CRÓNICA | POR CECILIA ROJAS

Moreleando, de 400 a 30 mil visitantes en 3 años

El lugar es muy seguro. La gran cantidad de gente que pasea cada primer sábado es un símbolo.

Jorge Ruvalcaba, uno de los ciudadanos que tomó la iniciativa en noviembre del 2012 comentó que lo que se ha generado a raíz de esa acción habla de que el centro ha recobrado vida con los ciudadanos.

Se llena de músicos, de venta de las más diversas sabrosuras, de prendas de vestir, de gente de todas las ideologías y de artistas de verdad.
Se llena de músicos, de venta de las más diversas sabrosuras, de prendas de vestir, de gente de todas las ideologías y de artistas de verdad. (Martín Piña)

Torreón, Coahuila

Fue en noviembre de 2012 cuando un pequeño grupo de ciudadanos decidió tomar por asalto la avenida Morelos de Torreón, que en tiempos de los abuelos, era un lugar dedicado al paseo y la convivencia.

La historia se ha contado muchas veces, pero no está de más recordar que esta fue una respuesta ciudadana contra la inseguridad que a solo durante varios años a la región entera y que dejó a los laguneros a merced de la violencia amparada por la oscuridad.

El primer Moreleando tuvo unas 400 personas, comenta Jorge Ruvalcaba, uno de aquellos ciudadanos que tomó la iniciativa. En este 2015, han alcanzado cifras récord de visitas hasta de 30 mil hombres, mujeres y niños.

"Además de la activación que se ha hecho en comercios y con las iniciativas locales de laguneros que están invirtiendo capitales y patrimonios en la avenida, con 40 negocios nuevos en la Morelos y un poco más de 60 en Distrito Colón, habla de que el centro, a pesar del abandono de las autoridades durante muchos años, ha recobrado vida con los ciudadanos".

Aunque están algunas obras del ayuntamiento que tienen algunas calles cerradas, la gente se ha adaptado a la lluvia, al frío, al calor, a las condiciones de la vialidad, del destrozo y hay que recordar que hasta ellos mismos tuvieron colecta de dinero para poner lámparas, al principio.

La iniciativa llamó la atención en todo México, pero también fuera del país, por su osadía y por que es probable que nadie hubiera imaginado a lo que esto iba a llegar. Y lo que falta.

"La gente ya entendió, ya estamos otra vez involucrados y vienen de forma natural, es muy motivante. Ha sido una buena prueba tener estas obras que han afectado a la avenida y aún así nos sorprende que la gente sigue viniendo. Es importante hacer la distinción entre el proyecto del municipio que impulsan y el ciudadano que tenemos mes por mes desde hace tres años".

Ese es probablemente el secreto de que funcione, que sean mismos ciudadanos quienes tomaron la alternativa para hacer algo, sin saber que, pero que ha funcionado bastante bien.

Agregó que el poner un camellón o concreto estampado no va a hacer que por arte de magia se reactive la actividad económica de una calle y que las políticas de reactivación deben ser integrales.

Incentivos, atractivos y el componente habitacional ampliamente ignorado, están entre los pendientes para que no solo la Morelos, sino todo el centro, se convierta en otro punto nodal de la actividad en la región.

"Hemos escuchado por ahí que algunas personas quieren saludar con sombrero ajeno, pero esto ha sido para ciudadanos y por ciudadanos. Somos gente lagunera que hemos pensado que hace más falta un proyecto integral que obras de relumbrón".

El lugar es muy seguro. La gran cantidad de gente que pasea cada primer sábado es un símbolo. En donde hay personas, hay seguridad, pues más ojos dan más tranquilidad de caminar entre desconocidos sin sentirnos amenazados.

Se llena de músicos, de venta de las más diversas sabrosuras, de prendas de vestir, de gente de todas las ideologías, de artistas de verdad, de artesanías locales hermosas, antigüedades, discos y sobre todo, eso que le dicen buena vibra.

"Gracias a la gente que viene y se identifica con esta iniciativa que ha llamado la atención porque es una acción ciudadana que demuestra que muy poquita gente puede generar un cambio en una ciudad".

El mensaje de Moreleando va en dos direcciones: uno hacia la autoridad, diciéndoles que la sociedad quiere participar, organizarse y estar al pendiente de lo que se hace y se deshace con los impuestos.

La otra parte va para los ciudadanos, en un sentido similar, mostrando que pocos pueden hacer mucho, y que incidir, preguntar e investigar, podría hacer que el país fuera diferente. Que fuera mejor.