Montaje reflexiona sobre racismo e identidad nacional

Describe los nueve días de encierro en la cárcel en los que estuvo quien fuera conocido como Benemérito de las Américas.
“Retomar la figura de Juárez me centró en mi propio mundo”, dice el director Esteban Castellanos.
“Retomar la figura de Juárez me centró en mi propio mundo”, dice el director Esteban Castellanos. (Especial)

México

Benito antes de Juárez, del dramaturgo Édgar Chías, dirigida y protagonizada por Esteban Castellanos, es una obra que habla de la identidad y el racismo en México. El montaje se presentará los lunes de agosto a las 20:00 horas en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM, en la Ciudad de México.

En entrevista con MILENIO, Castellanos explica que le solicitó a Chías —a quien conoce desde la universidad— que hiciera esta obra como un viaje a la identidad: “Me urgía, por mi historia de vida, hablar sobre el racismo en México. Este es un tema tabú. Vivimos en uno de los países más racistas del mundo”.

Actor de obras como Los niños perdidos y Kame, hame ha, entre otras, comenta que la televisión ha sido uno de los principales espacios racistas en el país. La gente en México lo padece y lo aplica al mismo tiempo. Esta es una nación mestiza que se niega a sí misma, como decía Octavio Paz.

Productor de la compañía El Fénix Producciones, explica que tanto Édgar Chías como él se encontraron con poca información sobre el Benito Juárez joven: “Lo que descubrimos fue a partir de una autobiografía donde escribe que en 1884 estuvo preso, junto con un grupo de indígenas de la sierra sur de Oaxaca, por quejarse de los abusos de un cura. Él tenía 28 años. Acababa de terminar su carrera y ya había sido diputado local por su entidad”.

Lo que se aprecia en la puesta en escena, entonces, es un Juárez joven que había padecido de los abusos de autoridad, por haber denunciado a ese sacerdote, por exponerlo a un proceso judicial, y logrado que le quitaran su fuero. La anécdota de la obra describe los nueve días de encierro en la cárcel en los que estuvo quien fuera conocido como Benemérito de las Américas, menciona Esteban.

En el montaje se aprecian algunas ideas sobre justicia y libertad que Benito Juárez ya tenía arraigadas desde joven: “Esta obra es un ejercicio donde el ex presidente mexicano hace un ensayo de emancipación con los compañer os que permanecen detenidos. En el montaje no se habla de Juárez, se muestra un joven Benito”, destaca.

Para el actor —que en los próximos días hará una lectura dramatizada de la novela Los de abajo, de Mariano Azuela, la cual cumple en 2015 cien años de haberse escrito—, este proyecto está relacionado con la identidad mexicana. Si bien, explica, no es un trabajo autobiográfico, sí retoma valores culturales e identitarios de Oaxaca.

“Siempre viví en la Ciudad de México un poco desarraigado de mi identidad cultural. No sabía quién era. Retomar la figura de Juárez me centró en mi propio mundo, en mis orígenes; me hizo saber de dónde venía. Ese fue el viaje que hice con este proyecto”, dice el director.

Castellanos se identifica más con el Benito joven que con el Juárez presidente: “Sin duda estamos hablando de uno de los personajes más polémicos del país. Precisamente eso lo que lo hace un hombre fascinante. Su vida y obra se sintetiza las dos civilizaciones que hemos heredados los mexicanos: la mesoamericana y la occidental. Él representa ese sincretismo. Por eso es una figura, un mito”.

En la puesta en escena, sin embargo, se intenta desmitificarlo para apelar a su historia, al hombre. Hablar sobre la identidad y racismo fue un buen vehículo, porque es uno de los pasajes de la historia y que no se conoce casi nada. Su condición de indio y la época en la que vivió, le permitieron romper los paradigmas en cuanto a este tema. Se enfrentó al racismo. A pesar de que en su historia no se toca el tema, destaca.

El actor no se identifica con el Juárez presidente: “No quisiera juzgarlo. No me identifico con el político, con el hombre de poder. Es un hombre que respondió a un momento especial de la vida de México. Juárez y los liberales de su tiempo fueron los que introdujeron a los Estados Unidos a nuestro país. A partir de eso, hay contradicciones tremendas porque el expresidente es un personaje fundacional. Requirió de la ayuda de Estados Unidos para implantar una Reforma y vencer a los franceses en su intento de invasión”.