Monterrey, a 150 años de haber sido la capital del país

Las condiciones políticas del país entre abril y agosto de 1864, fechas en que los poderes del Ejecutivo residieron en la ciudad, no eran las más favorables: el gobierno central estaba en una ...
El edificio en Morelos y Escobedo fue sede del Poder Ejecutivo Federal.
El edificio en Morelos y Escobedo fue sede del Poder Ejecutivo Federal. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Durante casi cuatro meses, Monterrey fue la sede del gobierno mexicano.

Las condiciones políticas del país entre abril y agosto de 1864, fechas en que los poderes del Ejecutivo residieron en la ciudad, no eran las más favorables: el gobierno central estaba en una severa crisis y se enfrentaba al ejército francés.

Monterrey conmemora durante estas fechas el 150 aniversario de la estadía de Benito Juárez por estas tierras, donde la capital del estado fue la sede de la causa republicana.

Para el historiador Jorge Pedraza Salinas esta es una fecha a recordar especialmente porque los habitantes de aquella época, que no superaban los 30 mil, arroparon la causa juarista durante este periodo.

“Fue una etapa bonita, que pinta a la ciudad y a sus habitantes apoyando a la República a pesar de las ambiciones personales de Vidaurri”, expone Pedraza, autor del libro Juárez en Monterrey.

INICIO DE LA HOSTILIDAD

Benito Juárez García, como presidente de México, había tenido una buena relación con Santiago Vidaurri Valdez, el liberal lampacense que fue gobernador de Nuevo León de 1854 a 1864.

Pero al recrudecerse la hostilidad del ejército francés al invadir la República Mexicana y la conspiración del grupo conservador por convertir a México en una monarquía, la relación Juárez-Vidaurri empezó a quebrarse.

Con un diezmado ejército, Juárez emprendió un viaje por el norte del país, siempre perseguido por las tropas invasoras.

Vidaurri era gobernador de los estados de Nuevo León y Coahuila, por lo que su gobierno siempre contaba con ingresos provenientes de la aduana de Piedras Negras.

El presidente oaxaqueño solicitó en más de una ocasión la parte de esos ingresos que le tocaba a la Presidencia, mientras que el cacique norteño hacía cada vez más enérgico su rechazo.

En abril la comitiva presidencial se dispuso a entrar a la ciudad. Días antes dispuso la separación de Coahuila con Nuevo León, dando un duro golpe al orgullo del entonces gobernador de la entidad.

“(Juárez) habrá de regresar a Monterrey el 3 de abril ya con un ejército más fuerte y Vidaurri sale de Monterrey.

“Durante esos tres meses y medio Juárez vive entre los regiomontanos, donde conoce a personajes como Gonzalitos o Manuel Z. Gómez. Fue bien recibido por los habitantes”, relata Pedraza Salinas.

SU ESTADÍA

El historiador José P. Saldaña relató en su libro Visitas del presidente de la República don Benito Juárez a Monterrey los paseos del líder republicano por la Plaza Zaragoza.

Hablamos de una ciudad pequeña, cuyo límite era la actual calle Cuauhtémoc al poniente y algunas calles más allá de Aramberri al norte. 

Además Monterrey se reponía de la guerra contra los norteamericanos, hace apenas 18 años atrás.

En la calle Morelos, el edificio que se ubica en el cruce con Escobedo fungió como Palacio de Gobierno federal, mientras Juárez estuvo en Monterrey. Este lugar ahora porta una placa alusiva en donde se da constancia de ello.

En su estadía en la ciudad, el presidente Benito Juárez firmó una serie de decretos, uno de ellos relacionado con la enseñanza pública.

“Hay un decreto, por ejemplo, exime de impuestos los libros. En ese tiempo los libros pagaban impuestos pero aquí firmó aquella propuesta buscando de fomentar la cultura”, refiere Jorge Pedraza Salinas, también cronista de Los Herrera.

Otro detalle a considerar es la solicitud de Juárez al sacerdote de la Catedral de Monterrey para que bautizara a su hijo José Antonio, quien nació aquí.

Tras su retiro del estado en agosto de 1864, Benito Juárez lleva consigo a Juan Irueta, a quien conoció en la ciudad y nombraría su chofer personal.

Tal fue su relación, que a la muerte del presidente en 1878 fue el propio Irueta quien condujo el carruaje fúnebre hasta el panteón de San Fernando en la Ciudad de México donde hasta hoy descansan los restos del ex presidente oaxaqueño.