse la fantasía que maceró en soledad. Si uno piensa que las historias “chica encuentra chica” tienen que estar hechas a base de golpes de teatro, corre el riesgo de aburrirse aquí tanto como en el cine de Julián Hernández. Ambos directores exploran las sutilezas del amor desde el más paradójico de sus bordes. Y es que el amor homosexual es paradójico porque al tiempo que lucha por ser visto como cualquiera, esgrime su diferencia. Después de todo, ¿quién quiere un amor como el de cualquiera?

Al amor homosexual, Fuentes añade la diferencia de edades, de idiosincrasias y un algo de perversión que recuerda a la Lolita de Nabokov. El film, durante la primera parte está contado en forma lineal, pero hacia la mitad comienzan a haber juegos temporales que abren dudas éticas en torno a lo que acabamos de ver. Un acierto.

Hay quien ha visto en el filme de Raúl Fuentes un pretexto para retratar a dos mujeres con el esmero enfebrecido de un voyeur. No encuentro problema en ello. El cine es, también, un arte visual. Todo el mundo tiene a alguien menos yo es una pequeña joya: bien actuada, bien dirigida y muy bien fotografiada. En las sutilezas de este amor tan anormal como todos los grandes amores, hay una única cosa que lamento. Si bien, me parece plausible que la relación se enfoque en dos mujeres y elogio que México salga del closet y comience a contar historias de amor homosexual no exclusivamente masculino, creo que sería interesante que más mujeres contaran historias de mujeres. No se me malinterprete. Fuentes ha hecho una gran película y no hay en ello nada de malo; creo, sin embargo, que el hecho de que se hayan contado tan pocas historias de amor homosexual femenino en México habla de una inequidad que hay que aliviar. Creo, en fin, que hacen falta más mujeres contando historias de mujeres en el cine y la televisión.