Mucha animación y pocas nueces

¿Qué pasaría si esta película no se hubiese contado en animación, sino con actores y en locaciones naturales?
Solo importa la ejecución técnica.
Solo importa la ejecución técnica. (Especial)

México

¿Qué pasa cuando se fuerza a un personaje o acontecimiento a lo que el autor desea por capricho dentro de una estructura cinematográfica? Es cuando se dice que se siente la mano del autor, pero hay veces que esa mano está ennegrecida por los microbios y da como resultado una narración enferma que pierde naturalidad y se vuelve artificial.

Es el caso de Anomalisa, una película de animación para adultos realizada en stop motion, cuyo autor solamente persiste en el hecho de que está trabajando con toda la tecnología a su alcance, con la única intención de impresionar al público sin darse cuenta de que al guión le falta trabajo.

Me centro en los sucesos de la historia que son arbitrarios, que carecen de espontaneidad porque no están urdidos y hacen que el filme avance como Lisa: a tropezones, salidos de la nada. Supuestamente el conflicto principal de Michael es que se siente fuera del mundo, que es incapaz de comunicarse, pero lo que vemos es lo contrario: una ex pareja que abandonó hace 10 años acepta su invitación de inmediato, y Lisa se le entrega como si se tratara de Mariel Hemingway con Woody Allen. Lo peor es que la amiga de Lisa comenta que está muy guapo; el enamoramiento de Michael y Lisa sucede muy fácil, se siente que es arbitrariedad del autor y, además, llega tarde —se pierde tiempo en el vuelo, en el taxi (no tiene importancia que el personaje sea inglés), en la llegada al cuarto del hotel, en verlo orinar y en la situación con la ex pareja—. Todos son acontecimientos que no aportan dramáticamente y solo funcionan para que veamos qué bien está empleada la tecnología en animación.

Anomalisa es una producción que no se preocupa por enganchar al público en la narración visual, pues los personajes dicen lo que les pasa en lugar de verlo; como ejemplo está Lisa, que hace referencia a su anomalidad, pero nunca vemos que se comporte de esa forma.

¿Qué pasaría si esta película no se hubiese contado en animación, sino con actores y en locaciones naturales? Pues el resultado sería más lamentable porque la historia no se sostiene, porque plantea un conflicto que se queda en el esquema, con personajes desdibujados que muy pronto se hacen aburridos y porque, insisto, lo único que importa es la ejecución de la técnica.

El uso de sofisticaciones —en cualquier género— no puede ser pretexto para producir un guión que todavía está muy irregular, sobre todo en la caracterización del personaje; por eso Anomalisa se diluye en mucha animación, pero en pocas nueces.

 

“Anomalisa” (Estados Unidos, 2015), dirigida por Charlie Kaufman y Duke Johnson. Animación.