Disfrutan Moreleando a pesar del calor

El día de ayer se dieron cita los laguneros en el Paseo Morelos de Torreón, para divertirse en compañía de sus amigos y familias, en una tarde llena de música y artistas.

Torreón, Coahuila

Son las siete de la tarde y el sol aún pega duro, las palmas que se enfilan sobre la Morelos apenas y dan sombra a cachos de la casi remodelada avenida. Los caminantes de la 39 edición de Moreleando, a esa hora recién y empiezan a aglomerarse, entre ciertas calles como la Mina y la Galeana se ve la bola.

Los artistas sacan sus instrumentos, afinan voces, abren su caja de gises de un sinfín de colores, montan caballetes, se caracterizan, se escuchan ladridos de cachorros en adopción o de los que fueron sacados a pasear, o bien los transeúntes acalorados se mojan como no queriendo en las fuentes.

Esta edición de la nueva versión del Moreleando, ofreció variados matices artísticos laguneros, en estaciones distribuidas de la Degollado a la Ildefonso Fuentes, donde debido a las remodelaciones se corta de golpe el paso, el resto ya es perfectamente transitable.


En la estación de la Degollado a la Colón se instaló el stand del Tejetón, bajo una carpa donde un grupo sobre todo de mujeres daban forma al estambre para convertirlo en colchas, así como proyecciones de cortometrajes o instalaciones y arte visual del taller de gráfica El Chanate, lo mismo que una banda de música electrónica.

Entre la Colón y Mina, Erón Vargas ofreció su show de mimo. Alrededor de él se hizo un grupo grande de espectadores, de quienes no se despegó la risa ni un rato, con movimientos exagerados y sonidos como de balbuceo el mimo Vargas presentó el performance de un juego de futbol americano, en el que participó prácticamente todo el público.

Cuando el performance se iba quedando atrás de a poco subía el volumen de música gospel, blues o jazz, o la combinación de los tres, en la voz de Valeria Cárdena y la guitarra de Javier Monsivais, a unos metros de ellos música de Led Zeppelin. 

A la esquina de la Plaza Mayor el ensamble de percusiones Mash Ka Wisen, todos de blanco, pegaban con todo al cuero de la percusión, al centro las bailarinas se movían placidas el ritmo de los golpes, parte de su público se dejaba llevar por la sensación de la música del ensamble.

Cerca de ellos, con gis, artistas creaban obras efímeras de personajes del cine o de los dibujos animados.

Cerca del final del recorrido se instaló una mesa de ajedrez donde jóvenes hacían fila para discutirse con las blancas y las negras, el resto veía con atención el juego que al momento se desarrollaba sobre el tablero.